¿Feliz cumpleaños?

Se me acumula el “trabajo” después de autoproclamar mi propio mes de vacaciones pagadas y dejar por el camino una redecoración, un par de proyectos y la sartén con la que freía los huevos.
A todos los que se dieron un paseo por aquí estos últimos días y se encontraron con que me rascaba el forro con demasiada fuerza sólo puedo decirles que “ya os vale, panda de vagos” y que fue sin querer queriendo.

Cuando desperté esta mañana y me tomé el primer café -sin pensar en que antes de salir podría ser una buena idea mirarse a un espejo para ver si la almohada se puso creativa con mi pelo durante la noche, y parece ser que le dio un punto kitsch a juzgar por cómo me miraron en el bar- no tenía ni idea de que hoy, uno de septiembre de 2009, era un día especial. Bueno, en realidad no más que cualquier otro que esté de aniversario, pero todo freak de la Historia con mayúsculas sabe que tal día como hoy, hace 70 años, el mundo cambió para siempre. Y, tal y como solemos hacerlo los humanos, empezamos a hostias.

Hace 70 años unos tipos altos, rubios, con cara cuadrada y cascos redondos -comandados por un tipo bajito, moreno y cara de triste con gorra de plato, curiosa ironía- se pusieron a pegar tiros a los vecinos que tenían a su derecha, unos meapilas que vivían en un país que se llamaba como un programa de TV3 Polonia. Apenas unos días después, los vecinos que éstos tenían a su vez a su derecha, envalentonados de vodka y a ritmo de balalaika también entraron pegando tiros. Lo que en lenguaje militar se conoce como “movimiento de tenaza” y en lenguaje castizo, “una putada de cagarse por la pata ‘abajo”.
_Espera, espera… ¿me estás diciendo que Hitler, un redomado fascista, y Stalin, un bigotudo comunista, se pusieron de acuerdo para invadir Polonia juntos y en alegre compañía?
No sólo eso. Unos pocos días antes se había firmado el Pacto Molotov-Ribentropp por el que ambas democratísimas potencias se repartían el espacio que había entre ellas, desde Finlandia hasta Rumanía. En ese pacto, ambos prometían no mandar un obús demasiado fuerte para así tener un problema menos y facilitar las cosas en eso de invadir y tal.

El único problema, con el que ya contaban, era que los llamados Aliados (entonces UK y Francia, USA aún no tenía amigos con los que juntarse) no tardaron ni dos días en declarar la guerra a Alemania, y todo porque los polacos, que se olían el pastel, obligaron a los ingleses a firmar con ellos un tratado por el que si “alguien y-no-miro-a-nadie” les invadía, Londres inmediatamente se pondría de uñas. Fuera quien fuera, como por ejemplo un país que empieza por A y termina en ‘lemania’.
Stalin, que se olía la jugada, supo esperar unos días para invadir su trozo de terreno y evitar así que los Aliados se enfadaran también con ellos. No sólo eso, en un asombroso movimiento de cadera, consiguió por un lado salirse con la suya en lo que a invadir se refería y estar a buenas con los guiris.
Mientras, la gabachada temblaba y no por nada: a fin de cuentas, Polonia no es tan grande y una vez que se hubieran hartado de matar cosacos, a los alemanes no les quedaría otra que mirar hacia el oeste para calmar sus ansias de expansión, en un valiente eufemismo llamado “espacio vital alemán” que venía a ser, así a ojo de buen cubero, el mundo entero y parte de la Luna.
Merendados los polacos, y oficialmente en guerra con Francia, a los alemanes les dio por ponerse chulitos: que si ataco, que si no ataco, que si “huyyy, ¡mosqueo!”… dejando a los pobres franchutes con un ataque de nervios de aquí te espero:
_Pero ¿vais a atacar ya, pour l’amour de Dieu?
Hitler, mientras, les miraba de soslayo con sonrisita cabrona. No por nada, sino porque se divertía viéndoles cocerse en su propia salsa, sin atreverse a disparar primero, mientras Dinamarca se rendía sin pegar un tiro y Noruega sólo resistía un par de meses. Con el Norte asegurado, decidió que ya era hora de andar lanzando petardos por el oeste… pero aún esperaría un poco más antes de sacudir a quienes realmente quería.
El 10 de mayo de 1940 termina la espera invadiendo a cascoporro, que para eso son nazis. Para que os hagáis una idea de lo brutos y eficientemente alemanes que eran, en tan sólo mes y medio Francia (que se suponía tenía el ejército más grande de Europa) firmó el armisticio, se rindiera y les regalara París y dos tercios siempre y cuando fingieran que seguían mandando ellos, poniéndose como nuevo nombre el de una conocida marca de agua que habían bebido en la comida aquella mañana. Una vez sometidos los enemigos del continente, y toda vez que empezaba a hacerse el loco cada vez que Stalin intentaba llamarle, al enano del bigote a lo Charlot (no, Franco no) se le antojó que quería poder cazar el zorro en Hertfordshire y qué mejor manera de hacerse amigos que bombardeando Londres durante siete meses.

A partir de aquí, según todas las películas chachis que nos hemos ido tragando, se supone que los malos -los nazis, por si hay algún despistado- empezaron a perder. Es lo que tiene Hollywood, que está lejos. En realidad, antes de lo que se dice “empezar a perder” a los de la cruz gamada y el saludo romano les dio tiempo a merendarse Libia, Yugoslavia, Grecia, Bulgaria, Hungría y Rumanía (e Italia se conseguía Albania y un trocito de Túnez). Y todo en apenas un año.
No, en realidad cuando empezaron a perder fue cuando al enano austriaco (país que se anexionó por su cara “bonita” en 1938) se le metió entre las cejas que, como ya no le quedaba nada por invadir, tan sólo le quedaba la URSS para ahostiarse. Y en invierno, además, que los chulos en realidad no eran ni fueron nunca los madrileños, sino él.
3 millones y medio de soldados alemanes entraron en la Unión Soviética el 22 de junio de 1944. Pensaron que, como se merendaron Francia en un mes, antes de Navidad habrían llegado a Vladivostok (que, para los que no han leído nunca a Ibáñez, es la ciudad rusa más oriental, casi fronteriza con Corea del Norte) porque “ellos son asín“.
_Pero… ¿no fue algo parecido lo que hizo palmar a Napoleón?
Eso es lo que nadie se explica. Que un enano coñón la cagara 100 años antes y otro enano coñón no hubiera aprendido la lección. Una verdadera lacra para nosotros, los enanos, tener a semejantes tíos como referentes: de los tres millones y medio que entraron en Rusia, apenas 900.000 pudieron volver por patas para morir de camino a Berlín. Eso sí, dejaron tras de sí unos 25 millones de muertos entre rusos y amigos.

El resto es ya de sobra conocido. Que si los americanos, que si a Ben Affleck le ponen los cuernos en Pearl Harbour, que si Tom Hanks salvando al soldado Ryan y Vin Diesel palmando en plan héroe…
Así nos luce el pelo.

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