Por qué se hicieron separatistas

Leo este artículo de El País.

Carmen se hizo separatista tras la sentencia del Estatut.

Ismael Peña-López (directivo de Òmnium) se hizo separatista tras la sentencia del Estatut, pese a que “a casi nadie le gustaba el texto”.

Toni Comín (ex PSC, ahora en ERC) se hizo separatista tras la sentencia del Estatut porque pretendía “sacar las garras del Estado español sobre las instituciones catalanas, pero sin independizarnos“. Porque, por lo visto, con el Estado por ahí danzando es imposible “trabajar tranquilos, disponer de recursos y lograr un estado de bienestar de primera división“.

Elisenda Pérez (ex PSC, ahora ERC) se hizo separatista porque no soporta la idea de que sus hijos no “estén en una escuela normal, porque (la lengua) estaba en peligro“.

Joan Coma (CUP) siempre fue separatista pero también utiliza la sentencia del Estatut. Además, opina que “la gente joven crece desconectada del Estado español“, como él, que nunca se ha sentido español. Menos mal que “no es por nacionalismo” porque es un “enamorado de Andalucía” como el que tiene amigos gays.

Joan Garriga (CUP) siempre fue separatista y cree que la chispa del independentismo rampante brota con la sentencia del Estatut.

Joan Vallvé, vicepresidente de Òmnium, se hizo definitivamente separatista con la sentencia del Estatut.

Ana Hinojosa (vicepresidenta de Súmate) se hizo separatista por la sentencia del Estatut.

Es decir, que salvo los que ya venían con el separatismo de fábrica, el resto fueron sobrevenidos por una única causa. La famosa sentencia del Estatut. A mí me ha dado por pensar qué tuvo aquella sentencia que provocara cambios de parecer tan impresionantes como el de la buena de Ana, que pasó de sentirse sólo española a independentista (“pero sin pasar por el nacionalismo”, matiza quizá más para sí misma).

Los hechos

Vamos a 2004, año electoral. Pocos meses antes, en noviembre de 2003, el aspirante socialista, Rodríguez-Zapatero, promete una cosa. Todas las encuestas daban amplia ventaja al partido rival pese a que su presidente, Aznar, había señalado con su dedo al más gris y funcionarial de sus ministros. Pese a ello, el PSOE veía difícil ganar las elecciones en un clima benévolo donde todos los indicadores iban bien. Salvo el de la imagen pública. Luego pasó aquello. Y lo cambió todo. ¿Todo?

No. En Cataluña nada cambió. El año anterior se había formado gobierno. El famoso tripartito de Maragall (PSC), Carod-Rovira (ERC) y Saura (ICV). La formalización del acuerdo se cristalizó en el llamado Pacto del Tinell. En él, se acordaban dos cosas fundamentales: redactar un nuevo estatuto para Cataluña y excluir al PP -entonces todavía en el Gobierno- de cualquier acuerdo o pacto de gobierno, fuera en el ámbito estatal o autonómico o local. El famoso cordón sanitario. Algunos pensarán que merecido, otros que injusto. La decisión se tomó pensando que habría, al menos, otros cuatro años de gobierno conservador a quien hacer oposición.

Podrían haberlo parado aquí y no habría pasado a mayores. Pero Esquerra tenía otros planes, muy parecidos a los del Programa 2000. PSC se dejó arrastrar, espoleado por su alma nacionalista (de la que Toni Comín o Elisenda Pérez debían formar parte).

La fase de redacción fue lenta y llena de críticas por los rumores acerca de su contenido. Se temía que se sobrepasaran las costuras de lo legalmente permisible y sus patrocinadores no ayudaban en sus declaraciones: “No se trata de catalanizar España sino de federalizar España más abiertamente“, escribiría Pasqual Maragall. Saura añadiría después que “el gran reto es que España se reconozca a sí misma como una realidad plurinacional“.

Existieron otros puntos de fricción, por supuesto. Independencias selectivas como las selecciones catalanas, de cuya redacción se hizo cargo Esquerra para hacer realidad un viejo sueño de ver competir en igualdad de condiciones a España (que “tendría que llamarse de otra manera“, chanzó Maragall además de decir alguna de sus típicas maragalladas) y Cataluña. Con la salvedad de que las competiciones internas seguirían como estaban y el Barcelona seguiría jugando la liga española. Pero como estaban en fase de redacción y todo aquello cabreaba mucho a la derecha, se dejó hacer e incluso se hizo broma con el tema. Pero iban en serio.

El día 30 de septiembre de 2005 el Estatut que se aprobó en las cortes catalanas con una aprobación de casi el 90% (sólo se opuso el PP) incluía las selecciones propias y otros artículos imposibles de encajar con la Constitución, que luego desgranaré. El día siguiente, la vicepresidenta Fernández de la Vega hizo notar quehay que garantizar que el texto final sea acorde con la Constitución de la A a la Z, con el interés general y el de todos los ciudadanos“. Algo no se había gestionado bien y cundieron las alarmas. Una cosa es satanizar al partido rival y sacar ventaja de sus protestas y otra muy diferente que te deshilachen el país por los costados.

El problema, claro, era cómo recomponer aquellos puentes rotos y tratar de conseguir (Alfonso Guerra, 2005) que los otros hicieran lo que ellos no podían hacer (José Bono, 2006). Sabiendo lo que suponía, además. El Comité Federal del PSOE se puso nervioso y Zapatero tuvo que reunirse durante horas con Artur Mas para tratar de salvar un articulado más defendible que el propuesto para el Congreso. Mas, astuto, se llevó un buen pellizco en impuestos indirectos a cambio de trasladar el término “nación” para Cataluña del artículo primero al preámbulo, donde no tendría valor jurídico. Vale la pena destacar esta declaración de Zapatero:

El líder del PSOE insistió, frente al catastrofismo del PP, en que el Estado de las autonomías, la descentralización de España, “ha sido uno de los factores decisivos en el aumento del bienestar de los españoles”. Recordó que la reforma de los estatutos está en “nuestro proyecto y en nuestro programa” y en la historia del PSOE -donde “siempre hemos creído en la descentralización política porque le han sentado bien a España y a la democracia”- para responder al ataque del PP al Gobierno de que es una consecuencia de los pactos con los nacionalistas.

Hoy, quizá, no estaría tan seguro de aquello. De hecho, tampoco lo estaba entonces. Ni él ni el Jefe del Estado. Pero había algo más importante entre manos: la estrategia de aislar y enfurecer al PP.

De ese aislamiento salió la campaña de firmas contra el Estatut. Esa famosa campaña “contra Cataluña” que galvanizó del todo el debate político. ¿Contra Cataluña? ¿Contra el Estatut? No exactamente. Esas cuatro millones de firmas pedían el mismo referéndum en todo el país dado el cariz que había tomado la federalización de España, esa realidad plurinacional con la que nos acabábamos de encontrar. Votar tampoco fue democracia entonces. Pero el Pacto del Tinell se había consumado, el PP se había aislado y radicalizado y algunos se prometían largos años de socialdemocracia.

Por eso el 30 de marzo de 2006 el Congreso aprobó el Estatuto y, de nuevo, sólo se opuso el PP. ¿Sólo? No. También se opusieron ERC y Eusko Alkartasuna, pero por sus propios motivos.

El no de ERC finiquitó el tripartito y sentó las bases de lo que habría de ocurrir después. Se convocó un referéndum en el que participó menos de la mitad del censo, que votó a favor del nuevo estatuto. Aunque quizá alguno votó intuyendo que quizá no llegaría muy lejos. Porque aunque Guerra estaba orgulloso de su cepillo, las prisas habían hecho una chapuza. Poco después el PP presentaba un recurso de inconstitucionalidad ante el TC. Habían hecho el trabajo que otros no se molestaron en hacer, ni antes de la redacción ni durante el cepillado. Aunque Rubalcaba, entonces ministro del interior, dijera que “los grupos parlamentarios trabajamos intensamente para lograr un Estatuto rigurosamente constitucional“, el recurso afectó 114 artículos.

Por supuesto, las reacciones fueron las esperables. Chacón (PSC) dijo que “este recurso pone de manifiesto el poco respeto a la voluntad de los catalanes“, incluidos los votantes del PP. Durán i Lleida (CiU) directamente lo llamó “acto de agresión política contra Cataluña“. En similares términos se expresó ICV, “una nueva agresión a Cataluña y a la Generalitat“.

Ni entonces ni nunca se trató de actualizar un estatuto, o de estabilizar unas prácticas bajo un paraguas legal, o de dar cabida a sentimientos en costuras racionales. Por si aún no han caído: esta proyección construía un relato según el cual el PP es agresor y hostil, especialmente anticatalán. Cuántos asintieron y se dejaron llevar por la corriente. Cuántos lo siguen repitiendo. Cuántos fueron incapaces de ver entonces la estrategia que había detrás, que no era otra que la lucha por la hegemonía y el control de discurso. Marketing. Storytelling. Durante diez años. No hay corriente que lo resista.

Porque aunque todos hoy sabemos que fue el PP, hubo otros seis que recurrieron el estatuto. El Defensor del Pueblo y cinco comunidades autónomas (Murcia, Rioja, Aragón, Valencia y Baleares). Es decir, que el recurso se habría presentado lo quisiera el PP o no lo quisiera el PSOE y el catalanismo. No hubo declaraciones por parte del tripartito ni de nadie del parlamentarismo catalán.

Durante la tramitación del recurso hubo recusaciones cruzadas, siete borradores de sentencia y un sinnúmero de ires y venires. Incluyendo una bronca en público de la Vicepresidenta a la entonces presidenta del Tribunal. Todo el mundo trataba de salvar la cara y la honra sin quemarse por el camino.

Hasta que ocurrió algo que explica tanto separatista reconvertido: el editorial conjunto del 26 de noviembre de 2009.

Ya lo he mencionado antes. Fue el pistoletazo de salida a todo lo que ha venido pasando después: las movilizaciones, la creación de la ANC, de la AMI, las diadas… siempre se decía que venían de abajo a arriba, que todo el procés lo era. Y lo es, aunque un paso por detrás de la campaña habitual. Resulta terriblemente sencillo plantar una semilla y esperar a que otro la reciba, la procese y con el tiempo brote como si fuera genuino. Donde falla toda esa espontaneidad es, precisamente, donde es más visible ver la manipulación. En el lenguaje. Las palabras escogidas para referirse a algo, los memes de conceptos y frases que vistan una idea y la rellenen. Desde la hostilidad inicial –Espanya ens roba, apadrina un nen extremeny– a la modulación gradual hacia los somriures pasando por los ara es l’hora. Todos los discursos están elaborados. Todos los argumentos están comprados y se repiten sin cuestionarse. Sirva de ejemplo la inmersión lingüística: es un modelo de éxito que permite la cohesión social, sin la cual el catalán estaría en peligro. Replican los argumentos del año 1983. En 2017. Y lo seguirán haciendo mientras haya quien siga atreviéndose a cuestionarlo.

El 28 de junio de 2010, cuatro años después, el Tribunal Constitucional hizo pública la sentencia sobre el recurso del PP. Declaró inconstitucionales catorce artículos.

-Seis correspondían a la creación de un CGPJ catalán para crear su propio gobierno judicial (en abierta contradicción con el CGPJ). Suena razonable que no haya dos entes paralelos.

-Dos sobre gobiernos de cajas de ahorros (ya extintas) y entidades de seguros. Nada interesante.

-Uno sobre la vinculación de los dictámentes del Consell de Garanties Estatutaries. Declarado inconstitucional para proteger la labor legislativa del Parlamento. De no haberse declarado inconstitucional, el 7S la Llei de Transitorietat no habría podido salir adelante. Eso no le habría gustado a ninguno de nuestros separatistas, pero la sentencia del Estatut.

-Uno sobre la capacidad exclusiva del Síndic de Greuges respecto a la Administración catalana (inconstitucional por pretender que nadie más pudiera fiscalizar la labor del gobierno local). A todos nos gusta la idea de contrapesos del poder y que existan múltiples mecanismos para controlar a gobiernos y administraciones. Bueno, a todos no.

-Uno sobre la capacidad legislativa del Parlament de crear y regular impuestos (competencia exclusiva del Estado). Suena lógico que se intente que exista la menor cantidad de entes creadores de impuestos posible.

-Uno sobre la solidaridad interterritorial, donde exigía al resto de comunidades un esfuerzo similar (inconstitucional por pretender decidir cuánto participa cada autonomía, competencia exclusiva del Estado). Razonable, dado que el Estado es el único que puede tomar la decisión sin estar condicionado por su propia codicia.

-Y la guinda para el final. El catalán como lengua de uso “y preferente” de las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza. El Tribunal suprimió sólo la preferencia para que no hubiera desequilibrios en la cooficialidad. Esto a los de Súmate no se lo han explicado, pero la sentencia del Estatut.

Por eso, ni Carmen ni Toni ni Ismael ni el resto se hicieron separatistas por la sentencia del Estatut. Es muy probable que ni siquiera se la hayan leído, como no se la ha leído prácticamente nadie.

Se hicieron separatistas porque alguien les dijo que esa sentencia del Estatut debía hacerles separatistas.

 

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11 comentarios en “Por qué se hicieron separatistas

  1. Hola,

    Ante todo agradecer tanto la brillante entrada como el blog al completo (que ya mismo guardo en favoritos). Especialmente la demoledora última frase.

    Es evidente que el Estatut no fue el motivo por el que tanta gente se ha hecho independentista (igual que tampoco lo fueron los papeles de Salamanca, ese tema que era vital para la dignidad de Cataluña y del que nadie se acuerda). Pero incluso añadiría que se usa como excusa para no reconocer el verdadero motivo que ha hecho a la gente independentista: el nacionalismo.

    Porque admitámoslo: el nacionalismo gusta. No hay nada más atractivo que la idea de que nosotros somos seres de luz y merecemos un trato especial frente al resto, que no llega ni por asomo a nuestro nivel, faltaría más. Y lógicamente todos preferimos que la culpa de este caos la tenga el PP (que no le gusta a nadie) antes de que nos desmonten esa idea. Llevan años diciéndonos que somos especiales, ¡no nos podemos llevar ese chasco ahora!

    Algo similar ocurrió con los yihadistas de Ripoll, que sorprendía que se hubieran radicalizado rapidísimo. En realidad no es así, pero es que sólo vemos la punta del iceberg, no la base ideológica que hay debajo y lleva años formar. Es decir, nos parecen integrados porque jugaban a fútbol y ligaban con chicas, pero no nos damos cuenta de que prestaban más obediencia y respeto a su imán y a la mezquita que a sus profesores de instituto. Del mismo modo, nos sorprende que un tipo con carnet del PSC se haga independentista, pero resulta que lleva toda la vida repitiendo el mismo discurso que los nacionalistas. “Es que hay que reconocer el encaje singular de Cataluña en el Estado…” Mal vamos si partimos de la base de que a los catalanes se les debe tratar de forma especial, porque todo lo demás viene en consecuencia.

    Un saludo

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  2. Felicidades por poner negro sobre blanco la realidad. Somos muy pocos los que nos leímos la sentencia y lo tenemos claro desde el principio. Eso sí, clamando en el desierto, porque esto tan sencillo no ha habido discurso contradictorio que lo haya puesto sobre la mesa. Nadie lo ha explicado en 7 años.

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  3. Magnífico artículo, lleno de enlaces significativos. Te lo has currado.
    Solo quiero añadir dos puntitos:
    -El Estatut era en realidad un ladrillo más hacia la independencia. Los que estábamos en contacto lo vimos así. El pujolismo estaba construyendo pasito a paso en Cataluña toda la estructura económica, institucional y mediática para ello, explícita en el famoso Programa 2000 y en el “hoy paciencia, mañana independencia”. Tanto colocar el término “nación”, lo que frenó el PSOE, como todas las medidas que el TC anuló, iban en ese sentido. Imaginemos por un momento que, en la situación actual, existiera además el reconocimiento legal de Cataluña como “nación”… ¡para qué querríamos más!
    -Tu análisis demuestra perfectamente que el recorte del Estatut no es en absoluto la razón del secesionismo actual. La cosa viene de mucho más atrás. Y quiero citar un breve fragmento de un artículo de prensa escrito en 1910 ¡hace 107 años! con el título “La independencia de Cataluña”:
    ” …muchos no comprenden por qué se obstina en reclamar nuevos privilegios una provincia escandalosamente favorecida ya por el arancel, cabe replicar: “Los catalanes eran fuertes, puesto que obtuvieron esas ventajas; ahora, gracias a ellas, son doblemente fuertes, y exigirán ventajas dobles”.

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