Redskins vs Skins

Me he levantado esta mañana con la noticia del asesinato de un “antifascista” en el metro. Triste resulta morir por ideas extremas, pero más aún matar por ellas.

Hoy no pretendo hacerme el gracioso con algo así. Es lo suficientemente grave como para no hacerlo. Y menos aún, cuando entre todos los que aquella tarde-noche estuvieran en Legazpi, bien podría haber un par de conocidos míos… en cada bando.
He tenido la suerte (o la desgracia, según se mire) de conocer a todo tipo de personas a lo largo de mi vida. Me resulta del todo incomprensible que haya gente que sólo conoce y se relaciona con “los de su cuerda y tal vez un poco más allá“. “O fachas o rojos, pero por favor que no se le ocurra a nadie de la orilla de enfrente hablarme o le suelto un ladrillazo“, vienen a decir.
No sé, será que yo he sido más bien rarito en eso.

Por eso, recuerdo a mi colega A, con el que estuve un año entero de colegio compartiendo caricaturas, pellas, cigarros a escondidas en el baño y muchas risas. Es sharpero, o al menos lo era en aquellos días. Otro colega, A, fue (y mucho) anarquista antisistema que reíros vosotros de aquel Cojo Manteca o del Black Block (en el que no pudo entrar porque le pilló muy jovencito).
En el otro lado, un viejo socio mío, L, fue nacionalsocialista y hoy se conforma con ser del sector duro de España 2000. Llegué a acompañarle en una ocasión a una de sus oficinas (no lejos de mi casa), más por curiosidad por ver quién se movía en esos ambientes que por verdadera fervorosidad patriótica (que, ojo, ya veremos si alguien puede discutirme). No olvido tampoco a una antigua amante que reconocía sin tapujos ser una edelweiss.
Dice el dicho eso de “gilipollas los hay en todas partes“. Añado que también hay grandes personas en todas partes.
Sé cómo se las gastan los antifas porque lo he podido ver con mis propios ojos. G, un grandioso -y listo como el hambre- colega de “academia para pasotas” sabía lo que se hacía cuando me decía entre risas que le gustaba salir “a cazar nazis“. Tampoco L, encantado de que le apodaran el “Nazi“, parecía tener mucha vergüenza en admitir que conocía a Ocha, el jefazo de Ultrassur, y que se iba con él de “caza” cuando venían a jugar el Osasuna o el Barça. Si un punk tenía la mala suerte de cruzarse en su camino, lo llevaba claro. Tampoco un facha lo llevaría mejor en caso contrario.
Así las cosas, ¿qué es más creíble, que un grupo de antifascistas vieran a un militar y fueran a por él por ser la representación de lo que ellos más odian, o que éste fuera a por ellos “sin mediar palabra” por representar lo más ínfimo de sus valores e ideales y, por lo tanto, merecedores de su odio? ¿No sería lo más racional pensar que ambas cosas pudieron suceder? ¿Que, por este orden, unos cuantos redskins vieron a un skin solo y fueran a por él (mal) y éste quisiera defenderse atacando y matando (aún peor, no me jodáis) a un menor? ¿Menor que, por cierto, en su fotolog tenía un artículo no precisamente pacifista sobre cómo montarla parda en las calles?

Por supuesto. Ni unos son unos santos ni tampoco lo son los otros. Ninguno de los extremos puede ser bueno.

Menos aún, una muerte.

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