Nadie hablará de García cuando hayamos muerto

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de ver una entrevista que debió tener lugar mucho antes, en otro medio y con protagonistas diferentes, salvo uno: un García que no se escondió a la hora de soltar lastre aunque se calló muy mucho algunos detalles de lo más jugosos que habrían supuesto algo menos de una revolución y un poquito más que un mero escándalo.

Antes de nada, me sorpredió verle en un programa como la Noria, ante un periodista de capa caída como Jordi González acompañado de, digamos, dos “comunicadores” llamados Pepe Calabuig (director de Interviú) y Alfredo Urdaci (que no necesita presentación). No habría sido propio de García presentarse ante quienes no suponen más que un par de insectos encaramados a las plantas de los pies de un gigante. Digo “no habría sido” en lugar de “no es” porque explicó los motivos por los que se hallaba ahí y no en otro lugar: Telecinco, a su juicio, es una mierda. Pinchada en un palo, añadiría yo.

 

Una cadena de televisión en la que el producto estrella es mierda y no sólo eso, sino que se regodean de ser quienes mejor la venden. Porque, si hay algo de lo que Telecinco puede sentirse orgulloso, es de tener el programa líder en vender vidas ajenas, con nombre de cierta hortaliza.

Tras esta corta explicación, declaró su firme intención de abandonar el periodismo activo para dedicarse más a su familia, no sin antes mandar un buen recado al mundo que deja atrás: todos los medios, y enfatiza claramente el todos, están politizados y barren para sus propios intereses pesebriles. Desde hace ya tiempo en España somos incapaces de tener una información que no esté sometida a un filtro ideológico que se basa en quién manda y quién favorece más a quién. Propuso, aullando al viento, una especie de replanteamiento de las ideas en este sentido que, me temo, caerán en más de un saco roto.

El abrazafarolas no se quedó ahí. En un monólogo imparable (Jordi, ¿en qué mundo estabas?) explicó los motivos por los que dejó Onda Cero. Un suculento manjar para quienes buscan teorías conspirativas en todo tipo de sucesos. Resultó que en una reunión de los poderes fácticos de la España cañí del tardoaznarismo se decidió que los medios controlados por el ex monopolio (Telefónica para los no entendidos) debían “controlar” y “filtrar” alguna de las noticias que fueran surgiendo, especialmente aquellas que pudieran resultar lesivas para el partido en el poder. Hasta aquí, desgraciadamente, nada del otro mundo si tenemos en cuenta que es una práctica de lo más habitual. El pesebrismo está presente en este país como una tendencia de lo más fashion.

Lo gordo vino cuando quisieron que García se aviniera a aquellas órdenes. Él. El inmenso. El gigante SuperGarcía.

Como es lógico, se llevaron un chasco. Y, como prueba de dignidad profesional y humana fuera de todo ser humano falible, no dijo ni una palabra acerca de tan feo y peligroso asunto para no perjudicar al partido que, supongo, le daba de comer. Nótese que todo este asunto tuvo lugar poco antes de las elecciones generales del año 2000… que ganó el PP con mayoría absoluta, para más inri de aquellos que hubieran querido que JMG se chivara. Elegancia máxima. Se chinchen.

Ante la gravedad de tales asuntos revelados tanto tiempo después, en el brevísimo turno de ruegos y preguntas tanto Urdaci como Calabuig tuvieron la oportunidad de sacarle aún más jugosa información acerca de tal asunto. Empero, consideraron que había preguntas que necesitaban respuestas con más premura que saber si Aznar realmente censuró a los medios que controlaba Telefónica, a saber:

– Urdaci: (después de un peloteo indigno y claramente humillante) Por alusiones, tras haber cuestionado García la meritocracia existente en TVE para colocar a cierta reportera (reconvertida en Princesa) como presentadora de informativos junto al aludido, éste aseveró que había hecho muchas cosas que de puertas afuera no podían apreciarse, como si aquello fuera suficiente para convencer a cualquiera. Luego, aseguró que dudaba mucho de que el retiro anunciado fuera tal (sonrisa tiburonesca)… y ni una palabra acerca de la censura denunciada. A cambio, le regaló a García unos preciosos minutos (sí, minutos) para despacharse a gusto contra Florentino Pérez, al que acusó de querer sobornarle para que “mirara para otro lado” acerca de un asunto que, me temo, no se conoce. El soborno tal vez no fue aceptado, pero desde luego el tipo sabe cómo callar como un muerto. Aún nos preguntamos qué ocurrió para que alguien quisiera pedirle precio a su silencio.

– Todas las esperanzas fueron depositadas en Calabuig, hombre curtido en mil batallas de la investigación de corruptelas y trapos sucios (especialmente aquellos que enaman de la derechona, dicho sea de paso). Tras manifestar las mismas dudas que Urdaci acerca de la veracidad del retiro garciesco, mantuvo un tenso silencio de unos segundos, captando toda la atención de los espectadores, para lanzar su bomba de relojería: ¿qué opinaba García acerca de la reconversión de Pipi Estrada en showman?

No pude evitar soltar un juramento en arameo. ¿Qué clase de periodistas dicen que son? ¡Jordi, haz algo! ¡Di algo! Él, aún confuso por el monólogo de García (cuya mujer tuvo que llamarle durante el descanso para abroncar al insigne comunicador por no dar pie a preguntas y avasallar dialécticamente) sólo pudo balbucear sin mucho tino que Telecinco era más que telebasura y el Tomate. Dicho lo cual, empezó a agradecer al matamoscas-a-cañonazos su presencia en el programa… y luego no sé qué pasó porque tiré el mando contra la tele con demasiada fuerza y ambos acabaron estrellados en el suelo.

Nada de todo esto he visto reflejado en los medios. Ni una mención. Ni siquiera una mísera reseña. Sólo el Marca redactaba, en un minúsculo recuadro, la retirada del añejo comentarista.

García, soberbio. Ojalá haya más gente que quisiera hacer realidad tus esperanzas.

Del resto… mejor no opinar.

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