Otro Manifiesto (éste, lingüístico)

Ayer salió a la palestra un Manifiesto elaborado por gente de talla como Vargas Llosa, Boadella, Savater, Sosa Wagner o Pombo (entre otros) en el que dan muestras de su preocupación por el estado de la lengua castellana dentro de España. Dicho Manifiesto fue colgado en la Red y se invitó a todo aquél que quisiera adherirse a firmar.
En estos momentos pasan de 40.000, cúpulas de UPyD y PP incluidas. La reacción socialista -la nacionalista ya podemos intuirla- a este movimiento ha sido particularmente agria en boca de Cabrera, Ministra de Educación: “yo no tengo que apoyar nada“.
_Es que no tengo por qué hacerlo. La LOE garantiza el aprendizaje del castellano en todo el territorio nacional.
Claro, Merche. Eso dice el papel. También el papel dice que en Madrid está prohibido cantar desacompasado o correr por la calle. Y blasfemar se castiga con multa.
Así que en otro momento, si quieres, discutimos si la LOE se aplica efectivamente o no según dónde, por lo que se desprende de este Manifiesto.
_¡Fachas!
_¡Nacionalistas españoles!
Alto ahí, esperad, periféricos míos. Aún no toca eso. Primero desgajemos el contenido del Manifiesto:
1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido. Éste es el punto de partida, teóricamente muy razonable y asumible a grandes rasgos por cualquier no-extremista. La cosa no queda aquí, empero, puesto que el motivo del manifiesto es, precisamente, manifestar que “sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas –el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.”
El quid de la cuestión está, supongo, en ese “sólo una de ellas es común a todos“. El primer escollo lo encuentro cuando intenta justificar la asimetría de las lenguas en España de una manera tan farragosa y desproporcionada. No se dice ninguna -a mi juicio- tontería ni aparenta echar pestes de las cooficiales, pero tampoco hacía falta explayarse tanto. Al hacerlo, parece como si no fuera fácil defender esta postura.

2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüisticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. Bravo. Impepinable. Indiscutible. Un aviso a navegantes para aquellos que tienden a usar los terruños como sujetos de derecho antes que las personas. Sin embargo, la cosa requiere un matiz, y el Manifiesto lo ofrece: “O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas co-oficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc… en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello “normalización lingüística”).
Están pidiendo guerra. No es el fragmento más polémico aunque trae miga. “Derecho de conseguir coactivamente hablantes” suena fuerte, totalitario, dictatorial. “Imponerse como prioritarias en educación” para algunos es la única manera de preservar (poco elegantemente) una lengua que, de otro modo, desaparecería. Para otros, el modo de que el fracaso escolar aumente y que los casos de faltas gramaticales y ortográficas se multipliquen exponencialmente.
¿Qué sacrificamos, pues, un modo de preservar un idioma -impopularmente, además- o garantizar un buen funcionamiento de la Educación?
La nostra llengua!
_¡La Educación!
Una cosa está clara: aciertan al descalificar que a ésto se le denomine “normalización lingüística” porque no es una normalización. No se está equilibrando a nivel oficial una situación extraoficial, sino fabricar una situación nueva: dar la impresión de que todo el mundo habla el idioma co-oficial, usualmente minoritario.

3. En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua co-oficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Exactamente. Al imponer una situación no normal pretendiendo darle sesgos de normalidad contribuyes a crear mal ambiente y que tus intenciones, por buenas o justas que cada cual quiera creer, terminen siendo aborrecidas. El ejemplo franquista en este mismo sentido debería ser lo suficientemente revelador, pero, para algunos, se ve que no lo fue… o, quizá, creen que ahora les toca a ellos cometer los mismos pecados que en su día denunciaron. De ser así, resultaría como poco triste. Y cínico.
Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la
lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella.
En mi opinión, esto no tiene discusión posible. Y soy plenamente consciente de que nadie, nacionalista o no, españolista o no, lo discute tampoco. Es más, cada uno quiere pensar que para sí quisieran poder hacer todo aquello sin que nadie tuviera que mirarle torcido. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.
Ciertamente supone una erosión de posibilidades tanto para los nativos como para los oriundos -los primeros porque, al recibir menos instrucción en el castellano, tendrán menos oportunidades fuera. Los segundos, porque al desconocer el catalán determinados puestos les estarán prohibidos- y que la educación impartida vehicularmente en un idioma que no utiliza la mayoría reviste peligro de incomprensión, desamparo y alguna que otra cosilla más.
_Joer, ni que el catalán fuera difícil de entender, osti tú.
Ya. ¿Y el euskera, adiskide?

4. Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que “las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas. Lo que viene a decir, hablando en plata, que todo tiene un límite y que algunos, básicamente, se lo pasan por el forro.

Dicho esto, los abajofirmantes solicitan al Parlamento Español que elaboren una ley lo suficientemente importante como para requerir una reforma constitucional y estatutaria que recoja [inequívocamente] los siguientes puntos:
1. La lengua castellana es común y oficial a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles. Por tanto, nada de “los españoles deberíamos ser cuatrilingües como poco“. Cachis.
2. Todos los ciudadanos que lo deseen tienen derecho a ser educados en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común. En términos de practicidad, inapelable: se disculpan -por obvias- cualesquiera derivaciones del lenguaje producto del bilingüismo (catalanadas, galicismos…) pero se liquida, por ejemplo, el catañol. Con lo que prometía…
3. En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser atendido institucionalmente en las dos lenguas oficiales. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional. Lo cual parece una perogrullada en un país desarrollado. Lamentablemente, no lo es.
4. La rotulación de los edificios oficiales y de las vías públicas, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc…en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica. ¡Muerte a la Plaça Joan Carles I!
5. Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales. Boutade que no pasa de ser una mera declaración de deseos… además que supone un tema aparentemente coercitivo y con una finalidad meramente impositiva. Después de todo, si Ridao -o su homólogo de otros lares- sigue empeñado en hablar en catalán en Madrid, allá él: es su mala educación la que se pone en evidencia, no la falta de fuerza de quienes no lo hablan.
Respecto al uso indistinto de lenguas co-oficiales en sus respectivos Parlamentos… si ni siquiera los más supuestamente fachas utilizan el castellano, revelador será.

Ahora sí, ya podéis reivindicar.
_…
_Para qué, filliño, si total, esto se va a quedar en nada.
_El celtita tiene razón, coño pues, mejor nos vamos a tomar unos potes.
_Eh que sí. Nengs, pagará el mallorquí, ¿no?
_¡Español el último!

NB: Hago constar que, para que éste diálogo entre pueblos diversos tuviera lugar, no se ha elaborado ningún doblaje.

No dejéis escapar la última perla de la Ministra de la Igualdad (aunque sospecho que deberían rebautizarlo como de la Mujer o del Feminismo Pijoprogre)

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