Pagafantas

Pagafantas es un término que creó escuela gracias a un cachondo y un vídeo de Youtube no hace ni un par de años. La palabra caló tanto que hasta se hizo una película para recrear a gusto el término y todo lo que significa. Pero, claro, por pagafantas no se entiende sólo al tipo que paga fantas a menores para no llevarse de recuerdo ni un mal muerdo. También podría extrapolarse a todos aquellos que nos quedamos con cara de tontos viendo cómo marchan las cosas a nuestro alrededor…

Madrid
Ha llovido lo suficiente como para haber superado el mal trago de ver cómo una ciudad con graves problemas estructurales y de seguridad elemental nos ganaba de calle -de avenida, más bien- en la lucha por el sueño olímpico. Otra vez.
Madrid tiene una deuda acumulada de 7.000 millones de leuros, a los que hay que añadir los 28 que costó publicitar la carrera olímpica. Pero como “seguro que luego queda todo muy bonito“, pues aquí no pasa nada. Nos multan incluso cuando no deben, nos ponen una tasa de basuras que parece un impuesto de lujo, nos levantan la ciudad día sí y día también… pero eh, no veas qué cómodo será en un año caminar por Serrano.
Por si eso no bastara, al partido que gobierna aquí no se le ocurre otra cosa mejor que hacer un sábado por la tarde que una algarada pro-vida con márketing y merchandising incluido. Debe ser una especie de Manifestación 2.0, “protesta y encima gana dinero con ello“. No entro a discutir si tienen razón o no la tienen. Sé que no la tiene Aído cuando dice eso de “mientras gobernaba Aznar se practicaron 500.000 abortos y no hizo nada por evitarlo“, porque es lo mismo que decir “mientras gobierna Zapatero se han perdido 2 millones de trabajos y no sólo no hace nada por evitarlo, sino que además los sindicatos tampoco quieren poner trabas a sus pagadores“. Sé que tampoco la tiene Aznar cuando hace acto de presencia porque, efectivamente, bien pudo suprimir el aborto en todas sus vertientes despenalizadas y no pareció importarle entonces.

España
Y sin salir del PP, el lodo se expande a cuenta de una pandilla de golfos que pretendían vivir del cuento a Costa de cuanto se pusiera delante. Al mismo tiempo que el tipo que dice ser nuestro presidente (cuando, en realidad, sólo es el presidente del partido dueño del gobierno) se quiere poner todas las medallitas y sacudirse todas las faltas. Y mientras las niñas, las góticas adoradoras de la muerte, van al insti cada una en un coche oficial, él se las da de Gandhi, un tipo que prefería andar descalzo. Olé. Y yo soy el nuevo Howard Beale.
También nos hemos ido enterando que a un directivo del BBVA le han prejubilado con una pensioncita de 3 kilos anuales con todas las ventajas habidas y por haber. Cojonudo, amigos. Hace un año lloraban por ayudas del Estado y en cuanto las han conseguido ya sabemos en qué se las gastan. Pero nosotros, como buenos pagafantas, no decimos ni pío, no vaya a ser que me suban la hipoteca o me nieguen el crédito con el que irme de vacaciones. Porque nosotros, claro, queremos un besito aunque nos cueste varias fantas. Para qué darles un toque de atención retirando el dinero de los bancos, huy qué horror, qué pereza y qué barbaridad, con lo a gustito que ando tirando de tarjeta de crédito.

Mientras los titiriteros -no, los actores no- sigan echándose mierda unos a otros para mantenernos distraídos, seguiremos creyendo que el rey no va desnudo y que realmente son los mejor capacitados para mandarnos a todos a la mierda gobernarnos. Esos sí que merecen un Óscar y no Pe. Pero ya que hablamos de actores, ¿qué tal si le pagamos otra fanta a Almodóvar? Ese mismo tipo que hablaba de golpes de estado derechistas y que no tenía reparos en llamar de todo a nuestro segundo bigotudo más odiado, ese que tenía miedo de esa gente y tal… resulta que considera una “barbaridad” que un colega vaya a ser juzgado por violar a una menor hace 30 años. Todo tiene su explicación, claro: Polanski es colega y además no es Aznar. Eso debería explicarlo todo, pero no sé por qué a mí me sigue apestando a hipocresía. Será que le tengo manía, será.
Aún quedan un par de fantas en la nevera y una podría ser para, de nuevo, los bancos y promotoras que siguen sin querer bajar los precios de esos pisos que nadie puede ya permitirse pero que aún así cuestan un congo. Quien más quien menos sabe ya que bajar el 30% de un piso así de golpe huele a podrido (¿”no podían haberlo bajado antes? ¿Quieren decir que en realidad querían cobrarme un 30% más, por si colaba”?) pero resulta chocante que a estas alturas aún no hayan bajado ni siquiera un 10% de media, cuando todos somos ya conscientes del pinchazo de la burbuja y buscamos a la familia del tipo que juraba que invertir en ladrillo era un valor seguro porque “nunca baja“. Resulta que unos cuantos de esos pisos que “nunca bajan” ahora son propiedad de los bancos que concedieron las hipotecas para pagarlas y se los tienen que comer con patatas. Lo suyo sería que se deshicieran de ellos cuanto antes -subastándolos- sin que pretendieran hacer negocio con ellos, ¿verdad? Nones. En un país con una cultura de mierda y una expectativa educativa aún más de mierda no se puede esperar que cuatro mediocres piensen con la cabeza y no con el billetero.
La otra fanta se la podemos dar a todas aquellas marcas que ahora se echan las manos a la cabeza cuando ven que las llamadas “marcas blancas” se comen todo su beneficio. “Pero, ¿cómo es posible? ¿Cómo se puede concebir beber un café que no sea Putufrú de Fuá, la de toda la vida“? A lo mejor porque la marca blanca cuesta la mitad y, en realidad, no estamos para ser sibaritas. Pero, ¡oh, milagro! Resulta que todas, toditas, saben apretarse el cinturón cuando hay crisis y hacer curiosas rebajas de precio y promociones cojonudas. Y entonces vuelve a oler a podrido en los malpensados que creen que, en realidad, si hubieran mantenido esos precios constantemente no estarían con la soga al cuello como lo están ahora. Y la de tralla que nos ahorraríamos de ver en anuncios estúpidos por la tele. Pero… como somos pagafantas nos limitamos a pagar, calladitos, y a esperar ese beso que no llegará jamás. Desde aquí se pueden oír sus risas.
Pues qué queréis que os diga, yo como que empiezo a estar un poco harto de pagar fantas y matarme a pajas.

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