El Efecto Streisand

Seguramente habréis oído hablar de casos que, debido al revuelo creado a su alrededor, consiguen llamar la atención de la opinión pública cuando, en circunstancias normales, jamás saldrían de círculos íntimos, por lo que crea el efecto contrario al deseado (publicidad en lugar de discreción, etc).
A este fenómeno, multiplicado exponencialmente gracias a internet y su globalidad, se le llama el Efecto Streisand gracias a cierta cantante de renombre en USA (y cuya nariz es también antológica).

El primer caso, precisamente, fue debido a que un tipo sacó una fotografía de su casa y la publicó en su web. Hasta aquí, se puede entender que la diva se cogiera su buen globo y le demandara -pidiendo, de paso, la minucia de 50 millones de pavos-. El problema es que este pollo tiene publicadas en su web otras 11.999 fotos de la costa de California, debido a que realiza un estudio sobre la erosión costera.
Es decir, que en condiciones normales nadie se habría dado cuenta de que la casa de Barbra Streisand estaba a la vista de cualquiera en la web de un tipo absolutamente anodino y desconocido, oculta entre miles de fotos más.
Al realizar la demanda y que ésta saliera a la luz pública, la web de Kenneth Adelman -el interfecto en cuestión- recibió miles de visitas y, lo que es más, la única foto relevante de todo su material fue linkada (+1) otras tantas veces.

Otro ejemplo de Efecto Streisand lo encontramos, siguiendo la pauta, de nuevo en USA. En este caso referente a una empresa gigantesca (más que eso: la más grande del país y posiblemente del mundo) llamada Wal-Mart, que, para entendernos, vendría a ser El Corte Inglés pero (más entodavía) a lo bruto.

Vayamos a los antecedentes con los que conocer un poco de qué va la movida. Wal-Mart es conocida, además de por su monstruoso volumen de negocios, por su escandalosa política de sueldos y horarios de los trabajadores, por proveerse en países que utilizan mano de obra semi-esclava e infantil y por generar polémicos problemas de abastecimiento eléctrico en las poblaciones en las que tienen centros. Ésto último, por cierto, inspiró a Matt Groening un capítulo de Padre de Familia.
En este caso, otro tipo anodino y desconocido decidió crear un par de páginas web y vender camisetas a modo de parodia cambiando el nombre corporativo por otros que, a juicio del tipo, más se ajustaban con su filosofía de empresa.
Wal-Ocaust y Wal-Qaeda (no creo que haga falta traducción) fueron dos páginas sin tráfico.
Consiguió vender una camiseta (probablemente, a su hermano freak).
Cuando Wal-Mart lo denunció por violación del copyright de la marca, la dirección de las webs de marras salieron a la luz, provocando el Efecto Streisand: centenares de miles de visitas, camisetas vendidas a manta… etc. Bravo.
Detalle curioso: Wal-Mart decía ser el poseedor de los derechos de la cara sonriente (la mítica Smiley Face, cuya historia recomiendo leer por curiosa y rocambolesca) y por tanto la denuncia era doble. No sólo no era -ni es- el poseedor sino que, además, a resultas del juicio perdido todo el mundo sabe que quiso hacerlo suyo, montando otra polémica extra.

Aquí en España sonó (y mucho) el caso del secuestro de El Jueves y su portada de los Príncipes. Al hilo de una medida del Gobierno (2.500 pavos por hijo, medida cuya finalidad aparente era favorecer el crecimiento demográfico, en realidad puro electoralismo) fue aprovechada por Guillermo y Manel Fontdevila, dibujantes, para “satirizar” el asunto utilizando a unos personajes que no necesitarían la pasta.
Cuando alguien de la judicatura vio la revista, inmediatamente avisó al juez Del Olmo quien ordenó el secuestro (retirada de los kioscos) para evitar su difusión por considerar la portada una “injuria a la Corona” tipificada en el Código Penal. Al margen de la discutibilidad de tal delito, lo que se consiguió fue precisamente el efecto contrario (Efecto Streisand): todo el mundo vio la portada, medios internacionales se hicieron eco, El Jueves -una revista minoritaria que leo desde hace años, por cierto- aumentó sus ventas…
No sólo eso, consiguió que el revuelo fuera tal que, durante el juicio, el dibujante Guillermo pudiera decir con toda la tranquilidad del mundo algo así como que “no estaba dibujando a los Príncipes, sino a Tom Cruise y Katie Holmes pero no tengo talento“. Y tan pancho.
_Es que es verdad, ¿de dónde sacas tú que son Felipe&Letizia?
Oh, aparte del comentario “esto será lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida” que aparece en la viñeta, no sé por qué nadie diría que esos dos son los Príncipes si, efectivamente, no se parecen en nada.
Jueces fachas, seguro.

Existen muchos más casos que hablan de la eficacia del Efecto Streisand. Casos que, con mayor o menor repercusión, consiguen que los interesados en silenciar un asunto que les perjudica o habla mal de ellos sea extendido a todo el mundo.

Precisamente, Tom Cruise también ha sido “víctima” de este ya temido Efecto cuando fue grabado en vídeo hablando de la Iglesia de la Cienciología de la que es miembro y pope. La propia secta quiso evitar su difusión intentando cerrar las páginas y retirar los vídeos en los que salía Cruise haciendo proselitismo. La respuesta, claro, fue masiva en sentido contrario.
Si éstos tipos se hubieran estado quietecitos probablemente el vídeo lo habrían visto unas pocas personas. Todo lo más, unos pocos miles.
En cambio, al querer eliminar un vídeo que podía resultar comprometido para sus fines provocó una verdadera oleada de adhesiones a un grupo llamado Proyecto Chanology nacido expresamente a raíz de este asunto.
Puritito Efecto Barbra, vive dios.

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