Condones II

No hace ni un mes me dio por sacar a colación el tema de anuncios de condones y resulta que van los de Sanidad y sacan esto.
_¿No sabes que está feo eso de autocitarse?
Es que la ocasión lo merece. Esta es una de esas campañas cuya intención es buena, pero que la ejecución deja mucho que desear.
Recuerdo el momento en que salió a concurso, hace cosa de seis meses. Entonces estaba en RNL y rechazamos presentarnos porque no teníamos idea de cómo enfocar adecuadamente el tema. Los chicos de BAP & Conde debieron imaginar que ellos sí que sabrían hacerlo, y Bernat estuvo de acuerdo (en realidad él no, a los medios les encanta creer que el Ministro es omnipresente y omnisciente, pero para eso tienen sus gabinetes de comunicación).

La cosa va así: para promover el uso de preservativos en las relaciones entre menores y no tan menores (un público difícil de antemano) hay que realizar una campaña lo bastante agresiva como para poder llamar la atención y concienciar acerca de lo útiles que son los condones.
Ah, pero es que el responsable es papá Estado. Y si hay algo que caracteriza a papuchi es que sólo se suelta la melena cuando se trata de cosas jebis, como no ahorrar casquería en accidentes de tráfico (atención a los dos primeros, inglés y francés respectivamente), pero no cuando, por ejemplo, se toca el tema de las drogas o el sexo.
_Eh, los anuncios de la FAD molan.
Pero la FAD no es el Gobierno. Éstos ya tienen sus campañas del Plan Nacional Sobre Drogas, que también abusa del tono paternalista, ese que no convence a nadie y sólo sirve para justificar que se hace algo. Como este caso.

La idea es bienintencionada, claro. Crear una sintonía pegadiza rollo “ponte el cinturón, protege tu vida” -que yo nunca oí en directo, pero como buen efecto llamada, terminó por llegarme y hasta aprendérmela- pero del rollo “póntelo, pónselo” de aquellos maravilosos años (sí, la campaña es de la mísma época que la serie en la que salía el clon de Marilyn Manson) que tampoco sirvió para nada. No es cuestión de discutir eso, pero la forma utilizada es de risas.
¿Un rap sin flow alguno y forzado al máximo? Claro, así seguro que llegas a la gente joven, piensan los treintañeros. Viva y bravo. Ser treintañero ya no es ser joven. Ahora a estos chiquillos les gustan otras cosas y ya no se fijan en lo que hacen “los mayores”, ni buscan sus códigos a imitar. Sí, la tele está plagadita de gilipollas que se creen eso.
Yo no corono rollos con bombo“. La leche, qué frase. ¿Quién usa hoy “coronar” como símil de “terminar“, si ni siquiera se usa “culminar“? ¿Qué coño tiene que ver un rollo con un bombo? ¿Esa gente no sabe que también hay Píldoras Del Día Después (PDDD) que te ahorran el mal trago?
_Pero es que no se pueden usar con alegría y, joé, que para eso están las gomitas.
Precisamente. El tema del bombo -palabro que ya usaban en Grease, ambientada en los locos (!)50, ¿cuántos años tiene el copy?- es el que menos debería preocupar al personal.
Ah, pero es que el asunto está en darle frescura al tema. En plan:
_¡Oh, qué original! Sólo usan palabras que tengan la letra o. ¡Vamos a hacerles caso! ¡Bajémonos el politono al móvil!
Ya lo veo venir. Chico conoce chica, se quedan solos en casa, empiezan a comerse y, en la mejor parte, ella te suelta:
_Tronco, yo no corono rollos con bombo.
“Como poco, no lo cojo, coño” sería la respuesta más lógica.

 

Si lo que quieres es convencer a chicas de 16 a 20 años a que follen con goma, cuéntales lo que les pasa cuando se quedan preñadas. Explícalas que no siempre tienen al lado a un novio comprensivo y comprometido que se encargará de todo ni unos padres dispuestos a ayudar en lo que haga falta. Diles que a menos que quieran un hijo con problemas no podrán fumar ni beber nada raro durante 9 meses (y esa es otra, intenta explicar a alguien de esa edad que 9 meses no son nada) y que lo de salir hasta las tantas es historia a una edad en la que la mayoría empieza a descubrir esa vida y les encanta. Cuéntales que la historia de Juno (mi perra no, la película) es preciosa para verla en otros, pero chunga cuando te pasa a ti. Coméntalas que en el mejor de los casos su vida social estará muy recortada porque hay un bebé que cuidar y mantener. Descríbeles la historia de una madre soltera, a ver si les parece cojonuda.

Recuérdalas que un hijo no es un juego del que te puedes cansar pasado el rato. Que es una responsabilidad -palabra tabú a esa edad, joder, ¡machaca esa parte!- acojonante en un momento de la vida en la que lo único que se te puede exigir es que te lo pases teta.

Pero claro, hay que ser políticamente correctos. Muy “metidos en el rollo” y que parezca que “estamos en la misma onda, coleguis, que sabemos lo que significa la palabra tronco, al loro”. Así que ponemos un rap ñoño (eh, también es una palabra sólo con oes), nos damos palmaditas en la espalda y ya pensamos que el mensaje calará de puta madre.
Pobriños.

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