Categoría: Geopolitics

100.000 millones de truenos

La parvada de la semana viene aderezada con 100.000 millones de euros y esa extraña picazón de tener algo metido en el culo sin saber si podrás sacarlo.
Porque sí, damas y caballeros, al final lo que tuvo que pasar pasó y fuese y no hubo nada. Ni algaradas en las calles ni llanto y rechinar de dientes: jugaba España, jugaba Nadal y corría Alonso. Casi nada.
Pero tampoco es cosa de hacerse mucha sangre. Siempre he pensado que los que ven en el fútbol un opio del pueblo sólo son frustrados que no cogieron en el Real Madrid a su debido tiempo. Lo que me pita hoy los oídos son esas 100.000 millones de razones para creer que nos han vuelto a engañar.

No, verán, no es que piense que esa intervención sea maliciosa. A fin de cuentas sólo habrá que devolver 103.000 millones dentro de 30 años: es lo que viene siendo un chollo razonable. Lo que me inflama un testículo es para quiénes van, íntegros, todos esos miles de millones que son muchos y qué pasará luego con ellos. ¿Quieren saber qué pasará luego? No, no quieren. Pero se lo contaré igual.

Pasará que recibirán esa pasta, la usarán para tapar los agujeros siderales que tienen y harán como si no hubiera pasado nada. Mientras tanto, el Gobierno nos subirá los impuestos todo lo posible para reunir 103.000 millones en treinta años, recortará de donde se pueda recortar sin tocar lo que hay que tocar (¿17 autonomías? ¿En serio?) y todos lo pasaremos un poquito mal. ¿Todos?

Por estas fechas cada año los bancos suelen presentar sus resultados anuales. Beneficios récord habituales salvo estos últimos años de crujir de huesos, pelillos a la mar (100.000 millones para ser exactos) porque a partir de ahora presentarán otra vez beneficios récord año a año.
_Bueno, pero esos beneficios irán para pagar la deuda acumulada, ¿no? Es decir, esos 103.000 millones que parecen poca cosa cuando lo dices en voz alta.
¿Verdad que sería hermoso? ¿Verdad que parecería lo justo? Pues tomémonos una tila gorda porque no será así. Todos esos jugosos beneficios milmillonarios son para pagar los bonuses y los dividendos y las prebendas y lo que ronde la morena que no haya rondado aún. Ni un pavo para esa deuda que pidieron deprisa y corriendo porque “no se puede dejar caer a la banca”. ¿Alguien sabe con certeza por qué no se puede dejar caer al gordo seboso del banco?

Átense esos machos, que vienen fuertes
De acuerdo, suprimamos del discurso la demagogia de saldo y el populismo de tasca. Hemos encadenado dos gobiernos inútiles, que prometieron mucho e hicieron más bien lo contrario, que dan la constante sensación de ir detrás de algo o alguien que les mueve a su antojo. Uno era abogado y el otro registrador de la propiedad. Ambos más inútiles que el fontanero Guerra, perfiles provincianos que morirían antes de decir las verdades de Agamenón o su porquero: que estábamos jodidos y lo seguiremos estando. Y encima pagan muchos miles a asesores de comunicación. Viva y bravo.

Y puesto que renunciamos a la demagogia, también debemos entender que el sistema financiero se ha convertido en la espina dorsal del mundo. No me miren así, lo decidimos entre todos cuando oímos las palabras ‘crecimiento exponencial’ y ‘dividendo’ y ‘especulación’ y permitimos que:
a. El sistema financiero pagara a los partidos políticos para hacer sus campañas
b. Los partidos políticos metieran a políticos en el sistema financiero
c. El sistema financiero, además, puede jugar con otros sistemas financieros a ver quién la tiene más gorda (y apuestan en contra)
d. Y, además, dan dinero.
¿Cómo dejar caer a un amigo, a un hermano? ¿De qué modo nos permitiríamos volver al siglo XIX o, peor aún, al XVIII, con lo polvorientas que son las pelucas y lo antihigiénico que es el rapé? Porque esa es la tuerta realidad, mesdames et messieurs: sin sistema financiero volvemos a la esclavitud, las colonias y el imperialismo racista. ¿Ah, que no? Pues lo parece a juzgar por el pánico que sienten algunos cuando las cosas parecen torcerse un poco
Pero es que es todavía más cruel: de caer el sistema financiero volveríamos al siglo V. El quinto Antes de Cristo.

Permítanme un pequeño juego de política-ficción para explicarme: supongamos que mañana sale Draghi (LOGSE: el tipo que manda en la fábrica de pasta de Uropa) y dice eso de “el sistema financiero europeo ha caído. Entre todos lo mataron y él solito se murió”. Pasarían estas cosas:
Eins. El sistema financiero asiático se derrumba. India e Indonesia, muy dependientes de las exportaciones e importaciones, se ven sin (más) dinero y entran en barrena, lo que además añade salsa curry picante de cojones en Cachemira y Bangladés, por no mencionar las tensiones nacionalistas en Sumatra. Guerras uno y dos fuera.
Zwei.. El sistema financiero japonés se hace seppuku y muere con honor. Con él se marcha el surcoreano, que no puede él solito con todo. Euforia en “los mercados” árabes y norteamericanos que, oliéndose la tostada, habían apostado en contra de Japón. Corea del Norte invade Seúl, apoyado por China. Guerra Tres released.
Drei. El sistema financiero norteamericano se gripa, mucho. No hay dinero para pagar esos pluses de inversores más pendientes de porcentajes para sí mismos que de humanidad para los demás (esto es realismo, no populismo). Y no lo hay porque para eso deberían existir sistemas financieros en, al menos, Europa o Asia. Y China tiene muchas cosas y muy baratas, pero no billetes suficientes y aparte está en guerra con USA por lo de Corea II. Guerra Tres acaba siendo Guerra Mundial Tres.
Vier. Los árabes, que tienen mucho petróleo y pocos gastos, son los únicos que tienen pasta. Pero como ya eran dueños de medio mundo no les sabe demasiado a gloria comprarse el otro medio. El único problema para ellos es que hay un fünf muy feo y con siete brazos.
Fünf. Israel les declara la guerra a todos ellos. Otra vez. Con el ambiente que se respira, para ellos no hay nada más apetecible que quedarse con todos los países productores de petróleo de los alrededores, que son unos cuántos (países y productores). Guerras Cuatro, Cinco y Seis a la espera.
Sechs. Esto es seis en alemán y se pronuncia sex.
Sieben. Europa regresa a sus orígenes: los estados nacionales han fallado. Los primeros intentos por declarar independencias regionales fracasan con la promulgación de las ciudades-estado, mucho más sostenibles por requerir muchos menos gastos, pero la amalgama entre unos y otros promete un caos divertido y estimulante para matarnos unos a otros con saña y mala baba. Jumilla vuelve a ser nación.

¿Cómo, que les suena demasiado utópico y tremendista? Deberían consultar por qué empezó la Primera Guerra Mundial. Y la Segunda. O cómo se formaron los estados actuales. O comprobar que la Ley del Péndulo es inexorable y el gobierno mundial (la aspiración de las élites pensantes y mercantes) cada vez pinta más raro: ese era un extremo del péndulo y llevamos un siglo yendo hacia él, pero la inercia se agota y tira hacia el lado contrario.
¿Qué ven más probable, queridos? ¿Un gobierno único en Pekín? ¿O que cada perro acaba lamiéndose su cipote como buenamente pueda?
_¡Impensable, impensable!
Entonces la solución pasa por no dejar caer a la banca. Y por eso los 100.000 millones para la banca que nadie tiene que devolver.

Mucho menos, la banca.

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Otra verdad tuerta

Se le atribuye a Julio César (LOGSE: un romano bisexual que odiaba a los franceses) haber repudiado a su mujer Pompeya por no parecer honesta, aún siéndolo. Si Julio César viviera hoy en día sería un político norteamericano, para quien la apariencia es más importante que la experiencia, o sería un moderno daimyō japonés capaz de dejarse las tripas colgando por llegar tarde a una cita. No lo sabremos.
Lo que sí sabemos es que César sí dijo que los españoles vivimos bien bebiendo. Y también que, de vivir J.C. hoy en día, no sería español. Ni miajita.
Porque en el país de los 500.000 políticos, el tuerto brilla por su ausencia si no es para contarnos lo que queremos oír. Como que hay 500.000 políticos en España. Ya nos gustaría a nosotros que hubiera tantos a los que maldecir: no se tardaría en montar cadalsos en cada esquina. Pero no los hay. Aunque a veces lo parezca.
La verdad tuerta es que quisimos ver a medio millón de aprovechados viviendo a nuestra costa, un número tan inflado y grotesco que justificara la deuda, la crisis, la aparentemente imposible solución del problema de golpe y, desde luego, una bonita revolución. La otra verdad, la buena, arroja una cifra que sigue siendo escandalosa, pero no llama tanto la atención. No diré el número para no sonrojar. Pero tiene 6 cifras.

Otra torticería son las reformas y ajustes. Verán, damas y caballeros, el lenguaje es poderoso. Las palabras significan cosas. Expresan una representación mental a través de sonidos comprensibles, cuando puedes comprenderlos.

Una reforma es arreglar algo que ya existe, normalmente para mejorarlo. Las reformas políticas son otra cosa: es poner lo que interesa en la coyuntura del momento y que sea otro en el futuro el que se encargue de arreglarlo si es que le interesa. Probablemente, uno del mismo partido cuando se acerquen las elecciones. Ahora toca decir que el IVA que soportamos es uno de los más bajos de Europa y que eso no puede ser.
Y es que eso no puede ser porque no hay dinero. Porque durante años nuestros mandamases nos amorcillaron con paletadas de billetes en forma de aeropuertos provinciales, centros culturales en cada pueblo y todos los kilómetros de carretera o vía que pudieran soñar. Aquello nos salía ya caro, pero es que además por el camino había muchos controles para aligerar el bolsillo: que si ahora los costes de construcción se duplican, triplican o cuadruplican sin venir a cuento, que si es que la licencia no la van a dar si al alcalde no le pagan un viaje al Caribe o que si el Ministro quiere moverse en helicóptero y no hay quién le quite la ilusión al pobre, o que mi sobrino copió tres páginas de internet y eso podría valer como informe, a millón la hoja.
Un día unos ninjas reventaron la alegre diversión de vivir del crédito y todos esos castillos en el aire cayeron al mismo tiempo. Todos se pillaron las manos con el fondo vacío de la caja. Pero ninguno tendría los huevos de admitir que se pasó con los presupuestos. No, damas y caballeros, aquí la vergüenza torera se lleva hasta la tumba.
Pero tampoco los iba a tener para cargar con el peso del muerto que él mismo liquidó. ¿Para qué, habiendo otros que puedan llevarse la peor parte? Así que nada de bajarse sueldos estratosféricos y completamente alejados de la realidad, nada de suprimir pensiones vitalicias del 100% por haberse pasado a veces por el Congreso a votar lo que te dicen desde arriba que tenías que votar (¡hijos de la gran fruta, que ni siquiera ibais a trabajar!), nada de exigirse más a ellos mismos a unos estándares más acordes con lo que cabría esperarse de ellos. Ni hablar: aquí no dimite nadie y ni pensemos lo de quitarnos privilegios, con lo que cuesta mezclarse de nuevo con la chusma. Así que seguiremos teniendo 17 autonosuyas con sus 17 parlamentos y sus 17 de todo para gastar 17 veces más. Y 52 diputaciones provinciales, y 26 canales de televisión autonómicos, y miles y miles de empresas públicas donde colocar a los más inútiles y ocupar edificios públicos para que nadie pueda quedárselos, que eso de regalar palacios sólo está bien para gente como la SGAE. Pero luego es a usted al que le piden que pague. Y paga. Y calla. Porque su verdad tuerta le impide ver más allá de lo que el peso de la responsabilidad le permite: que le están tomando el pelo.

Un ajuste es calibrar algo medible hasta hacerlo funcionar como debe. Calibrar implica movimientos precisos. Precisión es algo de lo que adolece cualquier político español. Otra verdad tuerta, queridos: nadie se dedica a la política pudiendo dedicarse a cosas mejores. ¿Idealismo? De talonario. ¿Ideología? De alquiler. ¿Democracia? Cerrada y atrancada con triple cerrojo. Así cualquiera se afilia al partido que tenga más cerca de casa, que sólo los que han echado de todas partes acaban allí. ¿Los mejores? No me hagan llorar, se lo suplico, que esta página se llama El Sinarquista y el sinarquismo no es sino el gobierno de los mejores. En los últimos diez años, ¿conocen a algún ministro que fuera considerado el mejor en lo suyo? En los últimos veinte, ¿conocen a algún presidente famoso por sus capacidades contrastadas de saber gobernar un país entero? ¿Que hablara inglés al menos? En los últimos doscientos años, ¿hemos dejado de tener caciques?
Ellos nos hablan con pavor y terror y rechino de dientes de la intervención de una troika formada por cuadriculados alemanes. Nos advierten de lo difíciles que se nos pondrían las cosas si ellos llegaran a hacerse con el control del gobierno.
Si el fin último de todo gobierno es la eficaz administración a fin de obtener el mayor provecho económico y rentabilidad social, ¿por qué no dejar que sean los alemanes quienes lo hagan? Han demostrado que saben hacerlo.
Porque la verdad es tuerta: sólo vemos aquello que queremos ver. La gran mayoría de los cargos públicos no tienen nada mejor que hacer que sentarse en sus poltronas y ver pasar el tiempo a través de la ventana. Si llegan los alemanes con las escobas, se acabó el chollo y a pedir al metro o al amigo que le debe favores.
Y entonces tirarán de agenda y cobrarán favores, y las noticias bullirán sobre lo terrible que resulta disolver autonomías infladas a golpe de aldeanismo, del golpe definitivo a la convivencia milenaria por un invento de hace 30 años. Porque, ¿recuerdan los libros de historia? Ya nos soportábamos hace cien años sin autonomías. Y hace doscientos. Y hace mil años, cuando los visigodos. Y hace dos mil, cuando Julio César.
Pero somos tuertos, damas y caballeros. No queremos ver nada que no encaje con nuestras ideas preconcebidas y tenemos preconcebido que no tener autonomías es ser un dictador enano y con bigote que habla con acento de Ferrol. Y tenemos preconcebido que los manchegos dejarán de ser manchegos y los catalanes dejarán de ser catalanes porque sin autonomías no somos nada. Que, en todo caso, nuestras ideas preconcebidas prefieren que nos liemos todos a tiros o acabemos siendo 17 países jugando una liga internacional de fútbol. Y olvidémonos de ganar otro Mundial.

Si total, siempre gana Alemania.

Profecia autocumplida

Se dice que una profecía (LOGSE: decir algo que va a pasar más tarde) basada en fundamentos realistas puede llevar a un cambio de actitud que termine por convertir en realidad lo que hasta entonces sólo fue teoría, desembocando en el cumplimiento de la profecía.

A Aquiles le profetizan que si va a la guerra de Troya no verá crecer a su hijo pero será recordado por generaciones. Algo así como decir “chato, si vas y lo das todo serás el amo pero morirás allí”. Y guerreó, claro. Y fue el amo, claro. Y murió, claro. Pero no murió porque una profecía lo había impuesto. Murió porque estaba el primero en todas las batallas, quería matar a los peces más gordos y desafió a todo el que se le puso tonto. Quizá conocer esa profecía por su propia madre influyó algo en su ánimo.

Paul Krugman, nóbel de Economía en 2008, profetiza que Grecia saldrá del euro y que España será un corralito a la argentina, y eso sólo para empezar. Al margen de su verdadera capacidad para hacer esta clase de pronósticos, suponemos (debemos suponer) que Krugman es un hombre influyente. Que algunos le hacen caso o al menos se paran a pensar si no tendrá razón el hombre. No sería mucho de extrañar que esos mismos que le hacen caso se pongan manos a la obra y saquen las zarpas de España o, los más, apuesten directamente en su contra.
Inciso: porque sí, damas y caballeros, en el mercado actual es posible apostar en contra de algo o alguien basándose nada más y nada menos que en chuparse el dedo y esperar a que el viento sople. Se les llama opciones.
Con semejantes premisas es relativamente fácil que una profecía se cumpla.

Ahora bien, las cosas pueden complicarse un poco más cuando dejamos a un lado la influencia y el nombre y simplemente tiramos de lugares comunes para tratar de profetizar algo.
Supongamos ahora un movimiento civil pensado, motivado y movilizado por una causa lo bastante evanescente como para incluir a todo el mundo. Lo mismo puede ser “la crisis” que “los políticos” o “el Madrid ganó por fin”. Gente anónima con el corazón a la izquierda o la derecha. Tan es así que desde el principio se renuncian a símbolos que pudieran excluir a alguien.
Aquí la profecía autocumplida viene de lejos. A los conservadores no les gustó el 15-M. La sociología y la psicología antropológica intentan decirnos que mientras el de izquierdas es activo y militante, el de derechas es pasivo y expectante. Casos aislados aparte.
Los columnistas más reacios no tardaron en ver motivos por el que espantar a los derechistas, que en ningún momento fueron malvenidos. Primero dijeron que la acampada se hacía en Sol, donde está la sede de la Comunidad de Madrid (PP) y no en otra parte donde hubiera socialistas. El argumento es flojo, ¿verdad? También lo pensaron ellos, que rápidamente fueron a buscar a los comerciantes que tienen sus tiendas en Sol. Tener la plaza abarrotada de gente no es positivo para las ventas, decían, si éstos sólo están ahí protestando en lugar de comprar. Así que protestan por los protestones y se quejan de la ruina que supone para ellos que, día sí y día también, los accesos a sus tiendas estén colapsados de gente. Parece que nadie les explicó el concepto de márketing, pero eso a los que estaban en contra de las protestas les daba igual: ahora tenían dos argumentos que explotar. Y pronto le añadieron un tercero, el de que el movimiento de los indignados no era otra cosa que un hatajo de perroflautas, vagos y maleantes. Izquierda pura y dura.

Pero, ¿por qué iban a estar los derechistas en desacuerdo con el 15-M en pleno gobierno socialista? ¿Por qué iban a estar en desacuerdo si los motivos del 15-M eran asumibles por cualquiera? No lo estaban. Pero la profecía autocumplida hizo su labor:
a. El derechista se desahoga desde casa o el trabajo. No se va a pasar frío o calor a la calle pudiendo decir lo mismo en un foro de internet o una columna de periódico.
b. El derechista temía que el movimiento fuera acaparado y explotado por la izquierda.
a+b. El derechista no se presenta en Sol y le deja todo el espacio a la izquierda.

¿Quiere esto decir que los columnistas tenían razón? No, pero al igual que Aquiles o Paul Krugman se aseguraron de tener razón: un año después las imágenes de las concentraciones son otras. Ya no se da la misma espontaneidad y heterogeneidad de doce meses antes. El imaginario colectivo ha aceptado la tesis de que el 15-M es (y por tanto se presume que siempre fue) de izquierdas. Porque:
a. El izquierdista gusta de expresarse en la calle, sea pasando frío o calor, además de decir lo mismo en un foro de internet o una columna de periódico.
b. El izquierdista temía que el movimiento fuera aceptado y bienvenido por la derecha.
a+b. “El 15-M es y será de izquierdas. No queremos a la derecha en él”.

Asumimos que parte de un movimiento estará formado por extremistas, porque los hay en cualquiera. Y asumimos que a esos extremistas se les llama así por su condición de llevar ideas y actos al extremo de lo aceptable.
Un extremo de lo aceptable podría ser, por ejemplo, que hubiera policías infiltrados en las manifestaciones, concentraciones o grupos de cotorras “para montar follón” y darles una excusa a los antidisturbios para disolver a porrazos, algo nada imposible dada la propia naturaleza de la guardia, intocable e ininsultable, altiva y arrogante.
Inciso2: la lógica intenta explicarnos que un policía tiene que tener un rango ligeramente superior al de un civil para que su autoridad sirva para hacer su trabajo. La misma lógica explica que esa condición afecta a la propia percepción que el madero tiene de sí mismo, haciéndole creer el amo del cotarro aunque todos tengamos un jefe: él te puede llamar de todo menos bonito. Tú a él no.
Así las cosas, cualquiera que en un momento dado tenga ganas de armarla en una concentración donde se reúne lo mejor y lo peor de cada casa es, por definición, “un policía infiltrado”. Esto tiene que ser así por dos razones:
1. Dada la condición de alguno de los miembros del movimiento, es mejor vendar la herida antes: si montas alguna bronca te llamaremos policía, lo que significará que te echamos del grupo, lo que significará que eres de los nuestros siempre que no te salgas del guión.
2. Pero al mismo tiempo, y conocida la naturaleza de los más extremistas, libera de toda responsabilidad a los reunidos: cualquier violento es madero. Aunque no lo sea.

Desde el otro lado las perspectivas tampoco mejoran. Si la Policía teme que algún exaltado empiece a liarla y tienen instrucciones de mantener el orden público (tratar de diseccionar este concepto da para otra entrada), estarán tensos y a la que salta en cualquier ocasión, sea cierta o no. Y además dan por sentado que cualquier detenido dirá que es inocente aunque no lo sea. Y si lo es, “estabas en el momento equivocado y en el lugar equivocado, pero vas a comisaría igual. Será injusto, tal vez, pero esto es lo que hay y te jodes porque no pienso comerme el marrón por ti y te denunciaremos igual”. Y además liberarán tensiones y adrenalina. Profecía autocumplida: se temen disturbios y la misma Policía los agrava.

Y así hemos llegado a este punto crítico. ¿Tal es la fuerza de algunos que pueden influir tanto en los demás? La práctica dice “sí” aunque la teoría diga “no”. ¿Por qué entonces las profecías autocumplidas se cumplen? Porque suponen el deseo de muchos: en el caso de Krugman el deseo es la ganancia de dinero rápido y fácil apostando por lo mismo que apuestan unos cuántos. En el caso de los derechistas es victimizarse de lo poco que les quieren. En el caso de los izquierdistas es reivindicarse con algo que se les da bien. En ambos, además, está el pavor a mezclarse unos con otros.

Autocúmplanse ustedes también.

Comunistas en 2009

Hoy se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín. Se supone que el aniversario no celebra la demolición de un muro sino la caída de todo un sistema, el comunista, cuya teoría les sonará bonita a unos cuántos pero cuya práctica no piensa lo mismo.
La historia, en clave logsiana, vendría a ser más o menos así:
El 8 de mayo de 1945 termina oficialmente la II Guerra Mundial. Alemania se rinde incondicionalmente y, como le habían dado mucho para el pelo, ni siquiera era capaz de mantenerse a sí misma. Los ganadores -USA, UK y la URSS- decidieron repartirse el país en función de los pedacitos que habían conseguido invadir. Como Francia esperaba que su grandeur siguiera como estaba (y De Gaulle sabía llorar muy bien, el jodío) también la incluyeron en el lote.
Pero claro, no puedes invitar a merendar a un mod, un rockabilly, un bakala techtonik y a un soviético [N del T: los rusos nos han legado muchas cosas útiles como el vodka o las matroshkas, pero no tribus urbanas] sin que lluevan hostias. Así que en 1949 los primeros decidieron juntar sus pedacitos y formar un país al que llamarían República Federal Alemana (RFA). A los rusos no les hizo ninguna gracia y, como no querían sentirse menos, no tardaron ni seis meses en montarse una réplica que llamaron República Democrática Alemana (RDA) no sin cierto sentido irónico del humor, por lo de ‘democrática‘ más que nada.
Las cosas habrían transcurrido de algún modo diferente de no haber un pequeño inconveniente: no sólo se había troceado Alemania. Berlín también había sido cuarteada siguiendo el mismo modelo: el oeste de la ciudad era “propiedad” occidental (tres sectores inglés, francés y yankee) y el este soviético. Para ir de un sector a otro se necesitaba tener un salvoconducto o un pase. Cosa chunga cuando tenías el salón en zona inglesa y la cocina en zona soviética. Las tres zonas occidentales se unieron formando el Berlín Occidental, que aunque se decía que era parte de la RFA en realidad era más un minipaís que otra cosa.
Una vez montados los paripés de los países, pudieron ignorarse mutuamente mirándose de soslayo en plan ‘mucho ojito conmigo, tío, que tengo armas nucleares hasta en el ojete’. Al invento lo llamaron Guerra Fría porque por la época no había una Leire Pajín que le diera un nombre más planetario y que molara.
Así, en Berlín había barrios comunistas y barrios capitalistas. Al principio las fronteras eran bastante de risas (un poco como las de Andorra, sin Guardia Civil pero con tanques más pendientes de los tanques del otro lado que de comprobar quién cruzaba) y los berlineses del este (y en general gente del Bloque del Este) cruzaba a cascoporro como quien dice que va a por tabaco y no vuelve. Se dice que de 1949 a 1961 cruzaron unos 3 millones de personas. Ahí es nada. Lo raro es que quedara alguien, visto lo visto.
Pero quedaba la gente suficiente para que los mandamases de la RDA dieran un puñetazo a la mesa y gritaran ‘hasta aquí llegamos, camaradas’. Si el paraíso socialista [la RDA era, de largo, el más mejor de todos] no bastaba con retener a la gente, tal vez un “obstáculo” les ayudara a pensárselo mejor.

El 13 de agosto de 1961 se cerró la frontera a cal y canto. Nadie entra y nadie sale. Se bloquearon los túneles del metro y todos los autobuses que cruzaban la frontera dejaron de funcionar. Como resultaba complicado explicar que lo construían para dejar de perder gente, se dijo que el muro era un muro de “protección antifascista”, aunque curiosamente las ‘protecciones’ estaban del lado de la RDA, pero eso no eran más que futesas, minucias de un plano leído al revés. Que hasta los eficientes alemanes meten el cuezo alguna vez.
De ahí que, toda vez que el Muro de piedra y hormigón rodeaba completamente la zona “capitalista”, llegara un tal John Fitzgerald Kennedy (JFK para los amigos del aeropuerto de Nueva York) en el 63 y dijera “ich bin ein Berliner“, que vendría a ser algo así como ‘yo soy un dónut relleno de crema’. Aquella revelación, claro, dejó al camarada Jrushov (Nikita para Elton John) algo confuso, tal y como confesaría en su diario personal: ‘yo siempre creí que en realidad era un panellet, esto demuestra que no se puede confiar en los burgueses capitalistas. Yo por mi parte prefiero seguir siendo una eficiente chapatita candeal’.
Así, el mundo siguió girando unos cuantos años. La RDA ganaba medallas en los Juegos gracias a sus travestis, se jugó un RDA-RFA en un Mundial de fútbol y todos contentos, comunistas unos y capitalistas (o demócratas, como se prefiera) los otros.

Pero el invento no podía durar. Ya lo intuía Gorbachov (el tipo de la mancha en la calva) cuando llegó al poder en el 85. Checoslovaquia se les había sublevado unos años antes y Polonia tampoco parecía muy dispuesta a seguir bailando el agua. Hungría se desangraba, Yugoslavia se agrietaba y Rumanía tenía a los Ceaucescu, que no es poco.
Así las cosas, el bueno de Mijaíl se inventó la perestroika, que en cristiano vendría a significar ‘vale, yo también quiero un Rólex’. Empezaron entrando productos y divisas, pero al final acabó saliendo la gente. Lo descubrieron unos campistas húngaros cuando se perdieron por el bosque: andando, andando, llegaron a Viena y nadie les había dado el alto. Era el verano de 1989 y la voz corrió como la pólvora. Como entre los Países del Este no había controles en las fronteras, a nadie pareció sorprenderle que de repente a muchos les apeteciera pasar unos días en Hungría. Lo que pasa es que no se les volvía a ver el pelo, a los jodíos. Y es que unos días antes Budapest había abierto sus fronteras con Austria, sin restricciones pero también sin avisar. El Telón de Acero tenía un boquete.
Poco después dimitía Honecker, jerifalte de la RDA. Y tras él se fue todo el gabinete. Ya nadie creía en el invento y no sabían cómo salir del atolladero. La URSS no se ponía al teléfono (‘¡soy una rica chapata candeal, soy una rica chapata candeal!‘) y la Stasi -el CNI versión chunga- ya no tenía a quién espiar. Estaban gordos y aburridos.
El 9 de noviembre de 1989, en una rueda de prensa rutinaria -y, por lo tanto, obviamente retransmitida en directo para toda la RDA y de visionado obligatorio- un tal Schwaboski, sudoroso y agobiado, sólo pensaba en salir a tomarse una cerveza. Un periodista italiano le hizo una pregunta acerca de un farragoso anuncio hecho público un par de días antes acerca de no sé qué de las “restricciones que habían sido suprimidas”. Como no tenía especiales ganas de explayarse, Schwaboski sacó un papel del bolsillo y leyó el siguiente comunicado: “los panellets, quiero decir, los berlineses del este pueden ir a comer dónuts rellenos de crema“. El periodista italiano, flipando un poco, preguntó que desde cuándo. Y el bueno de Schwaboski, rascándose la cabeza porque no había leído el papel entero -y la fecha no estaba hasta el final de la hoja- en lugar de decir “a partir del 10 de noviembre” tal y como le venía indicado dijo “en cuanto termine de decir esta frase… que no, que era broma, quiero decir inmediatamente“. Luego se supo que le susurró a Gerhard Beil, que le tenía al lado, aquella mítica pregunta: ‘¿soy el único al que le ha entrado hambre?‘.
El resto es historia. El muro fue derribado al más puro estilo teutón (a martillazos) y la RDA, el paraíso comunista, dejaba de existir. Dos años después sería la mismísima URSS la que corriera la misma suerte. El sistema comunista por antonomasia se desintegraba.


Hoy, 20 años después, los nostálgicos aún se preguntan qué es lo que pudo fallar. Aprovechando el aniversario algunos intentan tímidamente sacar pecho y exhibir con orgullo sus convicciones en la supresión del capital y los planes quinquenales, y pelillos a la mar con eso de los crímenes y tal, que es una cosa muy fea y otra cosa no, pero ellos son siempre muy estupendos. Quieren retomar una idea del siglo XIX en el XXI, ‘adaptada a las circunstancias’.
Roures, el Señor de LaSexta, aprovecha la coyuntura para regalar libros de Marx y Engels. Su diario pontifica y da voz a una corriente minoritaria de un partido venido muy a menos.
El País, por su parte, intenta dar la sensación de estar más alejado y se pregunta qué significa ser comunista en 2009. En un entrevista sin desperdicio un par de ellos nos dejan claro que, afortunadamente, son tan escasos como los falangistas. Ojito con la nueva incorporación, Esther López Barceló. Da miedo pensar que una chica que apenas supera la veintena se cree a pies juntillas que Otegui es un “preso político“, que en España hay muchos de esos o que Cuba es “la democracia más profunda” que ha vivido. Lo mejor es que cree que unos fusilamientos no deberían “manchar un régimen para siempre“, pero obviamente sólo si es de izquierdas. Claro que si es la misma persona que sostiene sin sonrojarse que “existe una realidad en el País Vasco, de gente de izquierda, que no defiende la violencia pero sí sufre la represión de los agentes del Estado” entonces la cosa tiene más sentido. Sobre todo, porque esa misma chica tampoco dice que Batasuna, por ejemplo, sea esa ‘gente de izquierda’ de la que habla. “No son compañeros de lucha” y en el fondo le da igual si son de izquierdas o no, y hace bien intentando expulsarles de su lado aunque no cuele. Incómodo, el asunto. El pobre Willy Meyer, el otro entrevistado, no sabía dónde meterse.
Pues sí. Estos son los comunistas del 2009.
Alzad el puño, camaradas. Pero bajito, por favor.

Las de cal y las de Arenys

Una de las cosas que más me llama la atención cuando veo, leo o escucho a esos de la casta política es el modo tan surrealista de morder sin que la sonrisita de foto se descuelgue de la cara. Le echábamos en cara al Ganso su insufrible soberbia pero hay que reconocer que al menos no fingía.

A esos que los fachas llaman gauche divine -y no sin razón- les encanta lucir palmito codo con codo con los verdaderos parias de la tierra y levantar el puño como si realmente se sintieran una parte de la famélica legión. Eso sí, con trapitos a la última y sin perdonar un euro del sueldo del carguete, que serán socialistas pero no gilipollas. Nunca me interesó lo bastante la moda, pero juraría que las gafas que lleva la Pajín en el escote no son de mercadillo. Pero eh, fuera complejos, que todo el mundo sabe que la ideología se lleva dentro y no tiene por qué ser coherente con lo que se viste por fuera. Aunque eso sí, no me la imagino al lado de la plana mayor del PCUS. Todo sea por la foto.
Dice el tipo que finge ser la oposición algo así como “levantar el puño es como hacer el saludo fascista” y no me extraña que haya perdido dos elecciones. Si eso es todo lo que se te ha ocurrido comentar, apaga y vámonos.
Pero no es el único que dispersa cal en el ambiente. A estas horas del día me da que todo el mundo sabe ya que se lió muy parda noches atrás en Pozuelo. ¿Cómo? ¿Que la única forma que tienes de enterarte de lo que pasa es leyéndome a mí y sólo a mí? Iluso/a…
La cosa, según narran las crónicas, es algo parecido a ésto: noche de fiestas en Pozuelo -antesala de las de Macarrahonda– que se desmadra a cuenta de “esa última copa que no debiste beberte” y de repente a alguien le da por empezar una pelea que, por algún factor llamado X, termina centrándose en los cuatro maderos que había por la zona. Botellas, palos y piedras. Un coche patrulla calcinado y algún que otro contenedor derretido. ¿El motivo? Adivinadlo.
_Seguro que los represores estaban haciendo de las suyas.
Y es que aquello no parecía Pozuelo sino Hernani en los ochenta. Pero no, en realidad la causa es mucho más mundana y alejada de los típicos ideales revolucionarios y proterroristas tan del puño en alto pajinero.
_Juer, qué retorcido… ¿cómo mezclas a Pajín con Batasuna sólo porque ambos alzan el puño izquierdo?
Vale, admito iPhone como el hueso 207 del cuerpo humano. El caso es que a los críos y no tan críos que les dio por liarla parda tan así simplemente se les ocurrió que era la mejor manera de darle a la fiesta el puntito que le faltaba. Así de simple y bruto.
¿Pijos? ¿No pijos? Y qué coño importa. Un gilipollas es un gilipollas, tenga dinero o telarañas. Pero llama la atención que gente que no suele tener excesivos problemas y, por tanto, no sufren ningún tipo de exclusión social, profesional o de lo que sea tengan tanta mala folla.
_Mira, todo el mundo sabe que éstas cosas las empieza siempre el idiota de turno que se cree el Che Guevara, el auténtico perroflauta de Armani iluminado que cree que por odiar la fortuna de sus viejos está legitimado para ser un punkarra pata negra. El resto sólo son borregos que siguen la corriente porque es “divertido” o “diferente”. Cosas de gente que no tiene nada mejor que hacer.
Muy cierto, seas quien seas, casi que te dejo a ti acabar el ladrillazo de hoy. Y es que es así, amigos: no hay más que ver a quienes desfilaron por el juzgado al día siguiente. Muy perfil bajo no tenían, no.
Pero entonces el alcalde de la ciudad continental con la renta per cápita más alta se nos achanta y, al más puro estilo Esquerra, intenta echarle la culpa a los “de fuera“. Sólo que en este caso, Madrid está mucho más cerca y a mano. Dónde va a parar.

Y, precisamente, de los nacionalistas catalanes nos viene la paletada -oh, y nunca mejor dicho con mi sonrisa más sardónica y cruel- de arena del momento. ¡Más madera, es la guerra!
Como no andaba el avispero lo bastante agitado, nos hacía falta un zurriagazo más para darle vidilla al síndrome post-vacacional y, ¿qué mejor manera de hacerlo que dando donde más duele? Nada más y nada menos que un Plan Ibarretxe estilo local. A lo Eibar declarando la II República porque-yo-lo-valgo, que aquí nos las gastamos así.
_Perdoni, pero no tiene nada que ver. La nostra es una consulta popular no vinculante.
Ah, pues si no es algo que vaya a influir en el futuro de ninguna manera, ¿para qué hacerla?
_Pues para hacer constar el sentir del pueblo en cuanto a la posibilidad de sondear las posibilidades de la creación de un nuevo Estat Catalá de un modo democrático…
Vamos, que les apetece tocar un poco las pelotas.
_Básicamente es eso, sí. Pero ya ve, en cuanto hemos asomado la pata ya se nos ha advertido que no podemos hacerla… ¡en este Estado Español hay miedo a que hable el pueblo!
A mí me da, más bien, que lo que hay en este país es otra cosa: aburrimiento. En serio.
Resulta que lo estamos pasando putas, no sólo por los problemas de pasta -y cómo nos soliviantamos cuando nos tocan el bolsillo- pero para el alcalde de Arenys no hay nada más importante que tocarnos los cojones a todos, a los fachas a los que les cabrea la mera mención de estas cosas y a los maulets de turno que se verán con un palmo de narices por no poder salirse con la suya.
El argumento ese del “miedo a que hable el pueblo” está más sobado que el entreteto de Paris Hilton, sobre todo cuando son los cuatro gatos los que mencionan ese miedo. Arenys me pilla muy lejos como para andar preocupándome de si son más o menos independentistas. No me preocupa su “consulta”. Me preocupa que Arenys de Mar, el pueblo de al lado, también quiera “dejar hablar al pueblo” y diga en una “consulta” si echan a los inmigrantes del pueblo a patás. Y que luego Collsacreu, el otro pueblo de al lado, celebre su “consulta” para saber si a los vecinos les gustaría formar milicias urbanas como en Italia y formar su propio somatén. ¿O qué se creen algunos, que las “consultas” sólo funcionan para secesiones? ¿Y si en Ardales (Málaga) sus concejales falangistas celebraran una “consulta no vincultante” para suprimir las Autonomías?
A lo mejor a los de Pedralbes les da por organizar una “consulta” para saber si a sus vecinos les gustaría formar su propia ciudad y dejar de sostener a los de Horta-Guinardó, que a su vez no están por la labor de pagarles las copas a los de Sant Andreu. Es que estas cosas pasan cuando se concede barra libre a las “consultas”, que puede resultar que no gustan. De hecho, los de La Moraleja están deseando que les consulten si quieren abandonar Alcobendas y montarse su propio chiringuito. También se “consultó” en Guadalajara capital si cuatro calles seguían siendo rémoras franquistas o si las cambiaban, y ganó el “no se cambia” por goleada.
_¡Pues debería ser posible, a mí nadie me quita la ilusión!
Pues ya sabes: afíliate a unos de los dos partidos que pueden llegar a gobernar, pelotea y trepa hasta llegar a mandamás. Luego, preséntate a las generales diciendo en tu programa electoral que quieres cambiar la Constitución para permitir “consultas”. Consigue que te voten a ti más que a nadie y procura que vuelvan a hacerlo cuando ya hayas cambiado la Consti (porque si no, no habrá valido de nada)… y entonces sí que podrás hacer alegres consultas.
_¿Todo eso hay que hacer? Qué pereza. Prefiero seguir insultando a Madrit, me es más práctico.
Ya decía yo.

¿Feliz cumpleaños?

Se me acumula el “trabajo” después de autoproclamar mi propio mes de vacaciones pagadas y dejar por el camino una redecoración, un par de proyectos y la sartén con la que freía los huevos.
A todos los que se dieron un paseo por aquí estos últimos días y se encontraron con que me rascaba el forro con demasiada fuerza sólo puedo decirles que “ya os vale, panda de vagos” y que fue sin querer queriendo.

Cuando desperté esta mañana y me tomé el primer café -sin pensar en que antes de salir podría ser una buena idea mirarse a un espejo para ver si la almohada se puso creativa con mi pelo durante la noche, y parece ser que le dio un punto kitsch a juzgar por cómo me miraron en el bar- no tenía ni idea de que hoy, uno de septiembre de 2009, era un día especial. Bueno, en realidad no más que cualquier otro que esté de aniversario, pero todo freak de la Historia con mayúsculas sabe que tal día como hoy, hace 70 años, el mundo cambió para siempre. Y, tal y como solemos hacerlo los humanos, empezamos a hostias.

Hace 70 años unos tipos altos, rubios, con cara cuadrada y cascos redondos -comandados por un tipo bajito, moreno y cara de triste con gorra de plato, curiosa ironía- se pusieron a pegar tiros a los vecinos que tenían a su derecha, unos meapilas que vivían en un país que se llamaba como un programa de TV3 Polonia. Apenas unos días después, los vecinos que éstos tenían a su vez a su derecha, envalentonados de vodka y a ritmo de balalaika también entraron pegando tiros. Lo que en lenguaje militar se conoce como “movimiento de tenaza” y en lenguaje castizo, “una putada de cagarse por la pata ‘abajo”.
_Espera, espera… ¿me estás diciendo que Hitler, un redomado fascista, y Stalin, un bigotudo comunista, se pusieron de acuerdo para invadir Polonia juntos y en alegre compañía?
No sólo eso. Unos pocos días antes se había firmado el Pacto Molotov-Ribentropp por el que ambas democratísimas potencias se repartían el espacio que había entre ellas, desde Finlandia hasta Rumanía. En ese pacto, ambos prometían no mandar un obús demasiado fuerte para así tener un problema menos y facilitar las cosas en eso de invadir y tal.

El único problema, con el que ya contaban, era que los llamados Aliados (entonces UK y Francia, USA aún no tenía amigos con los que juntarse) no tardaron ni dos días en declarar la guerra a Alemania, y todo porque los polacos, que se olían el pastel, obligaron a los ingleses a firmar con ellos un tratado por el que si “alguien y-no-miro-a-nadie” les invadía, Londres inmediatamente se pondría de uñas. Fuera quien fuera, como por ejemplo un país que empieza por A y termina en ‘lemania’.
Stalin, que se olía la jugada, supo esperar unos días para invadir su trozo de terreno y evitar así que los Aliados se enfadaran también con ellos. No sólo eso, en un asombroso movimiento de cadera, consiguió por un lado salirse con la suya en lo que a invadir se refería y estar a buenas con los guiris.
Mientras, la gabachada temblaba y no por nada: a fin de cuentas, Polonia no es tan grande y una vez que se hubieran hartado de matar cosacos, a los alemanes no les quedaría otra que mirar hacia el oeste para calmar sus ansias de expansión, en un valiente eufemismo llamado “espacio vital alemán” que venía a ser, así a ojo de buen cubero, el mundo entero y parte de la Luna.
Merendados los polacos, y oficialmente en guerra con Francia, a los alemanes les dio por ponerse chulitos: que si ataco, que si no ataco, que si “huyyy, ¡mosqueo!”… dejando a los pobres franchutes con un ataque de nervios de aquí te espero:
_Pero ¿vais a atacar ya, pour l’amour de Dieu?
Hitler, mientras, les miraba de soslayo con sonrisita cabrona. No por nada, sino porque se divertía viéndoles cocerse en su propia salsa, sin atreverse a disparar primero, mientras Dinamarca se rendía sin pegar un tiro y Noruega sólo resistía un par de meses. Con el Norte asegurado, decidió que ya era hora de andar lanzando petardos por el oeste… pero aún esperaría un poco más antes de sacudir a quienes realmente quería.
El 10 de mayo de 1940 termina la espera invadiendo a cascoporro, que para eso son nazis. Para que os hagáis una idea de lo brutos y eficientemente alemanes que eran, en tan sólo mes y medio Francia (que se suponía tenía el ejército más grande de Europa) firmó el armisticio, se rindiera y les regalara París y dos tercios siempre y cuando fingieran que seguían mandando ellos, poniéndose como nuevo nombre el de una conocida marca de agua que habían bebido en la comida aquella mañana. Una vez sometidos los enemigos del continente, y toda vez que empezaba a hacerse el loco cada vez que Stalin intentaba llamarle, al enano del bigote a lo Charlot (no, Franco no) se le antojó que quería poder cazar el zorro en Hertfordshire y qué mejor manera de hacerse amigos que bombardeando Londres durante siete meses.

A partir de aquí, según todas las películas chachis que nos hemos ido tragando, se supone que los malos -los nazis, por si hay algún despistado- empezaron a perder. Es lo que tiene Hollywood, que está lejos. En realidad, antes de lo que se dice “empezar a perder” a los de la cruz gamada y el saludo romano les dio tiempo a merendarse Libia, Yugoslavia, Grecia, Bulgaria, Hungría y Rumanía (e Italia se conseguía Albania y un trocito de Túnez). Y todo en apenas un año.
No, en realidad cuando empezaron a perder fue cuando al enano austriaco (país que se anexionó por su cara “bonita” en 1938) se le metió entre las cejas que, como ya no le quedaba nada por invadir, tan sólo le quedaba la URSS para ahostiarse. Y en invierno, además, que los chulos en realidad no eran ni fueron nunca los madrileños, sino él.
3 millones y medio de soldados alemanes entraron en la Unión Soviética el 22 de junio de 1944. Pensaron que, como se merendaron Francia en un mes, antes de Navidad habrían llegado a Vladivostok (que, para los que no han leído nunca a Ibáñez, es la ciudad rusa más oriental, casi fronteriza con Corea del Norte) porque “ellos son asín“.
_Pero… ¿no fue algo parecido lo que hizo palmar a Napoleón?
Eso es lo que nadie se explica. Que un enano coñón la cagara 100 años antes y otro enano coñón no hubiera aprendido la lección. Una verdadera lacra para nosotros, los enanos, tener a semejantes tíos como referentes: de los tres millones y medio que entraron en Rusia, apenas 900.000 pudieron volver por patas para morir de camino a Berlín. Eso sí, dejaron tras de sí unos 25 millones de muertos entre rusos y amigos.

El resto es ya de sobra conocido. Que si los americanos, que si a Ben Affleck le ponen los cuernos en Pearl Harbour, que si Tom Hanks salvando al soldado Ryan y Vin Diesel palmando en plan héroe…
Así nos luce el pelo.

Gibraltar, su mujer y otras cosas del comer

A lo mejor soy uno de esos puntillosos que le da por pensar demasiado las cosas, pero ¿soy el único al que le choca que a los habitantes de un peñasco les llamen “llanitos“?
Debe ser esa mezcla extraña entre humor inglés y un chiste de Lepe que caracteriza a la cultura del único trocito de España que no es España.
Casi 300 años ya llevamos de reivindicaciones, negociaciones, tiras, aflojas, risas y lo que no son risas. Un rato largo para tan poquita cosa.
Nunca una almorrana (y nunca mejor dicho viendo dónde está exactamente Gibraltar) dolió tanto durante tanto tiempo sin que el Hemoal de turno sirviera de nada… aunque no en silencio.

Casi 300 años ya llevábamos también sin que un menestro de la casa quisiera darse un paseo por esas calles repletitas de estancos y bancos, de los de sentarse y de los otros.
Se ve que a Miguel Ángel le habían chafado el plan a última hora de la partida con los ex-compañeros de la mili y decidió ir a ver si era verdad eso de que en Gibraltar el tabaco está tan barato. Y, ya que estaba, pues oye, visita oficial que además es la primera que hace un alto funcionario hispano. Con lo que viste ser siempre el primero, ¿a que sí, Buzz?

Torrijos haciendo amigos

Así que allá se fue el bueno de Miguel, que hacía mucho tiempo que no salía, el probe, y como no quería ir de turista llamó a un par de colegas que conocía del chat de la OTAN, StiffUpperLip66 (Miliband) y Demolition_Pisha_UK4Ever (Caruana) para que le enseñaran los monos de la cima, que se decía estaban muy graciosos cuando se asomaban sobre los cañones.
Pero claro, no puedes hacer esa clase de cosas y esperar que la gente te dé palmaditas en la espalda. Y menos cuando no has tenido un detalle con ellos, ni un mal paquete de Rothman’s. Se que ve a Moratinos no le quedaba cambio.
Así que se lió una gorda. La “visita histórica” con la que abrieron los periódicos de la Pérfida Albión aquí se tomaron como una muestra más del cachondeo que se traen allí arriba las cosas tan nuestras. Porque para todo buen españolito -“de bien“, como dicen los carcas, los fachas y los carlistones- Gibraltar no es otra cosa que española. Y que un Ministro de Exteriores se pasee por España queda así como bizarro, ¿verdad?

Cuando Franco, se podía entender algo parecido. Ya que éramos la unidad de destino en lo universal, qué menos que andar dando el coñazo con la unidad que no andaba por el mismo destino, por mucho que casi todo llanito fuera a la universidad de Madrid. Ahora que somos amigos de los ingleses -con lo que cuesta ser amigos de gente así, hombre ya- y puesto que a ningún gibraltareño (salvo el facha que siempre hay en todas partes y que en este caso se llama Manolo Smith) le apetece sacarse el DNI, me parece que la postura de siempre está un poco fuera de lugar.
_¡Antiespañol, ¿tú?!
Ni un poquito. Lo que pasa es que de qué sirve reclamar seis kilómetros de piedra si los que la ocupan no están por la labor. No así, al menos.
Ya lo dijo Pancho Villa, “háganme el rechingadísimo favor“. Empecemos con algo más light y de llevar por casa, como la soberanía compartida -como Andorra pero en oficial- sabiendo que las comparaciones son odiosas y que no deja de ser una colonia británica en pleno siglo XXI, con lo mal que huele eso. Si fuera de París, todavía…

Además, ¿no dice el sabio eso de “a traidor, traidor y medio“? Pues hagamos como ellos. Digamos a todo que sí con una amplia sonrisa en la cara, lleguemos a acuerdos y luego hagamos lo que nos salga del nabo.
Ya lo hicieron tomando el itsmo porque “qué más nos iba a dar un metro más o menos, man please“, o cuando montaron el aeropuerto o ahora que quieren tener aguas territoriales y montar una cacho urbanización en suelo extranjero. Shit yourself, little parrot.
Si es que el estilo inglés es cojonudo. Y eficiente, a juzgar por cómo hemos reaccionado siempre: exacto. Nada.
Así, si llega un tipo y en la cima cambia la Union Jack por la rojigualda y alguien le pregunta que qué hace, el interfecto podría poner la típica cara inglesa (todos la conocéis, no hace falta detallar) y decir:
_¿Pero qué me dice? Si eso lleva ahí años.
Y así es como recuperaremos Gibraltar. De nada.