Aleix Sarri nos quiere echar

Este artículo del Washington Post, firmado por Aleix Sarri. Aleix es asesor de Ramón Tremosa.

Lo ha titulado Catalonia’s time has come — and Spain needs to get out of the way. Lo que sucedió a continuación te sorprenderá.

On Friday, President Carles Puigdemont, the democratically elected leader of Catalonia,

Carles Puigdemont se presentó a las elecciones como número 3 por su provincia. Quien de veras se presentaba como “líder” era otro. Por qué el número 3 por su provincia acabó siendo Presidente, esa es otra historia. Y otra diferente es por qué Aleix identifica al número 3 por su provincia como “elected leader of Catalonia”: propaganda.

announced the date of a referendum on independence. On Oct. 1, the people of Catalonia will have the chance to decide whether they wish to become citizens of a new European state.

Las matizaciones a veces pueden ser importantes para contextualizar bien a qué se refiere cada cuál con según qué. El anuncio que alude es el de un referéndum de independencia unilateral. No consensuado ni con la oposición, ni planteado a una fecha lo bastante lejana para permitir un debate igualado o equivalente.

Y luego están esas maravillosas trampas semánticas que lo mismo sirven para enunciar una verdad como ocultar una mentira. Aplaudo con letras fuertes este par de perlas: decide wether they wish to become es todo un circunloquio entretenido para llegar a la conclusión de que todo se basa en expresar deseos de ser algo. Como por ejemplo, ser feliz o citizens of a new European state. Un nuevo estado geográficamente en Europa. Aleix se guarda muy mucho de asegurar que, mágicamente, eso les convertirá en un nuevo estado de la Unión Europea. No le hace falta. El convencido ya sabrá leer entre líneas.

If they vote “yes,” Puigdemont has vowed to move forward to statehood, including launching negotiations to redefine Catalonia’s relations with the European Union and the international community.

Este if they es tan etéreo que puede valer cualquier cifra, por supuesto. Aleix deja claras dos cosas: la primera, que no se siente incluido en ese demos que votará; la segunda, que no importa si son mayoría. Tan sólo necesita que they vote “yes”.

Olvidemos las promesas incumplidas, los dieciocho meses anteriores, las pantallas pasadas, la cantidad de veces que juraron que esta vez sí. Puigdemont ha jurado [vowed] que avanzará hacia la estatalidad [statehood], lo que quiera que signifique eso en su neolengua. Y que sólo necesita que le voten yes algunos. Pero en cualquier caso, esa realidad distinta incluye negociaciones para redefinir las relaciones de la Comunidad catalana con la Unión Europea y la comunidad internacional. Redefinir las relaciones. De nuevo, palabras sin contenido comprometedor. Meras proclamas que parecen más voluntad que certeza.

Esto lo han publicado en el Washington Post. Y éstos lo han colgado tal cual.

Spanish officials have reacted only with threats.

Aleix utilizó Google Translate en esta frase.

If the referendum is held, the government in Madrid has already threatened to retaliate by suspending the autonomy that Catalonia enjoys.

Más Google Translate y Aleix añade la coletilla de la suspensión de la autonomía como un castigo, una venganza [retaliation]. Un mecanismo constitucional vigente, legal y que existe en muchas otras legislaciones, pero ya saben: aplicar una ley es escandaloso y un castigo y una venganza. Bienvenidos al sometimiento de las leyes, majos.

The fact that 80 percent of the citizens of Catalonia, as well as a majority of the members of the Catalan Parliament, have declared their approval of the referendum apparently means nothing to Prime Minister Mariano Rajoy and the Spanish political establishment.

No, Aleix, no significa nada. Means nothing at all. No hay consenso en ese 80% sobre cómo hacer un referéndum. Unos lo quieren pactado a la quebequesa, otros no quieren referéndum sino directamente declaración de independencia. Y algunos quieren este ni chicha ni limoná que os habéis sacado de la chistera. Ni siquiera es una cifra estable -sólo en vuestros discursos y proclamas- y esa mayoría de los miembros del parlamento son una mayoría que no alcanza para hacer reformas estructurales internas.

Por eso no significa nada. At all. Porque es (más) palabrería.

They live in democratic denial.

Me tienes confundido, Aleix. Creí que habíamos quedado ya en que el Estado no era demócrata y es autoritario, que no os quieren y que os persiguen y os censuran. ¿Y ahora me dices que vosotros vivís en negación democrática? Quiero decir, te doy la razón. Creéis que sois mayoría y no lo sois, os llamáis nación milenaria, os blasonáis con héroes de todas partes que bautizáis catalanes, reescribís la Historia para ajustarla a vuestra ideología, queréis imponer vuestra visión a todos los demás por la vía del golpe de estado, queréis que nadie os discuta ni os cuestione ni tampoco os acuse si delinquís o incumplís la ley porque pretendéis hacer lo que os apetezca. A lo mejor querías decir otra cosa, pero así queda mucho mejor.

On 18 separate occasions, the Spanish legislature has refused to allow a referendum or other moves that might accommodate Catalan demands.

Eso, Aleix, machaca ahí. Que en el panfleto de Diplocat que enlazas no aparezcan listados y referenciados los famosos 18 noes no quiere decir que no debas repetir el mantra de Esquerra Republicana (quién te ha visto y quién te ve). Y puesto que vives de la política -y espero que lo bastante bien como para haber ahorrado para cuando te quedes sin trabajo- quizá puedas recordar al respetable que una demand suele venir acompañada de una offer. Aunque, claro, eres catalanista. Sólo sabes pedir.

Consider how differently London reacted to Scots’ desires for a referendum of their own.

Teniendo en cuenta que Escocia es una entidad diferente de Inglaterra, con quien forma una Unión de Reinos que se llama Reino Unido, la reacción de Londres es diferente porque son diferentes. No tanto como tú, Aleix, pero es que no todos pueden ser catalanistas.

The British and Scottish governments talked out their differences, and in 2012 they finally reached the Edinburgh Agreement, which set out the conditions according to which a referendum would take place. No confrontations were needed. The vote took place, and the pro-union side won the day thanks to the strength of its arguments (as well as the fear of uncertainty).

Aleix, que te lías. Que estás dejando claro que fue un referéndum pactado, con dos años de antelación y con las reglas del juego establecidas por ambos. Pues sí que fue una reacción diferente, la escocesa. Y ellos no se andaban con juegos de dobles nacionalidades ni comisiones venecianas ni expulsiones de ciudadanos, ¿dónde te has metido, Aleix?

Over the past five years, by contrast, Madrid has reacted to Catalonia’s entreaties with arrests, threats and intimidation.

Arrestos, amenazas e intimidaciones.

We were aware of Spain’s flaws, of course, but it was still possible to believe that the country was moving toward Western European democratic standards. That assumption is now very much in doubt.

Pero Aleix, es que no somos una democracia occidental. Somos de tonalidades africanas, ya lo decía Juliana. Los estándares democráticos occidentales son cosa vuestra, ya lo sabemos: saltarse las leyes que no interesan, proclamar la desobediencia, plantear golpes de estado, silenciar a la oposición y amenazarles con represalias futuras.

Spain’s responses to the referendum campaign have shown that its judiciary and police apparatus are still directly controlled by the government and bend to its will if needed.

En confianza, Aleix. Usa otro traductor, o mejor, intenta no trasponer discursos. Creo interpretar que hablas de control judicial y policial, ¿te refieres a lo que anunciaba Santiago Vidal? ¿O a lo que dijo el “electo democráticamente” Carles en su última entrevista? Es verdad, es gravísimo.

Instead of seeking compromise as London did with Scotland, Madrid has abandoned any attempt to persuade the Catalans to remain Spanish.

Ah, la persuasión. El convencer y seducir, el hacer una oferta que no se pueda rechazar. ¿Te cuento un secreto, Aleix? Madrid podría persuadir a Barcelona. Mañana mismo. Pero no lo necesita y, si es inteligente, no lo hará. El catalanismo no tiene consistencia, no tiene razones sólidas ni cuenta con apoyos veraces y de peso. Con cada nueva intervención degradáis el movimiento. Os ha ido abandonando la gente válida y os quedan los que viven del invento, los diletantes y los que os sobrevuelan para quedarse con vuestros puestos. Suele no ser buena idea recompensar actitudes como ésta.

On the contrary, Madrid is searching for ways to force the Catalan people to remain in Spain — if need be, against their will.

Qué crueldad, Aleix, secuestrar a millones de personas. Estoy seguro de que este renglón será tomado muy en serio en Washington y nos invadirán para liberaros.

Elpidio Silva, a former Spanish judge testifying to the Catalan Parliament a few weeks ago, put it in terms that many Catalans would agree with: “Spain is behaving like an authoritarian regime.”

Elpidio Silva. En serio.

Madrid has brought many local officials to trial for favoring independence.

Lo gracioso, Aleix, es que hayas escrito esta frase y no seas consciente de lo que significa.

This year, a court banned the former president of Catalonia from holding public office for two years. His offense? Helping to organize a symbolic independence referendum in 2014 in which 2.3 million Catalans took part.

Todo el mundo sabía que los catalanistas se harían las víctimas de sus propios delitos, pero no imaginábamos que seríais capaces de hacer el ridículo también en el extranjero. Aleix, por favor.

Es conmovedor que el 9N ahora se llame “symbolic”, ¿lo sabían los 2.3 millones que votaron? ¿Que participaban en un juego simbólico? ¿Pagasteis dinero para organizar y promocionar un símbolo?

Catalan discontent has much to do with the recent scandal dubbed “Operation Catalonia.”

Risas aparte, Aleix, que el Catalan discontent no se mueve un milímetro sin organizarse desde los mecanismos habituales. Que a algún washingtoniano le podrás vender la moto, pero aquí nos conocemos todos ya. Y no se ha movido nadie, colega. Sólo los implicados. Gordó, para más señas.

One year ago, journalists revealed that the Spanish police were conducting a covert operation to smear Catalan pro-independence politicians.

Y fue un trabajo fantástico, Aleix. Aplaude conmigo. Es una lástima que los catalanistas paguen tantas subvenciones a periódicos que no sirven para hacer el mismo tipo de trabajo. Porque ya sabes qué periodistas destaparon el tema y de dónde venían, ¿no?

Their newspaper published the text and audio of a conversation in which Jorge Fernández Díaz, who served as Spain’s interior minister between 2011 and 2016, discussed a dirty-tricks campaign to discredit the referendum movement. He spoke of manipulating prosecutors, collecting false information about Catalan leaders, and generally using the Spanish police and the judiciary system to undermine the Catalan independence process — all this in tacit cooperation with Madrid-based newspapers.

¿Recuerdas qué pasó entonces, Aleix? Que hubo una Comisión de Investigación en el Congreso. Todo el mundo tuvo la oportunidad de pedir explicaciones y hubo ceses y dimisiones. Es decir, hubo un castigo, una retaliation. Pero esto no es una democracia y tal. Acusan y juzgan a otros porque cual.

Y ya que estás, aprovecha para desdeñar los casos de corrupción sacados últimamente como fake news, que eso vende mucho y está de moda.

Lo mejor es la puntillita esa de acusar a los Madrid-based newspapers de “cooperación tácita”. Menos los que publican cosas de la Operación. Y los que equidistan con peticiones de cesiones y negociaciones. Pero todos a la vez, amigo, ya sabes de qué manera.

Rajoy, the prime minister, appears to have been fully informed. According to a report by the newspaper Público, the campaign was coordinated by his chief of staff, Jorge Moragas. (Needless to say, Rajoy and his colleagues have strenuously denied any involvement in the case.)

Pero tú que eres listo y has estudiao sabes la verdad, Aleix. Y por eso la escribes en un artículo en el Post, por si alguien más se da cuenta. El problema es que hay tanta gente con ganas de echar a Rajoy (hoy mismo, por ejemplo) que parece mentira que todavía nadie haya podido probar este escándalo. Quizá es que no haya escándalo. Dale una pensada.

Operation Catalonia succeeded in spreading disinformation to the press and the public. In 2014, the newspaper El Mundo accused Xavier Trias, the pro-independence mayor of Barcelona, of having a bank account in Switzerland. Just a few days later, the bank in question declared that the information was false, but the story still poisoned the political climate enough that Trias’s opponent was able to win the mayoral election a few months later in May 2015 with the help of this bit of fake news. In time since then, Spain’s public prosecutors have done nothing to punish the people who participated in this campaign against elected politicians. There is a growing conviction in Barcelona that Spain looks less like a democracy than a state still mired in the legacy of Franco-style authoritarianism.

Reductio ad Francorum. Ya tardabas, pillastre.

In the coming weeks and months, Spain must decide if it wants to act like a mature and liberal European state or one that continues to hold the sacred unity of the state higher than the rule of law and democracy.

Más de lo mismo. Que lo tuyo te parezca impecable puedo llegar a comprenderlo, Aleix. A fin de cuentas no te vas a reconocer como algo que pudiera pasar por negativo. Pero haznos un favor y trata de no hacernos creer que los demás deberíamos ser como tú, amigo. Que no eres ningún ejemplo a seguir.

The European Union and the world cannot ignore these failures of the rule of law in Spain. Like Scotland, Catalonia is a pro-European nation. The Catalan referendum offers an opportunity for Europe to make clear to the world that, in the 21st century, votes are more important than old borders created through wars or royal marriages.

De hecho, no lo hacen. Por eso tienes que molestarte en traducir un mitin al inglés y mandarlo al Washington Post. No sé si te has dado una vuelta últimamente por la opinión internacional.

Quizá es que estás un poco out of the way.

El manifiesto que leyó Josep Guardiola

Desgrano el contenido del manifiesto, sacado de una fuente partidaria. Lo leyó Josep Guardiola, ilustre ex-jugador y entrenador. Un vocinglero que difunde la palabra y que es cáscara vacía con altavoz, pura pose diletante y spleen ávido de épicas que no verá, absoluto oportunismo de quien tiene la vida resuelta y les pide a otros que arriesguen las suyas. Nunca me cayó bien. Ni como jugador ni mucho menos como entrenador.

Dicho esto. Como a todo deportista profesional -como a cualquier persona, de hecho-, no se le exige un compromiso diferente que a lo que le da de comer ni tiene por qué dar explicaciones de sus ideas o sus ideales. Guardiola puede ser todo lo independentista que desee ser. Puede hacer declaraciones estrambóticas que a otros les parezcan muy cabales y aplaudirlas, dar la callada en otros aspectos que podrían resultar más polémicos (o no hacerlo) y mantener esa impresión como de estar hecho a base de retales ficticios en los que no hay detrás sino nada. Puede desear ser utilizado por el secesionismo -aunque dé vergüenza ajena en ocasiones– o incluso encabezar sus causas si le da por ello, y sin que eso suponga una especial inquina por haber jugado casi cincuenta veces con la selección española. Allá él. Como ciudadano libre de un país libre, tiene derecho a todo esto.

Sólo que él declara no ser un ciudadano libre ni proceder de un país libre.

‘La única respuesta posible: votar’

El título ya chirría. En los últimos tiempos asistimos y consentimos con demasiada facilidad el solipsismo “único”. Es fascinante esa querencia por hablar de únicas soluciones, únicas respuestas, únicas salidas. Da igual que haya cientos de matices, decenas de posibles interpretaciones o infinidad de opciones diversas, opinadores aficionados y de alquier por igual transcriben “único” queriendo decir “por mis cojones”. Cuando el cojonismo alcanza niveles de este calibre, uno termina por preguntarse dónde queda el límite y de qué sirven las palabras, si el significado que se les da es el de simples muletillas con los que continuar una frase. Pero respuesta única, dicen.

Votar. Es el mantra preferido, un hito en el camino, una verdad indiscutible e inmarcesible. Cómo vamos a oponernos a votar. En qué cabeza cabría impedir la posibilidad de voto, la expresión de la voluntad individual en un demos colectivo. En España hay miedo a votar, dicen. Porque no participamos -votando a toda clase de partidos- en el juego democrático en 4 niveles (local, autonómico, estatal y europeo). O sí, pero no importa. Tampoco podemos saltarnos la dialéctica de partidos y proponer Iniciativas Legislativas Populares para que sean debatidas y sometidas al juego de mayorías para crear leyes. O sí, pero es irrelevante. Porque al catalanismo ni le interesa el voto (que no tiene) ni plantear iniciativas (que no ganaría). Quiere la influencia que no se merece. Pretende el reconocimiento de sus delirios sin réplica.

Hoy estamos aquí para dejar bien claro que el próximo 1 de octubre votaremos en un referéndum para decidir nuestro futuro. Votaremos aunque el Estado español no lo quiera.

Para dejar bien claro. Esta vez sí. No como las veces anteriores. Esas eran de prueba. El referéndum para decidir su futuro lo hacen cada cuatro años, aproximadamente, pero el catalanismo no se refiere a eso. Se refiere a ejercer un derecho de autodeterminación que no tienen, a dictar una secesión que no pueden declarar, a establecer unas fronteras que no sabrían dónde empezar a construir. Por eso el Estado español no quiere. Porque no hay ninguna garantía, ni reglas de juego, ni condiciones previas, ni baremos para medir resultados, ni nada. Tan sólo lo mismo de siempre, parole.

Ni siquiera menciono la Constitución y sus costuras. Es innecesario, puesto que aun en el supuesto de que autorizara un referéndum de secesión, no sería al modo en que pretenden realizarlo los catalanistas. Pero esto no les interesa.

Lo hemos intentado acordar este referéndum hasta 18 veces y la respuesta siempre ha sido No, ignorando el apoyo del 80% de la población y despreciando la rotunda mayoría con lq que cuenta al Parlament. No tenemos otra salida. La única respuesta es votar.

Errores sintácticos y gramaticales aparte, que evidencian que no son capaces ni de redactar una declaración solemne como es debido, el catalanismo se aferra a “intentos” por “acordar” un “referéndum” hasta “18 veces”. En el lenguaje catalanista, “intentos por acordar” se entiende como el forzar al otro a aceptar sus premisas y condiciones, la fecha y la pregunta y las respuestas y el quórum y cualquier mínimo detalle. Cualquier cosa diferente a una adhesión fue vista como un “No”. Lo de las dieciocho veces -escrito en numeral- es un adagio de Esquerra Republicana que nadie se ha molestado en corroborar, aunque muchos medios lo publicaron con alegría. Porque así es como se impone un discurso.

El Estado ignora el apoyo del 80% de la población. De los cuales el 40% es declaradamente secesionista. Esos son muchos, gustan de decir los melindrosos. Son muchos, aunque menos de los que quisieran. Y es un problema, efectivamente. Pero no para el pretendido Estado autoritario, que ni gasta energías en alentarlos ni dinero en mantenerlos, sino para quienes ese porcentaje de voluntariosos siguen sin ser suficientes para pasar de “muchos” a “mayoría”, cuanto más cualificada, más definitiva. Por eso en el texto han incluido a aquellos que aceptarían votar un referéndum en condiciones legales y pactadas, cosa que ni está sucediendo ni pretenden que suceda. Por lo que nadie está ignorando al 80% de la población, sino en todo caso a la minoría que quiere hacer las cosas a su modo y manera. Pero eso no queda igual de bien, claro.

La “rotunda mayoría” se refiere a esos 72 escaños de 135 con que cuenta el irredentismo a día de hoy. Mayoría absoluta, sí. Insuficiente hasta para cambiar sus reglas internas, también. Pero rotunda, ya saben, al modo catalanista de contarse.

Y por eso no tienen otra salida. Porque no pueden admitir la derrota, que no son suficientes, que no llegan, que se quedaron cortos, que no pueden convencer a más. Que se quedaron por el camino y algunos pagarán un precio muy alto haberse subido a este carro. Por eso su única respuesta es “votar”. Provocar esa reacción del Estado que no llega, los tanques, la agresión, el choque de trenes. El impulso final que por sí mismos no pueden conseguir.

Los catalanes hoy somos víctimas de un Estado que ha puesto en marcha una persecución política impropia de una democracia en la Europa del siglo XXI.

“Víctima” es la palabra nuclear de todo este sinsentido de texto. Y esta frase añade más sinsentidos porque:

  • Incluye a todos “los catalanes” en el victimario. Incluso los que no son independentistas. Incluso los que son miembros de ese Estado persecutor.
  • Llama “persecución política” a la discrepancia y a castigar (con deliberada mesura) al que comete delitos, sin importar origen ni condición.
  • Cataloga como “impropia de una democracia en la Europa del siglo XXI” un Estado de Derecho garantista y sometido a tribunales superiores, tanto europeos como internacionales. Que no se han pronunciado en ningún caso alertando de esa impropiedad o mostrando preocupación por una posible deriva impropia. Nada.

Un ministro del Interior que conspira para destruir la sanidad, unidades de policía política que elaboran pruebas falsas contra nuestros gobernantes, inhabilitación y persecución judicial contra el presidente de la Generalitat para poner las urnas.

Un ministro del Interior -catalán- que conspira (¡conspira!) “para destruir la [S]anidad”. Cómo se les queda el cuerpo. La Ministra de Sanidad -también catalana- seguro que se ha vuelto también independentista. Si tienen interés en saber a qué se refería el ventrílocuo de Guardiola cuando dijo estas palabras, aquí podrán entreverlo. El autor, que lleva años persiguiendo el tema, es de Podemos.

La policía política que elabora pruebas falsas contra sus gobernantes. Porque por qué no. Ninguno ha robado dinero ni ha cobrado comisiones ni se ha quedado con lo que no le corresponde. No ha existido nepotismo, ni cochecho, ni tráfico de influencias, ni prevaricación ni amaño de contratos ni falsificación de cuentas ni financiación ilegal ni enriquecimiento ilícito ni alzamiento de bienes. No hay ni ha habido corrupción, todo es una elaboración de la policía política del Estado.

Todos conocemos los intentos para acabar con el modelo de escuela catalana, pilar de la cohesión social. Y del bloqueo de las inversiones en nuestras infraestructuras, como los puertos, el aeropuerto o los trenes…

Ah, el modelo de éxito y la cohesión social. Significantes vacíos que este mismo texto tan mal construido y escrito confirma como tales. Un modelo tan de éxito que no tiene réplica en ningún lugar del mundo. Que nadie se pregunte cómo es posible. Olvidemos los informes de la UNESCO y cualquier argumento racional. Ideología, ideología, ideología. Esa es la única cohesión social que quieren y pretenden.

También incluyen un bloqueo de inversiones en “nuestras infraestructuras”. Llevan cinco años diciendo que se van y quieren irse y al mismo tiempo que les paguemos la fiesta. Que les construyamos un corredor mediterráneo y ampliemos terminales. Pero es que además es falso. Un Gobierno no puede bloquear inversiones sin cometer un delito. Eso sería prevaricar, y el lugar idóneo para denunciarlo es el Juzgado, no un mitin. A menos que no sea cierto. Pero esto tampoco se lo pregunta nadie.

Hoy el Estado español persigue incluso el debate político. Una amenaza extensible a todos los demócratas: al Govern, al Parlament, a su presidencia y a su mesa. Incluso, a la función pública y a nuestros empresarios que se ven presionados por la fiscalía y la policía judicial. Es inédito y democráticamente insostenible.

“El Estado persigue el debate político”. Inaudito. Aparentemente no existen medios de comunicación (nada subvencionados; igual que los del Estado), partidos políticos ni grupos de presión (tampoco subvencionados) en la Comunidad catalana que planteen ideas independentistas sin que el Estado les persiga o les censure. Debe de haber muchas sentencias judiciales en las bases de datos detallando esas persecuciones y censuras.

Y esa es una amenaza “extensible a todos los demócratas”. Pero acota ese “todos” al gobierno autonómico, el parlamento autonómico, la presidencia autonómica y la mesa autonómica. Desconozco qué somos todos los demás. Por exclusión, tal vez no demócratas. Es lo que ocurre cuando no sabes escribir.

Por supuesto, el Estado amenaza a la función pública. Santiago Vidal era EstadoLluis Llach es Estado. Ellos no lo sabían, claro, pero lo son en tanto representantes del Estado como parlamentarios por Cataluña. Por eso el manifiesto se hace eco de estas amenazas.

“Sus” empresarios se ven presionados por la [F]iscalía y la policía judicial. Pregúntense a cuento de qué va una Fiscalía a “presionar” a unos empresarios cualesquiera, y qué posibilidad de intervención podría tener una policía judicial en ello. Como es una denuncia al aire, no tengo datos concretos que valorar. Hago una búsqueda genérica. Los resultados son descorazonadores. Aparentemente, es “inédito y democráticamente insostenible” que una Fiscalía investigue como colaboradores de un delito de prevaricación a empresas proveedoras de servicios que sabían que estaban colaborando en la comisión de un delito de prevaricación. Es, sin duda, inédito en el mundo.

Este escándalo político solamente se revierte con más democracia. Por eso pedimos a la comunidad internacional que nos ayude. Apelamos a todos los demócratas de Europa y del mundo a hacernos lado en la defensa de los derechos hoy amenazados en Catalunya como el derecho a la libertad de expresión política y el derecho al voto. A hacer frente a los abusos de un estado autoritario.

El mundo les mira, decían. Pero no lo suficiente como para advertir el “escándalo político” que es mantener la seguridad jurídica y la integridad de un Estado. Sin duda, no tardarán esos “todos los demócratas de Europa y del mundo” que no son el Estado español a “hacerse lado” [catalanada sin traducción, similar a apoyar] esa defensa de esos derechos amenazados. Porque recuerden, señores de Europa y del mundo, que los catalanes no tienen derecho a expresarse ni tampoco tienen derecho al voto. Se los arrebatamos, fieles a la tradición de abusos de un “[E]stado autoritario”, sin que nadie se diera cuenta y a pesar de estar bien vigilados desde Bruselas, Estrasburgo, La Haya y Lausana.

Los catalanes votaremos este 1 de octubre, y cuando el Govern de Catalunya cumpla con el mandato democrático no estará solo.

En otro momento, quizá, hable de esa enfermiza obsesión por solemnizar los nombres de las instituciones catalanas en catalán cuando se expresan en castellano. Ideología de nuevo que algunos medios ya recogían de siempre y otros empiezan a adquirir.

Acerca del significante vacío “mandato democrático” otros mejores que yo han escrito largo y tendido sobre el asunto y no añadiré más.

Además, de la mayoría democrática del Parlament, el Govern tiene que saber que todos y cada uno de nosotros estaremos en su lado.

Una falta de puntuación seguida de una gramatical y dos semánticas. No está mal para quienes se dicen que el castellano se aprende muy bien por la tele. Y estos son los adultos. Cómo lo harán los niños.

Ahora que la voz de la democracia quiere ser secuestrada, más que nunca acudiremos a las urnas y defenderemos con todas nuestras fuerzas la democracia y nuestros representantes. Estamos comprometidos. ¡No fallaremos!

Falacias victimistas al margen, sin las que no sabrían mantener este invento más allá del supremacismo y el etnicismo que tan mala prensa tienen, hay algo seguro. Ellos no fallarán, no me cabe duda. Muchos modos de vida dependen de ello y con el dinero no se juega. Lo que fallará, y serán ellos mismos quienes lo vean cuando toque, es el suelo argumental que pisan y el entramado que lo sostenía.

Porque este discurso lo leyó Josep Guardiola.