Ingleses

Se dicen muchas cosas de los ingleses. Algunas buenas, muchas malas. Ciertas unas, incorrectas las demás.

Si dices que el típico inglés es alguien estirado y arrogante hasta lo insportable que jamás perdona su té de las cinco y que no sabe cocinar, caerás en el mismo error que aquellos que piensan que los españoles somos toreros que bailan flamenco, duermen siesta y comen paella. Sin embargo, los inventores del stiff upper lip -y del fútbol- sí poseen ciertos rasgos culturales que les hace parecer fríos y serios. Su humor, el inglés, es considerado por freaks y geeks por igual en el mejor ejemplo del “humor inteligente”, pero por una razón muy sencilla: el humorista inglés jamás ríe. Mantiene la misma pose y cara que si estuviera contando la muerte de Nelson.

El hecho de haber sido la mayor potencia del mundo durante un siglo no hace tanto sin duda genera, en gente que no tiene sol y calor en abundancia, un pueblo que necesita recurrir a su historia para poder presumir de algo. No es una generalización, claro. Pero está ahí, en el ambiente. Si vas a Londres te encuentras con las modernidades típicas del siglo XXI-como la que más- pero al mismo tiempo entiendes que hay zonas, personas y actitudes que siguen ancladas en el siglo XIX, cuando la reina Victoria.

Uno de esos pensamientos decimonónicos es la animadversión atávica a todo lo que existe tras el Canal de la Mancha. Francia fue el némesis por antonomasia de los hijos de la Gran Bretaña, pero España es su coco particular. Se toman a guasa la Armada Invencible -apelativo que ellos mismos nos pusieron a modo de recochineo- pero tiemblan al imaginar qué hubiera ocurrido de no haber tenido el clima de su parte. Tampoco olvidan Trafalgar y la somanta de palos que nos dieron, cierto. Sólo que en ella murió su Nelson.
Y Cartagena de Indias sigue siendo la mayor derrota jamás cosechada por su flota. Una derrota que, por ley, estuvo prohibido enseñar y que aún hoy siguen sin hacerlo.
Por todo ello, a todo lo latino le tienen manía.

No lo digo gratuitamente. Yo he sido testigo directo de un cierto racismo de corte nacionalista que, sin un argumento convincente ni claro, me convertía en merecedor de desprecio -y alguna que otra pelea a golpes- por el mero hecho de nacer donde nací. Lo mismo nos pasa en casa a otros niveles, así que tampoco es nada especialmente singular. Pero llama la atención, de manera sorprendente, cómo tienden a mirarnos por encima del hombro.
Esto viene a cuento por las palabras que cierto entrenador escocés de cierto equipo de fútbol inglés dijo no sé qué de “equipo franquista” en referencia a cierto equipo madrileño. Palabras que, en boca de dicho entrenador, suenan a broma de mal gusto no tanto por el contenido de las mismas -precisamente, el Madrid no ganó una sola Liga ni Copa hasta el año 53, es decir, tras el período más duro del franquismo [lo que no implica que después fuera una bicoca]- sino por venir de quien viene: un tipo que lleva 22 años controlando con mano de hierro y con tintes totalitarios a un grupo de personas que no pueden decir una palabra más alta que otra.
_¿No es éste el que le partió la cara a Beckham con una bota de fútbol?
Ajá. Ese, sí.
_¿Ese que dice que Eric Cantona es uno de los poquísimos “no británicos” que demuestra lealtad a los colores de un equipo?
El mismo, aunque dicho así suena racista. Esperemos que no fuera ese el mensaje que quería transmitir.
_¿Y por qué hablar ahora de Franco? ¿Se aprovecha de la Memoria Histórica? ¿Le paga Garzón?
Se basa en ello a raíz de la polémica que suscitó durante el verano el posible fichaje de su jugador estrella, un portugués de Madeira que tiene pinta de acabar de divo. Supongo que hace referencia al ya célebre “caso Di Stéfano“, porque no se me ocurre otro que tuviera miga.
_Sí, aquél es un caso peculiar. Pero el de Kubala también lo fue.
Hay teorías para todos los gustos, pero en todo caso sólo fue uno en 40 años. Él mismo fue a por un galés de 14 años llamado Ryan Giggs directamente a su casa. Le birló al Everton a su mejor jugador (Rooney), al Tottenham (Berbatov), al Leeds (Rio Ferdinand) y alguno más que me dejo en el tintero. Y no todos del modo más “limpio”. Luego no es precisamente alguien que pueda dar lecciones.
Pero es que hay algo que no hemos tenido en cuenta y que le libra de toda posible crítica.
Y es que él es británico. Sir Británico, además.
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