La imagen judicial de la política

La imagen que se quiere proyectar de lo que sucede estos días no deja lugar a dudas de dónde quieren imaginar al adversario y dónde esperan situarse los que denuncian.

Igual soy un poco tiquismiquis, pero me asombra la rapidez con la que se produce un vídeo y se lanza a las redes, apenas horas después de un auto de encarcelación. Podría imaginar que ya estaba hecho, a la espera de lo inevitable, como parte de un programa estudiado y una estrategia planeada. Pero eso borraría toda la espontaneidad al movimiento y le imposibilitaría mantener la imagen adecuada de reactividad, puesto que todo estaría previamente fabricado para, precisamente, provocar cada secuencia posterior. Y eso restaría toda credibilidad a un proceso de por sí ya bastante lastrado.

Me resulta particularmente desagradable que se preste más atención al hecho consecuente -la movilización de 40.000 personas a las puertas de una Consellería para impedir un registro policial ordenado por un juez- que al hecho causal: que esas 40.000 personas no se movilizaron solas, ni acudieron inspiradas por un espíritu divino. Alguien las convocó a una hora y en un lugar. Alguien las jaleó para persistir en el acoso y en reiterar que fuera pacífico (aunque con relativo éxito). Alguien se invistió de autoridad suficiente para decir que mediaría entre los manifestantes y los asediados. Alguien impuso condiciones para desistir. Alguien desmovilizó a las masas y les conminó a dispersarse y a seguir otro día. Alguien obedeció esa orden y esperó instrucciones.

No fue lo bastante grave querer impedir un registro policial para esclarecer delitos muy asociados a corrupción. Era necesario, además, que estuviera orquestado y dirigido. Y no estoy escuchando a nadie protestar por semejante manipulación, por la escasa dignidad que se ofrece a quienes realmente quieren luchar por algo que consideren justo, o quizá injusto pero necesario, o quizá innecesario pero pasional. Identitario.

Lo que sí leo y escucho son opiniones que comparan estas detenciones y encarcelaciones con las de otros momentos y otras protestas. Los desahucios. El asedio al Parlament de 2011. Los mismos tipos que apoyan movimientos como la PAH o el 15-M deslegitimándolos por completo al compararlos con esto. Si quisiera imaginarme a miles de militantes del PP acosando e intimidando el registro de la sede del partido, con los presidentes de HazteOir y la Fundación FAES a la cabeza, sentiría la misma indignación y necesidad de castigar a los que no quieren que se haga la justicia que, le guste a uno o no le guste, es igual para todos. Pero es que hay personas que creen, de forma genuina, que tienen derecho a cometer ciertos delitos. Y hay gente que cree, con la misma ingenuidad, que la justicia no es igual para todos.

Llevo tiempo escuchando y leyendo acerca del concepto de judicialización de la política. Como si la política no estuviera sometida a reglas ni fuera juzgable o condenable, nunca ni en ninguna parte. Como si en política se pudiera cometer un delito sin consecuencias. Ninguna voluntad política es a prueba de fallos ni de condenas. A mí me parece estupendo que haya independentistas, que quieran separarse de mi país y montarse uno por su cuenta. Me parece muy legítimo que defiendan su idea y quieran hacer todo lo posible por llevarla a cabo. Que lo respete no quiere decir que lo apoye o que no trate de poner todos los obstáculos posibles, aduanas incluidas, que protejan mis propios intereses y legitimidades. Eso también incluye, por supuesto, luchar con mis propias armas contra todo lo que no sea lícito, legal y justo. Lo ocurrido el 20S no fue lícito, ni fue legal ni fue justo.

Ya oí antes de judicializaciones de la política y presos políticos. Cuando condenaron a Josué Estebánez por matar a Carlos Palomino. Aquí cualquiera puede denominar políticos a los presos que les apetece, no queda rigor ni consistencia en las apreciaciones ni las valoraciones ni, por supuesto, se va a distinguir a los que de verdad son encarcelados por sus ideas y no por sus actos.

Pero lo que ocurre es que quienes tanto critican la encarcelación lo hacen por dos principales motivos a elegir: porque están de acuerdo con los que lo cometieron o porque querrían hacer lo mismo que hicieron y tampoco ellos pagar las consecuencias.

Agradecimientos: [Politikon][CitaFalsa]

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