Constitución

Que no haya aprovechado el puente para largarme con viento fresco del fresco para pasar aún más frío en la montaña no me vino por un ataque de vagancia repentina. Tampoco por un quítame allá ese dinero que no tengo. La única responsable es otra racha de dolores musculares, fiebre alta y cama constante. La segunda en un mes, vamos bien.

El concepto del que me apetece hablar hoy no es mi mala suerte, ni de lo cabrón que es Murphy cuando se pone puntilloso. Me apetece hablar de por qué es puente. De cómo dejamos de darle trascendencia -yo el primerísimo- a un librillo que ni dios se lee entero a menos que se juegue un examen, y ni aún así.
No seré yo ahora un furibundo cruzado de la Consti, y eso que no se me daba mal en la carrera. Pero como llegar a los 30 es, para muchos hombres, la edad perfecta a partir de la cual hacer el primer balance de lo logrado y de lo que está por venir… pues tengo intención de hacer lo propio con el dichoso elemento que ayer celebraba su cumpleaños en olor de multitudes.
_Qué coñazo, más política.
Me temo que sí, Mariano.
Y es que el día de ayer trajo cosas jugosas que me parecen comentables.
Para empezar, que lo que hace uno pocos años resultaba “imprescindible” reformar “ahora no es imprescindible“. Claro. Es que todos los problemas que había entonces ahora se han arreglado solos. Leonor ahora se llama León y es un machote. Las elecciones en las que cada españolito puede decidir por su alegre juicio qué baranda chupará del bote durante cuatro años, trabajando menos que los Reyes Magos, ahora se dirimen por listas abiertas, por lo que el riesgo de que el elegido sea un inútil -¿más aún?- queda desde este momento en la responsabilidad del que le vota.
También han visto satisfechas sus reivindicaciones aquellos que pensaban que, ya puestos a abrir el melón, se le diera más enjundia al tema y se establecieran las competencias exclusivas del Estado para acabar con los conflictos taifales. Y hasta salen escritas y descritas las 17 naciones del estado plurinacional y plurichiripitiflátuco. Sí, sí, hasta Ceuta y Melilla, que no son naciones pero podrían serlo a poco que se pongan.
_Leche, debo tener una versión desactualizada, en la mía no sale.
Ah, ¿pero tienes una copia de la Consti? Una de dos, o eres de Derecho o uno de esos pánfilos que corrió a comprarla cuando estrenó edición, allá en el 78. Lo bueno es que, desde entonces, no ha cambiado ni una coma.
Pero es que el Gobierno tiene una edición mágica que pone lo que le apetece poner. En serio. Sólo tienen que cerrar los ojos con fuerza, pensar mucho en lo que realmente pone y listo. Ya no hace falta cambiar nada.
Pero lo mejor del día fue lo de Tardá, sin duda.
_Ya [Tardá]bas en sacar el látigo anticatalán, bribón.
No, no. Borbón. La clave de su penúltima cagadita (jo, cuánto le echábamos de menos por aquí) está en el nombrecito que firma -sanciona, si nos ponemos técnicos- las leyes.
_¡Viva la República! ¡Muera el Borbón!
En alegre compañía de las JERC, que cada año son más originales, no se le ocurrió otra cosa que gritar tal algarada. Es probable que se sintiera imbuido del espíritu de ilustres antecesores como Companys, Macià o Prat de la Riba y claro, sintiera una atávica necesidad de expresarlo a voz en grito.
Visca Macià! ¡Mori Cambó!
Por ahí van los tiros, por ahí. Pero literales, que es lo que tiene gracia. Y es que son así de demócratas, algunos.
_Ja, y la monarquía también es muy demócrata, ¿verdad?
Touché, lo admito. Pero sigo prefiriendo al Bo[r]bón antes que a Tardá de Jefe de Estado, mis disculpas. Esto viene a ser como lo de Pedro Castro del otro día, pero con más gancho proto-iluminista.
Lo mejor de todo, las excusas presentadas. Porque sí, hubo amago de disculpas, claro. Que queda muy bonito de cara a la galería dártelas de macho guerrero y lideresco, pero en cuanto oyen venir las primeras hostias ya están con la lágrima fácil y las orejas gachas. Anticatalanes que son algunos.
_Que es que se refería a una frase histórica de la Guerra de Sucesión, que “el Borbón” es en realidad Felipe V, que además ya está muerto, hosti tú.
Ya, como si no lo estuvieran resucitando a cada nada.
Pero olé tus huevos, Ignasi Llorente. Olé por intentar hacer pasar a los catalanes como el primer pueblo de la historia del mundo moderno que hizo la revolución republicana, antes incluso que los gabachos de 1789 o los yankees de 1776. ¡Ya en 1714 había republicanos antimonárquicos y antitaurinos y de paso antiespañoles!
Que alguno se lo tragará y se hará pajas pensando en ello no me cabe ninguna duda, ya se podía contar con ello. Lamentable, pero inevitable.
Pero que, además, se olvide mencionar que la contraparte del Borbón en aquella guerrita era un Austria -no un Puig, no un Cardona, no; un Austria como una copa de bourbon– que pensaba usar el mismo título de rey… ah, yo diría que eso ya son ganas de pasarse de cinismo. Pero vale, aceptemos “yo nunca he deseado la muerte de ninguna persona” como animal de compañía. Si, total, mañana ya se habrá olvidado y todos tan amigos.
Yo, mientras, a sudar la fiebre.
Porque, si hay algo que me evoque el aniversario de la Constitución Española, es precisamente eso: me la suda.

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