Quiero ser banco

A nadie le gusta sentirse el perdedor en una historia de finales agridulces. Si alguien señala con el dedo al responsable de un mal, éste tenderá a defenderse o a echar a su vez la culpa a otros en una espiral sin fin que, precisamente, es lo bueno que tiene: que de tanto mirar para otro lado al final no paga nadie el pato.
Los perdedores de mi primera paja mental en dos años son todos aquellos que se metieron en hipotecas a partir de 2007. Mucha gente que en su fuero interno tienen cara de primo y, precisamente por ello, luchan como fieras por librarse del sambenito (para los de la LOGSE: era un traje especial que hacían ponerse a los malos cristianos cuando les pillaban, lo de San-Benito-todo-junto es otra historia).
Se habla mucho de ‘especulación’, y a mí, como me divierte toda palabra que tenga un culo, me da la risa floja cuando tantos y tantos alzan sus voces contra los ‘especuladores’ [pfff] que han causado la ‘burbuja inmobiliaria’ a causa de las ‘recalificaciones del suelo’ promovidas por ‘grupos de presión’ hacia ‘elementos municipales presuntamente imputados por cohecho y apropiación indebida’ que…
¿Lo veis? Es muy fácil perder el hilo. ¡Mire mi dedo, mírelo bien, qué bonito es mi dedo!

¿Qué pasa con los pisos?
Según el Instituto Nacional de Estadística, el INE para los iniciados, en 2010 el número de hipotecas constituidas (LOGSIANOS: gente que no tenía pasta para un piso y pidió prestado al banco) para cualquier tipo de casas era de… tachán tachán…
_¿Cero?
_¿Menos mil?
Casi. Novecientos cincuenta y seis mil ciento veintisiete. Vedlo en números, que impresiona todavía más: 956.127 hipotecas nuevas.
¿Pero no habíamos quedado en que el precio de la vivienda en España estaba sobrevalorada desde hacía tiempo? ¿No se supone que está todo el mundo (toooodo el mundo) gritando cosas como ‘los bancos’, ‘los especuladores’, ‘los mercados’ y ‘que la vivienda baje ya, coño’?
Asegurémonos. Todos estamos de acuerdo con que “la crisis” empezó formalmente desde 2008, que es cuando a ZP se le escapó por primera vez ese palabro.
Dicho esto, en 2009 se constituyeron 1.082.587 hipotecas nuevas. En 2008, año de pánico y crujir de dientes, 1.283.374.

Teniendo en cuenta, siempre según el dichoso INE, que el precio medio de vivienda en España está en 1.825,5 leuros el metro cuadrado (un precio muy alto), ¿debemos entender que, según el INE, hay más de 3 millones de gilipollas? La respuesta, amigos míos, es un rotundo no: en España hay 14.722.533 gilipollas, que son los que pagan el impuesto por ser persona física. Para ser un país de casi 50 millones, aquí hay mucho golfo suelto que, en lugar de pagar al Estado, le paga al constructor, ¿y extraña que incluso con crisis y los pisos sobrevalorados haya gente que los compre?
_Será que no hay mucho donde elegir y por eso los pisos son caros.

El inmenso erial (céntrico, muy luminoso, exterior, preciosas vistas, mejor ver)
En 2001 (no encuentro datos más recientes) había 3,1 millones de pisos vacíos. El 80% de la costa de España, desde un kilómetro atrás del litoral, está ocupado por viviendas. Eso, amigos, es más de 2500 kilómetros de casa. A mí me huele un poco a chamusquina.
Supongamos (ingenuamente) que la construcción de estos últimos diez años ha ido al mismo ritmo que la compra de pisos y que todo piso que se ha construido ya tenía comprador. Olvidemos Seseñas y Valdeluces y metámoslas en el saco de paparruchas imaginarias para asustar a los niños. Seguiría habiendo 3 millones de viviendas deshabitadas.

¿Qué pasó?
Supón que tienes un dinerillo y eres amigo de un alcalde de pueblo costero. Has leído que muchos guiris invaden España en busca de un retiro dorado al más puro estilo (cutre) de Florida o Atlantic City sin casinos pero con bingos. Te has enterado de un terreno a diez kilómetros del mar (o de la ciudad) que se vende por cuatro perras porque no vale ni para sembrar (todos los terrenos más cercanos a la playa, repito, todos, ya están cogidos). Coges al alcalde y le prometes un diez por ciento. El tipo te lo recalifica en urbanizable en lo que tarda en decir ‘qué hay de lo mío’.
Has oído que los costes de construcción se reducen cuanto más gordo sea el proyecto (y más sacas al mismo tiempo), así que en lugar de hacerte una casita con jardinazo versallesco, que valdría un millón, decides hacer una macrourbanización de 60.000 viviendas a 300.000 la unidad. Echas cuentas y la cifra te produce micro-orgasmos oculares. Mentalmente ya tienes el megayate, el jet privado y el palacio en los Hamptons.
Te pones a construir, por fuera muy vistoso pero con los materiales más baratos posibles. No terminas de verlo vendible. Ya hay mucha urba, mires donde mires hay casas, has puesto mucho dinero en juego y todo esto lo estás haciendo para forrarte, no lo olvides. Lees en alguna parte que un campo de golf, por cutre que sea, revaloriza las viviendas un 20% sólo por el hecho de que haya verde alrededor. Si además difundes que lo ha diseñado un golfista profesional, aunque sea el número 800 del mundo, la cosa se dispara. Visualizas una isla en el Índico y tú clavando un cartel con “Propiedad Privada” escrito en él.
La acabas. Cóctel de inauguración, señores traje oscuro, señoras traje largo, SRC. Un famosete de animador y un par de fulanas repartiendo puros para caldear el ambiente. Un par de periodistas a sueldo te cubren el evento, tus manos están desolladas de tanto frotártelas… vas a forrártela de oro, ¿qué podría salir mal?

Lo que no sale en los periódicos hasta que es demasiado tarde
Escoge la opción que prefieras:
a. Alguien de la oposición se ha enterado del chanchullo y, como no ha pillado cacho, se ha ido de la lengua. El alcalde está imputado (presuntamente), no coge el teléfono y se ha paralizado la concesión de las cédulas de habitabilidad.
b. Un informe de impacto medioambiental que nadie había querido leer llega a manos de un periodista con síndrome de Woodward y te monta un circo mediático. El alcalde no se pone ni en el despacho. El Ministerio de Medio Ambiente interviene con la UME. Greenpeace saca sus ballenas. Oyes las máquinas de derribo llegando en la distancia.
c. No vendes ni un triste bajo. La competencia te la tiene jurada y te las clavan todas. El alcalde se ha vendido a otro y te ha borrado del messenger. Los proveedores hacen cola con garrotas. No tienes ni para el autobús.
d. Se te acaba el dinero antes de acabar las obras. Incluso con lo que has ganado vendiendo sobre plano estás seco (obviamente, en lo que respecta a la legalidad). Amarras con lo que puedes y te fugas con la secretaria pechugona. Tiras el móvil al mar y que le den por culo al alcalde.
e. Todo era un pufo pensado para llevarte cuanto más, mejor. Te lo montas para que los estafados sean todos hijos de la gran Bretaña. Le dejas el marrón a un Ministro y que el alcalde se las apañe como pueda. No tenías teléfono ni lo tienes ahora. Te vas a la República Dominicana.

¿Resultado? Una panzá de casas que no sirven ni de adorno y unos cuántos campos de golf que merecen trasvases, broncas y unas cuantas bofetadas que se llevan hasta los que no tienen culpa. Y es que, ocurra lo que ocurra, al final siempre aparece un señor de Murcia.

Aquí pringamos todos
Venga, hablemos como adultos. Aquí hubo mucho listo que quiso subirse a la cresta de la ola cuando venía crecida y esperaba convertir el barro cocido (ladrillo) y la arena solidificada (cemento) en oro. Vieron la oportunidad y montaron inmobiliarias, constructoras y demás y esperaron la lluvia de maná en metálico. Se volvieron locos (¡más ladrillo, es la guerra!) y de pronto se dieron cuenta que se habían pasado un poco, pero sólo un poco: había más casas que gente. Así que se inventaron un bulo (“Comprar es invertir. La vivienda nunca baja. En España hay cultura de compra, no de alquiler”) y se aprovecharon que Trichet (un tipo que sólo decide cuánto vale el dinero) estaba en plan generoso para que todo quisque presumiera de metros cuadrados, zonas comunes, acabados de lujo, memorias de calidades y domótica en el baño.
¿Cuántos borregos balaron al mismo tiempo y corrieron a su inmobiliaria más cercana? ¿Tú, astuto lector, fuiste uno de ellos? No te preocupes, no te vamos a tirar huevos. Por no hacer, ni siquiera te vamos a dar una palmadita en la espalda. A fin de cuentas, tú también querías ser un listo. No podías quedarte con la sensación de que podrías haber ganado un dineral por poner tu firma en un par de escrituras, la de compra y la de venta, y no haberlo hecho. Tú también querías dinero fácil. Los malos, todos lo sabemos, son los bancos.

¡Ah, el Eje del Vil Metal! ¡Sus et aellos!
Ellos te obligaron con cantos de sirena, ofreciéndote incluso más de lo que necesitabas, incitándote a que con ese dinero compraras muebles, ¿y por qué no un coche? ¿Y unas buenas vacaciones después? Oh, qué odiosos.
Los bancos. Yo de mayor quiero ser banco: cojo, hago lo que me sale de los huevos, utilizo dinero que no es mío y juego con él a mi entero capricho, me dejo timar pese a mis cuatro másteres y posgrados por otros bancos que quieren quedárselo todo, lo pierdo en un visto y no visto y, ¿qué hago? Pido más.
‘Rescate financiero’ al canto, pánico desatado e histeria colectiva. Es que vivir sin bancos suena taaan siglo XIX…
Pero lo mejor, lo más genial de todo esto, ¿sabéis qué es? Que no pasa nada ni va a pasar nada.

Ir pa’ ná es tontería
Sí, mucho twitteo nervioso, algún grupo en Facebook, estas mismas líneas apresuradas… pero aquí se acaba. Nadie irá a protestar, ni a retirar sus ahorros, ni a exigir penas de cárcel. Y al próximo que se prejubile con un bonus de nuestros millones, le desearemos externamente lo peor mientras internamente desearemos ser él y tener un momento para preguntarle sin ocultar nuestra admiración:
_Tío, en serio, ¿cómo lo haces?

Y así funcionan las cosas. Unos pocos que tienen mucho y unos muchos que tienen poco. Equilibrio comercial, lo llaman.
No todos lo aceptan sin más, claro. El lenguaje ultra-progre está trufadito de expresiones grandilocuentes como ‘redistribución’, ‘comercio justo’, ‘altermundismo’. Piensan que con sus palabras (sus actos no siempre son congruentes) moverán conciencias y apelarán a la generosidad del mundo occidental. Pero la base del problema no está en si la gente es más o menos generosa: ya sabemos que no lo es, y que la tendencia, por sistema, es arañar cuanto más, mejor. Ellos los primeros.
El lenguaje liberal (o neo-liberal, en función de a quién pregunte) está igualmente plagadito de mensajes inspiradores [oooh!] como ‘libertad de mercado’, ‘supresión de barreras comerciales’ o ‘globalización de los mercados’. Éstos apelan a la otra parte de la conciencia, la avaricia, porque otra cosa no, pero de eso no se conoce aún el límite. Si alguien tiene mucho, la norma es que quiera más porque gasta más y necesita más en una espiral interminable. Luego, cuando has traspasado la frontera de lo grotesco y estás entre los diez tipos más ricos del mundo, te puedes permitir gestos como donar la mitad de tu inagotable fortuna, comprar una mina de plata porque te apetece hacer algo por tu pueblo o montarte ONG’s. Pero para eso, tienes que haber ansiado amasar y amasar y amasar dinero. Y conseguirlo.
El canon (LOGSE: lo normal) dice que los que buscan algo parecido a justicia representan el Bien y los que sólo miran por ellos y están dispuestos a todo para lograrlo, el Mal. Pero el canon también dice que el Bien siempre gana.
¿Y quién gana siempre? La banca.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s