Concursos

  1. Te descargas los pliegos. Los separas por el tipo de información que solicitan en cada apartado: Solvencia Económica, Solvencia Técnica, Documentación Adicional.
  2. Los lees dos veces, asegurándote de descifrar el código secreto en el que fueron escritos. Todo redactor de pliegos es un retórico frustrado.
  3. Lista A: cosas que me piden y puedo reunir. Lista B: índice de cosas, conceptos y peticiones que necesito aclarar. Apuntar la fecha en la que se resuelven dudas.
  4. Te pones a planificar un esbozo del proyecto.
  5. Pruebas el producto. Parece mentira, pero casi nadie lo hace ya.
  6. Hablas con el target. Parece mentira, pero muchos parecen empeñados en saber ya quién y cómo es el target y no se molesta en comprobarlo.
    • Si el producto ya existe: gente que ya lo ha probado o lo conoce
    • Si es un producto nuevo: usuarios de otros productos de la marca, o bien de productos similares que puedan servir de referencia.
  7. Analizas a la competencia. Parece mentira, pero algunos se limitan a ver un anuncio detrás de otro y no se paran a pensar qué hacen, cómo lo dicen, quiénes están, dónde se sitúan, cuánto invierten, qué estrategias siguen cada uno.
  8. Analizas al prospect. Compilas un histórico que indique la evolución del pasado para comprender el presente.
  9. Recopilas las mejores prácticas del sector u otros afines. Se trata de identificar algo bien hecho e intentar aprender, o mejor, imitar.
  10. Observas el mercado y el sector. Compruebas su estado, perspectivas de futuro, opinión de analistas y gurús, y sacas tus propias conclusiones.
  11. Mientras tanto, te has ahorrado los errores clásicos:
    1. Se lo has enseñado a todo el mundo y has permitido que tuvieran su propia idea desencaminada, sin tener todos los condicionantes anteriores.
    2. Planteas el desarrollo como si quisieras demostrar lo listo que eres y la cantidad de palabras complejas que conoces y dominas, con diagramas complicadísimos y matrices triples rellenas con texto a cuerpo 8.
    3. Haces un brief.
  12. No haces un brief.
  13. Reúnes a los responsables finales y les haces una presentación muy simple y digerida del contenido. Qué hay que hacer. Para quiénes va dirigido. Qué datos apoyan y cuáles rebaten.
  14. No se trata de plantear un problema que deberías haber resuelto ya.
  15. Tampoco fijar una idea a partir de la cual el Director Creativo pone de su parte. Está todo por hacer.
  16. Evaluáis la situación. Aterrizados los datos de partida, identificado el objetivo final del concurso -qué piden y en qué formatos, para cuándo-, decidís qué es necesario hacer. Si hace falta investigación, si la parte estratégica tiene recorrido, y sobre todo si hay tiempo para hacerlo bien.
  17. Se decide si se participa, en base a principios que escaparán a tu control como que el proyecto es interesante, la remuneración estratosférica y las posibilidades creativas dignas de un festival.
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