El Chikilicuatre

Sí, lo sé. Hago leña del árbol caído y me aprovecho de la coyuntura para dar cera. También es verdad que a toro pasado todo se ve de otro modo. Para variar: se chinchen.

Cuando el relativismo se impone sobre cualquier otra pulsión en la mente del hombre -en neutro, ser humano- se consigue encontrarle a todo el punto con el que darle al mismo tiempo la razón y llevarle la contraria. Si un genio como Einstein puede, todos los mindundis del mundo podemos.

Así, somos capaces de estirar este concepto a cualquier campo cotidiano de la vida, desde el más íntimo y personal hasta alcanzar el grado superlativo de “sociedad”.
Se acercan negras nubes a lo que hasta no hace nada era un país de sol y calor. Y ojalá esta afirmación fuera lírica y no metafórica, visto el percal: esta tierra seca llamada España está aún más reseca, agrietada y sedienta. Pero el Chikilicuatre ha quedado 16 (!) en Eurovisión y no se puede hablar de otra cosa. En este contexto, veamos cómo funciona el relativismo actual en todas las esferas implicadas:

La íntima y personal
La crisis inicia su recorrido en mí mismo cuando pretendo emanciparme no ganando ni mil pavos al mes. Lo que hace unos años habría sido el paso natural y el momento adecuado en estos días se estanca y se queda congelado en un gesto ansioso y, cómo negarlo, frustrante.
Pero olvido todo lo que me preocupa y me posiciono claramente en contra de lo que representa el bufón lacayo de Buenafuente, no sólo por aglutinar todos los peores clichés que se nos pueden achacar y multiplicarlos hasta convertirlo en una parodia de sí mismo, sino porque, ya para empezar, no aguanto el reggaetón.
_Pero es que no lo has entendido, precisamente se trata de una crítica al intrusismo latino y una manera de encontrarle la vis cómica a un festival que hace ya muchos años perdió todo su prestigio convirtiéndose en un mero espectáculo de mercadotecnia y canciones del verano.
Claro. Por eso el primero que se forra vendiendo politonos y bolos y demás payasadas es Buenafuente. Porque es un crítico, un revolucionario. Un visionario que tiende amistosamente la mano para dar el impulso de un cambio para mejor… ¿verdad?
_Envidia que tienes.
Será eso.

La familiar
En otras épocas sólo pasaban apuros a fin de mes las contadas (por miles) familias con problemas puntuales de ingresos por circunstancias chungas: paro, enfermedad… y un corto etc. A día de hoy ese problema se ha extendido hasta convertirse en algo que afecta a una ansiosa mayoría que sigue currando como siempre pero ve cómo el dinero se le escapa de las manos como si fuera agua.
Pero ahí estaban los míos, congregados frente a la tele para poder deleitarse con el Festival como si no existiera otra cita similar en todo el año. Ni con las elecciones se generó tanta expectación.
_No, si en realidad no me interesa lo más mínimo, pero es una buena excusa como cualquier otra para tomarse copas con los amigos…
Pues ya me jodería recurrir a Eurovisión para tener un motivo por el que citar gente. Tampoco es que hiciera falta algo más intelectual o incluso comercialote, en realidad lo mismo se puede llamar Eurovisión que Pornovisión e igual me daría. A fin de cuentas, se trata de ser relativo, de suprimir del trantrán mental cotidiano que cada día que pasa nos estamos enfangando más.
_Pues yo me divertí mucho.
Genial, mamá.

El barrio
Si dejáis por un momento de mirar al suelo o al frente y os fijáis en aquello que vive a vuestro alrededor os daréis cuenta de pequeños y normalmente imperceptibles detalles que, en cambio, tienen un significado de peso. Veréis más carteles de “se vende” o “se alquila” que antes, que parecía imposible encontrar piso cerca y ahora hay tortas por desembarazarse cuanto antes de metros y metros cuadrados de ladrillos e hipotecas. Comprobaréis que los bares no mantienen el mismo trasiego de parroquianos que antaño o, si lo hay, en lugar de dos chatos pasan perfectamente con uno solo. E incluso, con algo de mala suerte, veréis alguna que otra tienda echando el cierre o liquidándolo todo. Y eso que esto no es el crack del 29.
En cambio, el sábado cualquier bar estaba hasta la bola y tenía sintonizada la Uno y más de uno y más de dos miraban de reojo para ver si se enteraban de algo entre tanto ruido de gritos, risas y copas entrechocando. Como un día de fiesta normal al que se le añadiera un acontecimiento de esos que no debes perderte porque sólo se dan en (muy) contadas ocasiones, como una final de alguna competición en la que haya algún equipo local, un hito histórico que significa un paso adelante -o atrás- en la evolución humana…
_¿Has oído? ¡Portugal nos ha dado 10 puntos!
Oh. Imagino que eso significa que la Unión Ibérica está próxima. Y que Cristiano Ronaldo jugará en el Madrid. Esto sin duda merece remojarlo.

La ciudad (y, por extensión, la región)
Que, según en qué lugar estés, es nación, nacionalidad histórica, mancomunidad, comunidad, provincia o pueblo. Al hilo de cómo todos los índices que hasta ahora tiraban para arriba y ahora caen y caen, todo el mundo anda nervioso en esa esfera intermedia que cada vez quiere más poder y dinero pero menos responsabilidades por las que responder. De ahí que mientras unos apelan a recibir más “porque ellos lo valen” a otros se les ponen de corbata al ver que no sólo hay crisis y menos ingresos, sino que también la teta del Estado parece estar más seca y con ganas de dar menos a los más flacuchos.
Mientras, cierto partido que se dice de izquierdas y que también dice que no es esencialmente nacionalista quiere hacer una campaña en pos de tamizar todas las críticas que les llegan allende sus fronteras por su avaricia y su hipocresía pero que, ladinamente, achacan a un sentimiento negativo que afecta a todos sus gobernados para así desviar al más puro estilo Años Treinta cualquier sensación de crítica a su gestión. Un palabro que inventó alguien ideológicamente opuesto (pero, al mismo tiempo y casualmente, cercano) y que termina en “fobia“.
Pero hete aquí que esa misma comunidad-nación-pueblo-región recibe una buena parte de todo lo que Buenafuente ingresa (por aquello del IVA y tal) con lo del Chikilicuatre, que a tenor de lo visto no es poco. Pero eso sí, no es lo suficiente como para que los políticos se replanteen sus posturas acaparadoras ni tampoco es lo suficientemente escaso como para que dejen morir al personaje, toda vez que ya ha cumplido su misión (que no era otra que ir a Eurovisión, lo digo por si nadie lo recuerda ya). Ya se encargarán Roures y Buenafuente de exprimir todo lo que dé de sí. Confían en llegar hasta el verano, aunque las posibilidades de que sea la melodía machacona del estío son bastante escasas.
_Escolta, que a mí la canción esta me parece más bien el típico reflejo españolista rancio y casposo repudiable y rechazable, osti tú.
Ya. Pues díselo a Andreu, que es de Reus.

El país en general
Los tipos que están asentados en la poltrona nunca se imaginaron un escenario más propicio para hacer todo lo que les pete sin que nadie proteste demasiado. No es que tampoco estén muy acostumbrados a rendir cuentas. Después de todo, siempre han hecho lo que han querido y del modo que se les antojaba, y ya saldría alguien con la ocurrencia oportuna para tapar todo el asunto sin que nadie tenga que hacer mutis por el foro. Sí, incluso echarle la culpa a otro.
Y digo esto porque el único adversario digno de llamarse como tal se golpea a sí mismo con toda la saña que sólo la perspectiva de pasarse otros cuatro años sin poltrona ni prebendas es capaz de provocar. El supuesto líder pretende mantenerse como tal habiendo perdido dos veces, demostrando o bien que tiene más moral que el Alcoyano o que no se siente capaz de dar paso a otro que pueda hacerlo mejor.
Pero si hay algo para lo que están de acuerdo (no, ni siquiera en la cuestión etarra lo están del todo) es en pensar que todos somos gilipollas. Y por eso son los primeros que dicen que están encantados con el Chikilicuatre, que no habrían mandado a Srbrija a nadie mejor “porque no lo hay“, que ellos han oído la canción “un montón de veces” y…
_Si hasta me he aprendido el baile, mire, mire… ¡uno! ¡El crusaíto!

Perrea, perrea.

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