Malditos bastardos

El 14 de diciembre de 2003, un tipo llamado Paul Bremer dijo seis palabras que dieron la vuelta al mundo: “ladies and gentlemen… we got him” [para los de la LOGSE: ‘¡eh, tíos! ¡Hemos pillao al Saddam!‘] y, pocos meses después, ahorcaron a ese mismo tipo al que unos años antes habían recibido con palmaditas en la espalda y abrazos entrañables.
Si me ha dado por resaltar algo tan anodino para este lado del charco es por un motivo simple: hoy, quienes pronuncian esas palabras son Susana Hidalgo, Henrique Mariño y Óscar López-Fonseca. ¿Que quiénes son? Pues son los periodistas encargados de señalar con el dedo al asesino de aquél chaval al que mataron hace año y medio cuando iba a reventar una manifestación de nazis, protonazis o pipas. Y el nuevo Saddam no tiene bigote. En realidad, el nuevo adalid del Mal Encarnado es más bien un tipo sin carisma, sin escrúpulos y, además, sin nada en la cabeza salvo aire. Josué Estebánez de la Hija se llama, y con eso debería decirlo todo y terminar la arenga de hoy aquí. Pero no lo haré.

No lo haré porque, para empezar, está muy feo señalar con el dedo. Y también está muy feo dar nombres y apellidos de gente que está siendo juzgada (lo de las iniciales no es sólo una moda pija que poner en las camisas a medida). No está feo pasarse por el forro la presunción de inocencia porque el famoso vídeo del crimen deja muy clarito que no es precisamente inocente, el idiota éste, aunque aún así se debería al menos quedar bien.
Pero, sobre todo, sí está feo echar toda la mierda posible sobre la vida de un tipo que se juega la libertad. Y más cuando la víctima, que también tiene nombres y apellidos que darían para alguna risita cabrona y macabra, no era muy diferente al odiado del día. La única diferencia existente entre asesino y asesinado era el brazo que alzaban.
Y mirad, sin que sirva de precedente, pues va a ser que Mariano tenía razón el otro día cuando dijo aquello de “no quiero ni pensar qué se diría de alguien a quien le pescan haciendo el saludo fascista“. He aquí la respuesta. ¿La causa de aquél temor? Esta otra imagen. ¿El motivo por el que ahora le doy la razón que le negué entonces? Porque cualquiera con un mínimo de sentido crítico sabría decir que, en estas dos imágenes, sólo hay gente haciendo el gilipollas.
_Un momento, eso es muy ruin. Uno es un asesino y la otra una vividora… vale que ninguno es motivo de admiración, ¡pero tampoco es comparable!
Es que no hablo de quiénes, sino del qué. De por qué blanco sí, pero negro no.
Decidme pues, gentes: ¿le negamos a los unos el “orgullo” (?) y “derecho” (!) de los otros a mostrar saludos arcaicos y extremistas?
_No te me pongas tibio, que te veo venir…
Sí, es que ese es el problema. Que aquí nadie puede ser tibio. O estás con el uno o con el otro porque ambos representan el extremo de las dos únicas formas de pensar que se dan hoy en día aquí. Pues al carallo, damas y caballeros. Pienso ser muy tibio.
Lo seré porque el muerto me importa muy poco. Lo seré porque el asesino me importa muy poco. Porque este lío, por mucho que haya quienes quieran separar la política del asunto, sólo se comprende desde el punto de vista político. Ni uno habría muerto ni otro habría matado de no ser así. Por algo unos son ‘cerdos‘ y otros ‘guarros‘: son de la misma especie.

Hoy El Mundo se hace eco utilizando una fuente policial, el mismo tipo de ‘expertos’ que dicen que si anda como un pato, nada como un pato y habla como un pato… tal vez sea un pato. Incluso aunque el pato asegure que es un cisne.

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