La falacia de la lengua como identidad

La identidad personal está construida a través de capas. Es necesario que sea así para poder mantener el grado de socialización que nos define como especie y que trasciende el núcleo principal de nuestras relaciones más directas. Uno es uno mismo, y luego familiar de alguien, y luego habitante de un edificio, de una calle, de un barrio, de una ciudad, de una región, de un país, de un área, de un continente y así hasta llegar a la propia definición de Humanidad. Pero la identidad no son sólo localizaciones superpuestas. Cada gusto, cada preferencia, cada hábito condicionan a ser uno parte de algo más que identifica a un todo, a veces de forma monolítica y uniforme. Es sano rechazar los estereotipos pero al mismo tiempo nos esforzamos por mantenerlos vigentes: así se mantiene intacto el estándar desde el que reflejarse y con el que interactuar, sea de forma imitativa –con sus convergencias y divergencias respecto a ese canon en función de cuánto queremos parecernos- o de forma evitativa, es decir, siendo todo lo contrario a lo que no se quiere parecer.

La pertenencia es un elemento necesario entre animales sociales, y somos animales sociales. Necesitamos sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos que contraste nuestra definición y nuestro posicionamiento. Es el yo soy yo y las circunstancias que me rodean y los demás yoes con los que me relaciono.

Cuando alguien confronta esa opinión o cuestiona esa creencia, por muy racional o argumentada que ésta sea, nuestro sentimiento de pertenencia se siente amenazado y, por lo tanto, nuestra identidad misma. Se trata, así, de un choque de legitimidades entre la libertad de expresión, la tolerancia a ideas diferentes, la identidad personal y la autoestima. Cuestionar la propia identidad es cuestionar la autoestima, con todo lo que lleva aparejado de respuestas emocionales: agresividad, irreverencia, búsqueda de comparativos que compensen la cadena de errores lógicos y sitúen al otro en un plano falaz. Eso conlleva a expulsar al discrepante de la pertenencia al mismo colectivo imaginario que se superpone a la identidad personal, puesto que nos hemos convencido de que, además de nuestra propia definición de lo que somos, existe una identidad grupal a la que adscribirnos. Con las mismas capas: hay una identidad grupal de familia, de calle, de barrio, de ciudad, de región, de país, de área, de continente hasta llegar a la conclusión de que nuestra identidad grupal como especie es la Humanidad. Todos nos consideramos seres humanos con la misma intensidad que reconocemos al resto como seres humanos.

Sentirse ser humano es fácil. No necesita mucho argumento. Lo verdaderamente difícil es negarle a uno su condición humana como identidad. Ese sería el tronco inicial desde el que tomar todos los puntos de partida posteriores.

La identidad se conforma a través de la experiencia y el aprendizaje. Y éstos se adquieren a través de lo cognoscible por nuestros sentidos. Podemos ser visuales y entonces importa la fisonomía para identificar unos de otros. Los colores, de piel, de ojos, de impresiones. Las proporciones, de altura, de volumen, de pareceres. Se juzga lo que se ve en función de qué me gusta mirar.

Quienes clasifican desde este punto (de vista, de tacto) no son diferentes a quienes lo hacen a través de otros sentidos (de gustos, de oído). Una lengua entra en el mismo ámbito de decisión personal que la ropa que vistes, la música que escuchas, las expresiones con las que te identificas o los sabores que disfrutas. Se enjuicia lo que se oye o se paladea en función de cómo quiero ser visto.

La misma racionalidad se da entre quienes distinguen una raza de las otras que quien distingue un hablante de una lengua de las otras. Ambas son imposiciones binarias: no se decide con qué piel nacer ni cuál se desea más tocar, tampoco las preferencias sexuales forman parte de nuestras decisiones. Aunque tengo la posibilidad de aprender más idiomas no he decidido mi lengua materna, me la han impuesto al enseñarme una sobre todas las demás. Del mismo modo que me puede resultar más agradable escuchar unas que otras (por afinidad o por rechazo), siempre me resultará más sencillo comprender a quienes hablan esa lengua u otras que se parezcan.

La trampa de la identidad por idioma reside en la falacia de su taxonomía: una persona que ni ha pisado ni pisará Cataluña puede aprender catalán pero no por ello serlo. Un catalán que no ha salido jamás de su pueblo puede no hablar catalán y no por ello dejar de serlo. Porque el constructo “lengua propia” no es más que eso, un constructo. Un lugar común desde el que tomar posiciones ideológicas. Un territorio no tiene lengua, no se la ha enseñado a sus habitantes ni hay en la atmósfera local un evocador de palabras. En la misma Cataluña a lo largo de la Historia se ha hablado ibero, griego, latín, germano, árabe, lenguas de transición y catalán y castellano. Y castellano, sí, al menos desde el siglo XV. La identidad personal no te la da el instrumento con el que te comunicas con otras personas. Pero entre ciertos nacionalismos etnicistas sin base racial se ha instalado este elemento como el rasgo identitario diferencial con el que poder hacer sentirse diferente a otro del que se quiere diferenciar. Quebec, Flandes. Cataluña. País Vasco. Galicia.

Federico II, el estupor del mundo, quiso hacer un experimento con niños recién nacidos (a los que crió sin dirigirles palabra ni gesto alguno) para identificar la lengua primigenia y no encontró ningún resultado. Porque no hay lengua primigenia sin aprendizaje. Para que exista una lengua debe haber al menos dos personas que necesiten comunicarse. Para uno mismo, para sus adentros, se puede cuestionar si es del todo imprescindible construir un idioma para identificar pensamientos, emociones, necesidades e instintos, si yo podría bautizarlos con mis propios términos y entenderme a mí mismo. De hecho, el “yo me entiendo” lo conocemos todos como parte de esa disonancia entre lo que nosotros hemos definido interiormente y lo que sabemos expresar hacia afuera.

Y sin embargo, el experimento del Hohenstaufen fracasó (y añadió una veintena de muertes al mundo) porque las lenguas son necesarias para establecer términos complejos que definan, expliquen e identifiquen algunas situaciones que nuestra experiencia no ha sabido explicar o expresar con la suficiente definición. Tan es así, que cuando un idioma no puede alcanzar por sí mismo un término, expresión o experiencia, lo toma prestado de otro que sí lo ha hecho. No es que entonces se enriquezca (que también), es que si no lo hiciera terminaría por dejar de ser útil y desaparecería. El valor de un idioma se mide por su utilidad. Lo demás, simbolismos incluidos, es romanticismo.

Escribo en este idioma porque es el que me resulta más fácil para poder explicarme mejor que otros que hablo y pienso. Es gracias a esta lengua –podría haber sido otra- que puedo permitirme expresar lo que llevo dentro. Forma parte de mi identidad, sí, pero no lo percibo como un elemento fundamental. No dejaría de ser quien soy si hablara otra lengua o empezara a hacerlo ahora. Si mañana se decidiera una lingua franca para todo el mundo no me sentiría molesto o perturbado en mi identidad, mientras siguiera pudiendo identificar mi realidad con las palabras que necesito. El problema sería entonces que alguien me prohibiera pensar para mis adentros en la forma que lo hago. Que alguien cuestionara mi identidad por la forma en que me relaciono conmigo mismo. No tendría ningún sentido. Pero, por lo visto, lo tiene para los que consideran la lengua el elemento definidor de su identidad. Que se sintieran menos ellos, menos lo que les define, si otras personas que no son ellos no hablaran como ellos. Y por ahí entra mi rebeldía, y la evidencia de la trampa que supone semejante arbitrio.

La imposición de identidades siempre resultan conflictivas y no conducen a ninguna parte. Por eso me han resultado siempre tan ridículos los que dicen “qué pone en tu DNI” o “eres y morirás siendo español” (como afirmación del hecho que una identidad administrativa confirma una identidad personal) como el que llama “mal catalán”, “botifler” o niega directamente la catalanidad al que no piensa en catalán o el que no lo fundamenta como rasgo de nacionalidad (como afirmación del hecho de que una identidad personal conforma otra identidad personal).

Por ese mismo motivo cuesta tanto aceptar la nacionalidad de Cataluña por su base lingüística. No es un rasgo definitorio de la expresión de una realidad colectiva suficiente. No es definitoria (Cataluña seguiría siendo lo que es si el catalán no hubiera existido) ni es homogénea (apenas la mitad es catalanoparlante y la proporción no es la misma en todas partes) ni es monolítica (no todos los catalanoparlantes hablan el mismo tipo de catalán). Y el catalanismo lo sabe, por eso necesita esforzarse, con fiero ímpetu, a defender una lengua que, si fuera tan definitoria del hecho diferencial, su mera existencia bastaría para confirmarlo. Pero como no es suficiente, es necesario añadir la amenaza de otra lengua, el castellano, y de quienes se expresan en ella. Porque no pueden coexistir como lo han hecho durante siglos.

Por supuesto, pensar así es excluyente. Pero es que el ser humano es excluyente por naturaleza y para dejar de serlo es necesario realizar un proceso de transformación en el que la identidad personal no se ve cuestionada, minusvalorada o empobrecida al contacto con otras. Como eso supone un esfuerzo –o una adaptación al entorno- una significativa mayoría prefiere permanecer en su zona de confort y asumir esa exclusividad como parte natural de su identidad. Cuando se pone peligroso es cuando un número crítico de personas comienzan a exigir uniformidad y que todos los demás sean como ellos o, al menos, no se discuta lo que dicen o lo que sienten. La identidad personal queda entonces sometida a la identidad grupal, caracterizada por llegar a los extremos.

Mi identidad no se siente amenazada por su existencia, ahora hostil. Las cosas que hacen no me empujan a radicalizar mi discurso o a reforzar algunas partes de mi forma de pensar o de identificarme. Hablo por mí sabiendo que hay mucha más gente que sí se ha visto empujada hacia la polaridad. Cuando no consigues congregar el consenso general alrededor de una afirmación, es posible que ésta no sea del todo cierta. Tal vez la humillación que tanto temen sea precisamente que sus principios fundamentales tengan grietas y fallas.

Lo que inevitablemente lleva a preguntarse qué hacer. A dónde conduce esto. Podemos dar por perdidos a los más fanatizados. Quien ha construido su identidad (aunque sea con bases inestables) ya no va a deshacerse de ella a menos que lo haga de forma voluntaria y gradual. El trabajo está en hacer ver, a quienes aún quieran ver, que su identidad, inalterada, es compatible al contacto con otras igualmente inalteradas. Nadie sano y cabal va a cuestionarle la pertenencia o la identidad a un catalán en España por hablar y sentirse catalán. Otra cosa es que eso suponga un hecho diferencial que le confiera poderes, que sea superior, o siquiera diferente. Que es susceptible de crítica tanto como lo puedo ser yo o lo que represento o lo que me conforma. Ninguna de esas críticas cuestiona lo que soy o lo que siento. No se habla mal de Cataluña por criticar el catalanismo. No se es anticatalán por tener una opinión legítima cuestionando sus dogmas. Tampoco se es antiespañol por ser catalanoparlante, lo siento por quienes se lo creyeron y lo disfrutaron.

 

De ahí mi idea, personal e intransferible, de que bien llegamos al compromiso de entablar relaciones entre personas iguales donde ninguno hacemos gala de resaltar nuestras diferencias para sentirnos especiales y reclamar injusticias, o bien cada uno tire por su lado y juntos, en armonía, construyamos un buen y sólido muro.

(Editado)

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Quizá no valga la pena

Si para sostener una lengua se deben permitir abusos, desigualdades e incluso coerciones, quizá no valga la pena.

Si la existencia misma de una lengua depende de la insistencia en el peligro de su desaparición, provocando agravios y considerando a los no hablantes poco menos que infraseres inadaptados, quizá no valga la pena.

Si para promocionar una lengua es necesario invertir una cantidad desproporcionada que no destinas a otros fines que podrían ser más urgentes, o necesarios, quizá no valga la pena.

Si la lengua se tiene que convertir en un símbolo sagrado, el núcleo a partir del cual crece todo lo que viene después, quizá no valga la pena.

Si para defender una lengua pones a propios y extraños enfrente, quizá no valga la pena.

Si para imponer una lengua tienes que mentir sobre ella y degradar su valor, quizá no valga la pena.

Si cuestionar todo esto es violencia, ataque u hostilidad, quizá no valga la pena.

Si posicionarte saca tu lado más racista y supremacista, quizá no valga la pena.

Si contarte esto te ofende, quizá no valgas la pena.

155 razones

  1. La aplicación del 155 es un golpe de estado. Lo que pasó para llegar hasta ahí, no.
  2. La proclamación de independencia. Su suspensión en menos de 10 segundos.
  3. El diálogo es decidir entre “referéndum o referéndum“.
  4. La Llei de Transitorietat del 7S y su tramitación.
  5. El no referéndum del 9N de 2014. Las proclamaciones de antes y las súbitas matizaciones posteriores.
  6. “Esto se soluciona con un pacto fiscal”.
  7. El catalán medio cree que sólo puede salir ganando algo de todo esto, aunque sea por las energías gastadas en la apuesta.
  8. “Sólo es buscar una posición de fuerza para luego negociar con Madrid”.
  9. El “un sol poble“. Pero los que uniformizan son otros.
  10. El decisionismo. El derecho a decidir. La voluntat d’un poble.
  11. La escasa tolerancia a la frustración hechas pueblo.
  12. El catalanismo supremacista.
  13. La histeria diferenciadora.
  14. Las hipérboles, no siempre bien elaboradas, que distorsionan los hechos para convertirlos en deseos.
  15. La épica trastocada en ridículo.
  16. El abandono de los ideólogos primigenios. Y los sobrevenidos. Ya se encargarán de que (casi) no se les recuerde con el paso de los tiempos.
  17. La incomprensión llevada a extremos absurdos.
  18. El modelo de éxito que sirve para la cohesión social. Ni es un modelo, ni tiene éxito, ni cohesiona.
  19. Construir y mantener autopistas de peaje. Azuzar al personal para que culpen a otro.
  20. Las odiosas comparaciones. Dicho allí donde la oposición está silenciada.
  21. La comparación con el maltrato y la violencia de género. Banalizando lacras.
  22. El juego de “la puta i la ramoneta“.
  23. Todo es un ataque a Cataluña. Todo.
  24. Como todo es un ataque a Cataluña, la catalanofobia es endémica. Quiero decir, hay gente que dice que hay gente que siente un trastorno patológico por Cataluña y/o los catalanes.
  25. El catalanismo es Cataluña. No ser catalanista te impide ser catalán. Pero la nacionalidad española no se puede privar ni a los que establecen, explícita y repetidamente, que ni son ni quieren ser españoles.
  26. Las finales de la Copa del Rey con silbidos al himno y al Rey.
  27. No van contra España.
  28. Son unos enamorados de Andalucía.
  29. Lluis Llach.
  30. Las multas por no rotular en catalán.
  31. Santiago Espot.
  32. El clan Pujol.
  33. Los mapas del tiempo de TV3, pese a que no emitiera en Valencia. Ni en Perpiñán.
  34. La vergüenza ajena que da Josep Guardiola.
  35. Toni Soler pidiendo kamikazes. Menos él.
  36. Oriol Soler. Que tampoco se juega nada.
  37. La Assemblea Nacional Catalana.
  38. Òmnium Cultural.
  39. La Asociación de Municipios por la Independencia.
  40. La posición del FC Barcelona, que podría jugar en cualquier liga del mundo si quisiera.
  41. El Mundial B de hockey patines.
  42. Terra Lliure. La Crida. Exèrcit Popular Català. Somriures de toda la vida.
  43. Lluis Suñé y su apadrina un nen extremeny.
  44. El boicot a los Juegos de Madrid 2012.
  45. La reunión de Carod-Rovira con ETA en Perpiñan.
  46. El alcalde de Blanes y su Dinamarca no es magrebí.
  47. El alcalde de Arenys y su voluntad de ser, sus votantes y los que no.
  48. Berga declarando persona non grata a alguien.
  49. Girona declarando que una niña no merece ser princesa.
  50. Quemar una Constitución en televisión.
  51. Catalunya Ràdio y Mónica Terribas.
  52. La exageración hecha público. Porque colgar una estelada es delito.
  53. Desobedecer las leyes que les parezcan injustas. Sorprenderse de que eso pudiera tener consecuencias. Quién lo habría imaginado.
  54. Sant Carles de la Ràpita echando a pedradas a la misma Guardia Civil que necesitan.
  55. El alma oscura del PSC.
  56. Los hermanos Maragall, que nos trajeron aquí por unas monedas.
  57. Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores de Cataluña.
  58. El uniformismo de Xavier Domènech. Y Pablo Iglesias.
  59. David Fernàndez, que dice que no es nacionalista pero la autodeterminación sólo es cosa de las naciones que él diga.
  60. El catalanizador de apellidos.
  61. El catalanizador de teclados.
  62. La Plataforma per la Llengua. Adivinen cuál.
  63. El burro de los coches.
  64. El Cat de las matrículas. Pagado por uno que, probablemente, lo cogiera de lo de todos.
  65. El apoyo de un tipo encerrado en una embajada por un quítame allá un par de cosillas.
  66. El apoyo de otro tipo que estuvo en la cárcel por un quítame allá un par de cosillas.
  67. El apoyo de otro tipo que está en el poder por un quítame allá unas cuantas cosillas.
  68. Juanjo Puigcorbé.
  69. Karmele Marchante.
  70. María Lapiedra.
  71. La gestión del Estatut.
  72. Àlex Fenoll negándole el saludo al Rey hablando de que les boicotean. En el Mobile World Congress. Que se celebra en Barcelona.
  73. Las preguntas de Tremosa en el Parlamento Europeo.
  74. Las entrevistas a Romeva en la BBC.
  75. La intervención de Artur Mas en la CNN.
  76. Victor Cucurull y su Institut Nova Història. Sus delirios.
  77. Jaume Sobrequés y su simposio España contra Cataluña.
  78. La nación milenaria.
  79. Los supermercados haciendo país.
  80. Joan Canadell y sus Petrolis Independents.
  81. Femcat.
  82. El Círculo de Empresarios.
  83. El Círculo Catalán de Negocios.
  84. Juan Rosell no quiere sentirse sumiso total. Su querencia al Estatut inconstitucional.
  85. El 3% que todo el mundo sabía y nadie quiso comentar.
  86. Vicent Partal.
  87. Los diletantes spleen que desean vivir épicas imposibles. Dedéu. Graupera.
  88. Gabriel Rufián y sus primos de Jaén.
  89. Eduardo Reyes.
  90. Josep Maria Mainat y su basura.
  91. Jaume Roures y sus reuniones no tan secretas.
  92. Tatxo Benet.
  93. Las agresiones físicas a niñas y mujeres que no dieron la vuelta al mundo.
  94. Toni Albà está español y eso le entristece.
  95. Santiago Vidal y su ansia de protagonismo.
  96. La postverdad y las fake news.
  97. Marta Torrecilla y sus dedos rotos haciendo amigos allá por donde pasa.
  98. Quim Monzó. Padre Constituyente. Esforzado recaudador de multas y repartidor de donativos.
  99. Francesc Marc-Álvaro. Se piensa caballo ganador y también sabe apostar a la contra. Todo es bueno para su convento.
  100. Somescola. El modelo de éxito y de cohesión social en manifestaciones y en acosos al disidente.
  101. El editorial conjunto, esa praxis adecuada.
  102. Pilar Rahola y Arán, un amor imposible.
  103. La ley de normalización lingüística.
  104. Diplocat. Y las embajadas donde colocar a los hermanos.
  105. La ACN de noticias.
  106. El Teatre Nacional de Catalunya. El Museo Nacional d’Art de Catalunya. El Orfeó Català. Todo por la causa.
  107. Las antorchas de Vic.
  108. Las antorchas de L’Estany.
  109. Los cipreses de Boadella.
  110. El Programa 2000. Cumpliendo su guión desde 1990.
  111. Los talibanes de CiU.
  112. El plan Enfocats. Todo espontáneo y de abajo a arriba.
  113. Las lágrimas de Junqueras.
  114. L’Endemà de Issona Passola.
  115. El Espanya ens roba que no se dijo nunca.
  116. La supresión del castellano como idioma cooficial.
  117. Irene Rigau, que estaba orgullosa de catalanizar el sistema educativo y de “està fent la tasca de fondre diferents grups ètnics en un sol poble”. Pero Wert y tal.
  118. Catalanizar el PSOE. Con lo que les cayó encima.
  119. Los 16.000 millones.
  120. Quim Torra y el Born Centre de Cultura i Memòria.
  121. El CAC.
  122. Los señalamientos de Arran.
  123. Las estructuras de estado.
  124. La administración paralela que llevaba dos años preparándose.
  125. Las plebiscitarias del 27S que no se ganaron pero que se ganaron. En la que se presentaba a Presidente el número 4 de la lista. En la que al final salió el número 3 por Girona.
  126. Las Conculcacions de Claudi Romeu.
  127. Los estibadores del puerto de Barcelona.
  128. Los Mossos d’Esquadra el 1O.
  129. Las Leyes de Desconexión.
  130. Los esplais y las colonias de las JERC.
  131. El avui paciència, demà independència. Ese pactismo ejemplar.
  132. El CATN. Asesores que pronostican cosas.
  133. La España subsidiada que vive a costa de la Cataluña productiva.
  134. Joan Tardà y Carles Campuzano, muy a gusto en Madrid.
  135. La Plataforma Pro Seleccions Catalanes. Pagado por la Generalitat, la Diputación de Barcelona y su Ayuntamiento.
  136. La Asamblea de Cargos Electos. Pináculo de la democracia y el parlamentarismo.
  137. Las emisiones de “El Patriota” en TV3 cada 11S.
  138. El irredentismo de la Gran Cataluña. Que incluyen Requena y Utiel y todo lo que pillen en medio.
  139. Antonio Baños. El amigo de Artur que encontró su sitio.
  140. El padre Xirinacs.
  141. El fet diferencial. Que sea indiscutible.
  142. La monja Caram.
  143. Albano Dante Fachín. Al que ni su gente le echa del puesto.
  144. Gerardo Pissarello. De fuera vendrán que bueno te harán.
  145. La desafección. A pesar de todo.
  146. Jair Domínguez y sus disparos en Bestiari.
  147. Éric Bertrán y su Exércit del Fénix. La manipulación a/de un niño convertida en producto de consumo.[1][2][3]
  148. El uso de tragedias y atentados para fines políticos.
  149. Las subvenciones. Sin las que no sobrevive ni la mitad del invento.
  150. Los botiflers y el auto-odio.
  151. Las pantallas pasadas que se repiten en bucle.
  152. El documental “Las cloacas de Interior de Mediapro. No porque esté mal arrimar el ascua a su sardina, sino porque podrían haber hecho 154 documentales más.
  153. La espiral del silencio.
  154. Dicen que les queremos humillados y vencidos, después de humillar sin convencer.
  155. El mundo no les miraba, después de todo. Ni ellos miraban al mundo.

El relato

No hay más relato que el que uno quiera seguir.

En un conflicto político hay dos posturas radicalmente opuestas. Polarizadas. Inasumibles para el otro. Federalismo o jacobinismo. Monarquía o República. Real Madrid o Barcelona. Todos legítimos pero irreconciliables porque no puedes escoger ambas. Pero esto no es ni fue nunca un conflicto, sólo ganas de tirar hacia adelante como se pudiera, con pereza para resolver. Con desidia para defenderse. Con melindres para rebatir embustes tan enquistados que algunos creen verdades. Con placer culpable en aceptar que quizá sea cierto, quizá esto sea irreformable, quizá somos vagos, quizá robamos, quizá somos mas corruptos, quizá más atrasados, quizá no respetamos sus diferencias ni las cultivamos lo suficiente, quizá sean mejores y más civilizados. Quizá sean daneses. Quizá seamos magrebíes. Quizá seamos tan racistas como ellos y llamarnos magrebí nos ofenda. Quizá nos hayamos merecido parte de esta pena.

En esa carga llevamos el peso del relato. Que otros cuentan y debemos ir a remolque, contrastar y medir y resignarse a que el ruido inicial se lleve por delante todo razonamiento y análisis. Llamar derechos a desobedecer leyes. Llamar democracia al voto censitario del Catalan-only. Llamar libertad privarme de la mía. Llamar diálogo a aceptar sus tesis. Lo han convertido en un teatro donde falsearse, en algo que pueden modularse entre ellos y también a los demás. No dudo que ellos se crean la pantomima. Cuestiono que esperen que me lo crea yo también. Que comprendan que hay males crónicos, rupturas permanentes. Relatos inasumibles.

Como los de los que viven en negación. Aquellos que no quieren imaginarse otra posibilidad que su pequeña esperanza de ser todo teatro y pose. Los que se desesperan por confiar en que todo esto sea para tener una posición de fortaleza para negociar mejores condiciones en Madrid. Cuántas veces oí el mismo delirio tenaz. Con qué pena asistía a personas lúcidas y sagaces vendarse los ojos y taparse los oídos. Desdibujando el lienzo que se pintaba a su alrededor con otros colores más amables, más elegantes, más capaces de ser soportados. Sin remedio. Resisten, tozudos, como si de esto pudieran salir con un pacto fiscal o un estado federal. Como si alguien a este lado fuera a ofrecérselo sin ser tachado de ingenuo.

Pero hay ingenuos. Hay quienes les dan la razón por cálculo político. Que de veras piensan que somos todos idiotas y pueden decir un discurso para un día después decir el contrario sin que se note, de forma constante y consistente, y que eso no tenga un coste. Los que un día dicen que apoyan el referéndum para deslegitimarlo el día después. Los que exigen que se pacte un nuevo referéndum en igualdad de condiciones. Son los mismos que cuestionan el Régimen del 78 por estar viciado y condicionado. Los que menosprecian el referéndum que votó la Constitución que les ampara. Ninguno de todos ellos ve las similaridades de las que tanto abominan ni establecen diferencias en los vicios ni los inconvenientes. Porque sólo es un relato construido. Un relato corto, que no sostiene el discurso ni media hora. No importa. No conocen el significado de coste, porque no pagan el precio del que asume el relato.

Ingenuos a izquierda y derecha. Que aseguran que esto tiene arreglo mañana. Con más cesiones. Más desigualdades. Más blindajes. Más conculcaciones. Que lo haga el Círculo de Empresarios no me sorprende por todo lo que supone de inflar su bolsa, pero que replique Foment es de nota. Pórtense mal, empleados. No sólo no les despedirán. Les subirán el sueldo y les darán más días libres. Exijan ilegalidades, atormenten a sus compañeros. Nos sentaremos con ustedes a negociar sus condiciones. Eso dicen. Frases que no resisten un segundo análisis. Respuestas sin pregunta y tesis indemostrables. No durará su dicha cuando entiendan la magnitud de la brecha abierta, cuando sus propias palabras les ahoguen.

Y los infelices que claman al diálogo. Que pretenden seguir alimentando la fatalidad con más rémoras y lastres. Premiarles la rebeldía y recompensarles los menosprecios. Para así después seguir diciendo que este país es un desastre y tener motivos para decirlo. Sin que se les caiga la cara de vergüenza. Porque ellos no son la ética sino la estética. Sólo entienden de lo aparente sin que el fondo importe. Por eso prefieren dejar que unos delincan y otros paguen. Por eso aúllan los delitos de unos y callan los de otros. Por eso se escandalizan por las detenciones y las intervenciones de policías y miran para otro lado cuando la misma policía pero de otro cuerpo dejó a compañeros arriesgar la piel y jugarse la cara. Y lo llaman ataque, y opresión. Por eso se mesan las barbas y hablan de conflicto político como aquel que hubo en el Norte en otros tiempos. Con la misma desfachatez. Con insulsa y banal insensatez se atreven a clamar por alturas de miras. Ellos, que cuando se las ven en las mismas reaccionan igual o peor. O ellos, los que nunca han levantado la cabeza no fuera a molestar a alguien. Para tener altura de miras se debe considerar el cuadro completo y el largo plazo, ellos sólo ven lo suyo y además viven en el corto del no confrontar, no parecer, no aparentar. Pero en su relato repiten esas tres palabras como si supieran lo que significa de veras más allá de haberlo oído antes. Como si el nacionalismo no fuera el reverso de la elevación, las tinieblas de la razón.

Cuántos compraron el relato y callaron. Cuántos dudaron si opinar hasta que vieron que era mejor dejarlo correr por no hacer mal. Renunciaron al pequeño espacio de discusión que suponían las conculcaciones a sus derechos. Los feos con el idioma castellano. Las burlas públicas a expresiones coloquiales. Los desprecios a tradiciones familiares. A otros ya les iba bien siendo extraños entre extranjeros, el rizo rizado de la ajenidad. No les concernía. O sacaban tajada del invento abrazando la causa con el fervor. Patanes que retoman el relato y lo pretenden hacer suyo. Como si fuera con ellos. Como si contaran con ellos. Como si no hubieran visto que es a ellos a quienes dirigen sus peores insidias, el que vino de fuera a agredir su plácida existencia en sintonía con la tribu. Sin más acogida que la asimilación del relato. El agravio. La queja. El supremacismo que tanto acuna al legítimo como al parvenu.

No consiento el embudo alambicado de libertades concedidas para ellos y silenciadas para mí. De expresión, de credos o de principios. De legitimidades, de deseos y de pareceres. Estoy harto del rasero antiespañol estimulante y anticatalán denigrante. Que se atrevan a meter las fobias en sus delirios. Que se las crean. Que acusen. Que señalen. Que juzguen. Que condenen. Por eso escribo. Para que no haya más silencio. No ser cómplice.

Para contar mi relato.

 

Por qué se hicieron separatistas

Leo este artículo de El País.

Carmen se hizo separatista tras la sentencia del Estatut.

Ismael Peña-López (directivo de Òmnium) se hizo separatista tras la sentencia del Estatut, pese a que “a casi nadie le gustaba el texto”.

Toni Comín (ex PSC, ahora en ERC) se hizo separatista tras la sentencia del Estatut porque pretendía “sacar las garras del Estado español sobre las instituciones catalanas, pero sin independizarnos“. Porque, por lo visto, con el Estado por ahí danzando es imposible “trabajar tranquilos, disponer de recursos y lograr un estado de bienestar de primera división“.

Elisenda Pérez (ex PSC, ahora ERC) se hizo separatista porque no soporta la idea de que sus hijos no “estén en una escuela normal, porque (la lengua) estaba en peligro“.

Joan Coma (CUP) siempre fue separatista pero también utiliza la sentencia del Estatut. Además, opina que “la gente joven crece desconectada del Estado español“, como él, que nunca se ha sentido español. Menos mal que “no es por nacionalismo” porque es un “enamorado de Andalucía” como el que tiene amigos gays.

Joan Garriga (CUP) siempre fue separatista y cree que la chispa del independentismo rampante brota con la sentencia del Estatut.

Joan Vallvé, vicepresidente de Òmnium, se hizo definitivamente separatista con la sentencia del Estatut.

Ana Hinojosa (vicepresidenta de Súmate) se hizo separatista por la sentencia del Estatut.

Es decir, que salvo los que ya venían con el separatismo de fábrica, el resto fueron sobrevenidos por una única causa. La famosa sentencia del Estatut. A mí me ha dado por pensar qué tuvo aquella sentencia que provocara cambios de parecer tan impresionantes como el de la buena de Ana, que pasó de sentirse sólo española a independentista (“pero sin pasar por el nacionalismo”, matiza quizá más para sí misma).

Los hechos

Vamos a 2004, año electoral. Pocos meses antes, en noviembre de 2003, el aspirante socialista, Rodríguez-Zapatero, promete una cosa. Todas las encuestas daban amplia ventaja al partido rival pese a que su presidente, Aznar, había señalado con su dedo al más gris y funcionarial de sus ministros. Pese a ello, el PSOE veía difícil ganar las elecciones en un clima benévolo donde todos los indicadores iban bien. Salvo el de la imagen pública. Luego pasó aquello. Y lo cambió todo. ¿Todo?

No. En Cataluña nada cambió. El año anterior se había formado gobierno. El famoso tripartito de Maragall (PSC), Carod-Rovira (ERC) y Saura (ICV). La formalización del acuerdo se cristalizó en el llamado Pacto del Tinell. En él, se acordaban dos cosas fundamentales: redactar un nuevo estatuto para Cataluña y excluir al PP -entonces todavía en el Gobierno- de cualquier acuerdo o pacto de gobierno, fuera en el ámbito estatal o autonómico o local. El famoso cordón sanitario. Algunos pensarán que merecido, otros que injusto. La decisión se tomó pensando que habría, al menos, otros cuatro años de gobierno conservador a quien hacer oposición.

Podrían haberlo parado aquí y no habría pasado a mayores. Pero Esquerra tenía otros planes, muy parecidos a los del Programa 2000. PSC se dejó arrastrar, espoleado por su alma nacionalista (de la que Toni Comín o Elisenda Pérez debían formar parte).

La fase de redacción fue lenta y llena de críticas por los rumores acerca de su contenido. Se temía que se sobrepasaran las costuras de lo legalmente permisible y sus patrocinadores no ayudaban en sus declaraciones: “No se trata de catalanizar España sino de federalizar España más abiertamente“, escribiría Pasqual Maragall. Saura añadiría después que “el gran reto es que España se reconozca a sí misma como una realidad plurinacional“.

Existieron otros puntos de fricción, por supuesto. Independencias selectivas como las selecciones catalanas, de cuya redacción se hizo cargo Esquerra para hacer realidad un viejo sueño de ver competir en igualdad de condiciones a España (que “tendría que llamarse de otra manera“, chanzó Maragall además de decir alguna de sus típicas maragalladas) y Cataluña. Con la salvedad de que las competiciones internas seguirían como estaban y el Barcelona seguiría jugando la liga española. Pero como estaban en fase de redacción y todo aquello cabreaba mucho a la derecha, se dejó hacer e incluso se hizo broma con el tema. Pero iban en serio.

El día 30 de septiembre de 2005 el Estatut que se aprobó en las cortes catalanas con una aprobación de casi el 90% (sólo se opuso el PP) incluía las selecciones propias y otros artículos imposibles de encajar con la Constitución, que luego desgranaré. El día siguiente, la vicepresidenta Fernández de la Vega hizo notar quehay que garantizar que el texto final sea acorde con la Constitución de la A a la Z, con el interés general y el de todos los ciudadanos“. Algo no se había gestionado bien y cundieron las alarmas. Una cosa es satanizar al partido rival y sacar ventaja de sus protestas y otra muy diferente que te deshilachen el país por los costados.

El problema, claro, era cómo recomponer aquellos puentes rotos y tratar de conseguir (Alfonso Guerra, 2005) que los otros hicieran lo que ellos no podían hacer (José Bono, 2006). Sabiendo lo que suponía, además. El Comité Federal del PSOE se puso nervioso y Zapatero tuvo que reunirse durante horas con Artur Mas para tratar de salvar un articulado más defendible que el propuesto para el Congreso. Mas, astuto, se llevó un buen pellizco en impuestos indirectos a cambio de trasladar el término “nación” para Cataluña del artículo primero al preámbulo, donde no tendría valor jurídico. Vale la pena destacar esta declaración de Zapatero:

El líder del PSOE insistió, frente al catastrofismo del PP, en que el Estado de las autonomías, la descentralización de España, “ha sido uno de los factores decisivos en el aumento del bienestar de los españoles”. Recordó que la reforma de los estatutos está en “nuestro proyecto y en nuestro programa” y en la historia del PSOE -donde “siempre hemos creído en la descentralización política porque le han sentado bien a España y a la democracia”- para responder al ataque del PP al Gobierno de que es una consecuencia de los pactos con los nacionalistas.

Hoy, quizá, no estaría tan seguro de aquello. De hecho, tampoco lo estaba entonces. Ni él ni el Jefe del Estado. Pero había algo más importante entre manos: la estrategia de aislar y enfurecer al PP.

De ese aislamiento salió la campaña de firmas contra el Estatut. Esa famosa campaña “contra Cataluña” que galvanizó del todo el debate político. ¿Contra Cataluña? ¿Contra el Estatut? No exactamente. Esas cuatro millones de firmas pedían el mismo referéndum en todo el país dado el cariz que había tomado la federalización de España, esa realidad plurinacional con la que nos acabábamos de encontrar. Votar tampoco fue democracia entonces. Pero el Pacto del Tinell se había consumado, el PP se había aislado y radicalizado y algunos se prometían largos años de socialdemocracia.

Por eso el 30 de marzo de 2006 el Congreso aprobó el Estatuto y, de nuevo, sólo se opuso el PP. ¿Sólo? No. También se opusieron ERC y Eusko Alkartasuna, pero por sus propios motivos.

El no de ERC finiquitó el tripartito y sentó las bases de lo que habría de ocurrir después. Se convocó un referéndum en el que participó menos de la mitad del censo, que votó a favor del nuevo estatuto. Aunque quizá alguno votó intuyendo que quizá no llegaría muy lejos. Porque aunque Guerra estaba orgulloso de su cepillo, las prisas habían hecho una chapuza. Poco después el PP presentaba un recurso de inconstitucionalidad ante el TC. Habían hecho el trabajo que otros no se molestaron en hacer, ni antes de la redacción ni durante el cepillado. Aunque Rubalcaba, entonces ministro del interior, dijera que “los grupos parlamentarios trabajamos intensamente para lograr un Estatuto rigurosamente constitucional“, el recurso afectó 114 artículos.

Por supuesto, las reacciones fueron las esperables. Chacón (PSC) dijo que “este recurso pone de manifiesto el poco respeto a la voluntad de los catalanes“, incluidos los votantes del PP. Durán i Lleida (CiU) directamente lo llamó “acto de agresión política contra Cataluña“. En similares términos se expresó ICV, “una nueva agresión a Cataluña y a la Generalitat“.

Ni entonces ni nunca se trató de actualizar un estatuto, o de estabilizar unas prácticas bajo un paraguas legal, o de dar cabida a sentimientos en costuras racionales. Por si aún no han caído: esta proyección construía un relato según el cual el PP es agresor y hostil, especialmente anticatalán. Cuántos asintieron y se dejaron llevar por la corriente. Cuántos lo siguen repitiendo. Cuántos fueron incapaces de ver entonces la estrategia que había detrás, que no era otra que la lucha por la hegemonía y el control de discurso. Marketing. Storytelling. Durante diez años. No hay corriente que lo resista.

Porque aunque todos hoy sabemos que fue el PP, hubo otros seis que recurrieron el estatuto. El Defensor del Pueblo y cinco comunidades autónomas (Murcia, Rioja, Aragón, Valencia y Baleares). Es decir, que el recurso se habría presentado lo quisiera el PP o no lo quisiera el PSOE y el catalanismo. No hubo declaraciones por parte del tripartito ni de nadie del parlamentarismo catalán.

Durante la tramitación del recurso hubo recusaciones cruzadas, siete borradores de sentencia y un sinnúmero de ires y venires. Incluyendo una bronca en público de la Vicepresidenta a la entonces presidenta del Tribunal. Todo el mundo trataba de salvar la cara y la honra sin quemarse por el camino.

Hasta que ocurrió algo que explica tanto separatista reconvertido: el editorial conjunto del 26 de noviembre de 2009.

Ya lo he mencionado antes. Fue el pistoletazo de salida a todo lo que ha venido pasando después: las movilizaciones, la creación de la ANC, de la AMI, las diadas… siempre se decía que venían de abajo a arriba, que todo el procés lo era. Y lo es, aunque un paso por detrás de la campaña habitual. Resulta terriblemente sencillo plantar una semilla y esperar a que otro la reciba, la procese y con el tiempo brote como si fuera genuino. Donde falla toda esa espontaneidad es, precisamente, donde es más visible ver la manipulación. En el lenguaje. Las palabras escogidas para referirse a algo, los memes de conceptos y frases que vistan una idea y la rellenen. Desde la hostilidad inicial –Espanya ens roba, apadrina un nen extremeny– a la modulación gradual hacia los somriures pasando por los ara es l’hora. Todos los discursos están elaborados. Todos los argumentos están comprados y se repiten sin cuestionarse. Sirva de ejemplo la inmersión lingüística: es un modelo de éxito que permite la cohesión social, sin la cual el catalán estaría en peligro. Replican los argumentos del año 1983. En 2017. Y lo seguirán haciendo mientras haya quien siga atreviéndose a cuestionarlo.

El 28 de junio de 2010, cuatro años después, el Tribunal Constitucional hizo pública la sentencia sobre el recurso del PP. Declaró inconstitucionales catorce artículos.

-Seis correspondían a la creación de un CGPJ catalán para crear su propio gobierno judicial (en abierta contradicción con el CGPJ). Suena razonable que no haya dos entes paralelos.

-Dos sobre gobiernos de cajas de ahorros (ya extintas) y entidades de seguros. Nada interesante.

-Uno sobre la vinculación de los dictámentes del Consell de Garanties Estatutaries. Declarado inconstitucional para proteger la labor legislativa del Parlamento. De no haberse declarado inconstitucional, el 7S la Llei de Transitorietat no habría podido salir adelante. Eso no le habría gustado a ninguno de nuestros separatistas, pero la sentencia del Estatut.

-Uno sobre la capacidad exclusiva del Síndic de Greuges respecto a la Administración catalana (inconstitucional por pretender que nadie más pudiera fiscalizar la labor del gobierno local). A todos nos gusta la idea de contrapesos del poder y que existan múltiples mecanismos para controlar a gobiernos y administraciones. Bueno, a todos no.

-Uno sobre la capacidad legislativa del Parlament de crear y regular impuestos (competencia exclusiva del Estado). Suena lógico que se intente que exista la menor cantidad de entes creadores de impuestos posible.

-Uno sobre la solidaridad interterritorial, donde exigía al resto de comunidades un esfuerzo similar (inconstitucional por pretender decidir cuánto participa cada autonomía, competencia exclusiva del Estado). Razonable, dado que el Estado es el único que puede tomar la decisión sin estar condicionado por su propia codicia.

-Y la guinda para el final. El catalán como lengua de uso “y preferente” de las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza. El Tribunal suprimió sólo la preferencia para que no hubiera desequilibrios en la cooficialidad. Esto a los de Súmate no se lo han explicado, pero la sentencia del Estatut.

Por eso, ni Carmen ni Toni ni Ismael ni el resto se hicieron separatistas por la sentencia del Estatut. Es muy probable que ni siquiera se la hayan leído, como no se la ha leído prácticamente nadie.

Se hicieron separatistas porque alguien les dijo que esa sentencia del Estatut debía hacerles separatistas.

 

Blanes is not Magreb

No me gustan las citas textuales en un titular. Acabo preguntándome si se ha sacado de contexto algún comentario que, en su justa dimensión, podría tener un cariz diferente. Desayuno con un dicen que dijo un tipo, leo cosas absurdas, y por eso me he puesto a transcribir la conversión entera de donde Alsina con Miguel Lupiáñez, alcalde de Blanes del PSC. Aquí el audio. La transcripción es larga, es necesario tener el panorama completo para poder comprender cómo perdió un alcalde los papeles.

Con estos mimbres tengo que armar una cesta que explicite por qué no es tan extraño que un alcalde socialista de pueblo que vive principalmente del turismo interno se descuelgue de este modo. Y por “este modo” me refiero a lo que Alsina explica (mis comentarios entre paréntesis):

Alsina: (…) Sabéis que la dirección del PSC ha enviado a sus alcaldes y concejales, cargos electos municipales, un argumentario, digamos, argumentos para el caso de que el gobierno independentista catalán finalmente requiera la colaboración de los ayuntamientos para la colocación de las urnas el primero de octubre. Se trata de que, como ocurrió en Lleida, que los alcaldes digan “oiga, si es un referéndum ilegal pues aquí no hay dependencias municipales que ofrecer para la organización”. Pero hay varios alcaldes de municipios, alcaldes del PSC, que no están por… que no están con la tesis de Miquel Iceta en este asunto. Por ahí va la página del diario El Mundo, y uno de esos alcaldes es Miguel Lupiáñez, que es el alcalde de Blanes, al que le quiero preguntar si la información que publica el periódico es-es correcta (al transcribir me interesa resaltar los momentos de duda o reflexión porque tan importante es lo que se quiere decir como lo que se quiere callar), es decir que si él se desmarca, como otros alcaldes del PSC, de la posición oficial de la dirección de su partido. Señor Lupiáñez, buenos días.

Desde la época de los tripartitos en el PSC no saben hacia dónde ir ni qué postura elegir. Como toda federación de provincias, abjuran del complejo de recibir órdenes de Madrid y tratan de marcar perfil propio, a costa de comprar argumentos e idearios ajenos y peligrosos. Tanto, que en las sucesivas elecciones fueron sangrando apoyos. Tanto, que pasaron de ser el principal partido de oposición a convertirse en un partido casi residual. Tanto, que constantemente se ven amenazados por escisiones y bajas masivas que se van a otros partidos que sean más nacionalistas. Algunos se quedan, quizá porque fuera hace mucho frío, quizá porque alguien les dijo que el partido seguía acogiendo estas ideas. Ideas que Lupiáñez sacó de su chistera de lunes por la mañana como si no tuviera quién le escuchara. 

Lupiáñez: Muy buenos días. Matizo el desmarque, matizo el desmarque. Es decir. Como alcalde, la actitud es de… un referéndum… que no… es legal (la actitud es de un referéndum que no es legal a su pesar) y por lo tanto la actuación debe ser contundente contra cualquier ilegalidad. Pero (pero) matizo que esta contundencia de ilegalidad… (contundencia de ilegalidad) no estamos hablando de un delito sino de una falta administrativa (el alcalde metido a juez que decide que un delito de desobediencia es una falta administrativa, o en jerga local, querer colarle goles al Estado). Y por lo tanto sí que, en dependencias municipales, por orden de mi secretario, no podrá hacerse ninguna actividad relativa al referéndum. (Pero) Otra cosa es a qué velocidad se pueda mandar a la Policía porque tiene que haber informe y contrainformes para este acto… este acto administrativo, eh… que no se permite hacer. (Que no se permite hacer pero permitiremos hacer con filibusterismo burocrático de informes y contrainformes que llevará días o meses, que eso sí que no es ilegal, y Lupiáñez ya está pensando cómo celebrar el gol) Esto en cuanto a alcalde, en cuanto a partido has hablado de que si nosotros, los dirigentes socialistas hemos recibido unos mandatos, unas consignas en relación a este referéndum, que hemos dado un paso para [alante] y uno para atrás (un, dos tres), eh… a veces… en el tiempo… (Lupiáñez podría dar buena cuenta de qué le parece ir hacia delante y qué hacia atrás, pero es un jaleo del que no toca hablar) pero que hay un tema que prevalece (prevalece) sobre todo lo demás en relación con el punto anterior: dejar que la gente se manifieste democráticamente (manifestarse democráticamente) y participe en un evento (participe en un evento) no tiene por qué ser un hándicap… (un referéndum unilateral de secesión sin contar con la oposición es un evento cuya participación no tiene por qué ser un hándicap) estamos hablando del 155, (mutatis mutandis pasamos al ataque con un grandioso hombre de paja) se ha hablado anteriormente del 155, (el último en hacerlo un ex vicepresidente socialista) em… ¡ponderación! ¡Mesura! (Ponderación. Mesura.) Porque… de ahí lo que hacemos es crear más tensiones de las que hay (una secesión unilateral no crea tensiones de ningún tipo, Lupiáñez elevado a místico). Por lo tanto, ponderación y mesura en aplicar las leyes… eh… al extremo… (ponderación y mesura en aplicar las leyes al extremo porque hay leyes que se aplican un poco y otras que se aplican sólo la puntita) porque también se pueden interpretar para una mejor convivencia y un mejor… entendimiento de los problemas (porque las leyes se pueden interpretar pero sólo algunas leyes, sólo algunas sentencias, sólo las que a Lupiáñez le gusten o le interesen).

Alsina: pero usted, ¿está a favor o en contra del referéndum de autodeterminación?

Lupiáñez: Yo, como… eh… a nivel personal te diré que estoy a favor de cualquier acto democrático (acto democrático, manifestación democrática) en el cual la ciudadanía se pueda manifestar (manifestación democráctica) y que mi voto, como fue el 9N -porque también voté en el 9N- será rotundamente en contra (palabra de Lupiáñez). No me permiten hacer campaña (no le permiten hacer campaña pero hace campaña, otra cosa es que sea la misma que la que querría hacer su partido), pero mi campaña personal será para votar en contra.

Alsina: Entonces, usted está a favor de que se celebre un referéndum de autodeterminación.

Lupiáñez: Sí… (Cómo no).

Alsina: Y en contra, por tanto, de la posición de su partido.

Lupiáñez: Eh… sí. (Un pasito p’alante, María)

Alsina: ¿Y eso no le ocasiona ninguna… incoherencia, eh… política?

Lupiáñez: Cuando… cuando… eh (cuando no lo tiene apuntado), como alcalde cuando te impiden hacer un acto electoral (cuando le impiden hacer un acto electoral) como partido… em… lo condiciona a que sea legal y acordado (una condición que no casa con la manifestación democrática ni los eventos democráticos ni los actos democráticos porque la ley y el acuerdo no son democracia) vas a la razón democrática (razón democrática) del ser humano (el ser humano es democrático y Lupiáñez estalla de gozo) y dices ¿qué-daño-se-hace en depositar una bota… un voto en una urna? (No nos dejan poner botas en urnas ni votar) Ninguno. (Qué daño hace votar por las penas de muerte. Qué daño hace votar por la expulsión de inmigrantes. Qué daño hace votar la imposición de un idioma. Qué daño hace. Ninguno). Simplemente es un hecho participativo (el proceso participativo y festivo hecho). Y eso [pecha] sobre las demás cosas anteriores: (el hecho participativo está por encima de, por ejemplo, la ley) pertenecer a un partido (el hecho participativo está por encima de mi cargo en el partido que me ha colocado de alcalde, la fe por encima de la creencia), que ya te he dicho que ha dado pasos para [alante] y pasos para atrás (pero no los que yo Lupiáñez he dado), y como alcalde obviamente sí que tengo que cumplir con la legalidad porque la institución está por encima de todo (la institución está por encima de todo, pero más mi sillón y mi sueldo aunque no el mi partido que me puso aquí).

Alsina: ¿Y cómo se puede defender una ilegalidad y decir al mismo tiempo que es un acto participativo que no hace daño a nadie?

Lupiáñez: Pues como decía la canción, puedes querer a dos personas a la vez y no estar [locu] (defiendo una ilegalidad basándome en como dice una canción). En este caso son a tres personas a la vez y no estar loco (no estar locu ni loco, pero quiere a tres personas a la vez y, aparentemente, no hay ningún problema). Sí, se puede hacer (no, no se puede hacer: la poligamia no está permitida a menos que seas de una secta muy amable anclada en el siglo XIX).

Alsina: Se puede hacer (Alsina se está recuperando de la impresión). Es decir, ¿se puede defender a la vez que hay que realizar un acto ilegal como es un referéndum de autodeterminación, y que eso no ocasiona daño a nadie?

Lupiáñez: Eh… poner las urnas, poner las urnas (poner las urnas, nos castigan por poner urnas, nos juzgan por poner urnas, nos odian por querer poner urnas y la urna se hizo verbo y habitó entre ellos) para… ah… atender la voluntad del… del ciudadano (“la voluntat de un poble”), no es… no… como he dicho, como hemos hablado antes es un acto administrativo que puede ser ilegal (un acto administrativo que puede ser ilegal pero ponderación, mesura) pero la ilegalidad es… (la ilegalidad es lo que yo Lupiáñez diga que es) pues aplicar en desmesura un artículo 155 (la ilegalidad es cómo se aplica en desmesura un artículo constitucional que, más que artículo, sigue siendo un hombre de paja. Ponderación.) o… um… [pruhibir] que la gente pueda expresarse (que la gente pueda expresarse a través de yo Lupiáñez porque, de otro modo, no puede expresarse nunca). Yo entiendo que es, que llevamos relativamente, [sicir], yo tengo 55 años, llevamos [cuarentaylargos] en democracia, y los referéndums que se hacían antes, y mi padre y mis tíos participaban, no tiene nada que ver con lo que se está planteando ahora (no tiene nada que ver con lo que se está planteando ahora porque lo dice yo Lupiáñez). Es… es un… es una toma de contacto, un… saber qué opina la gente (no como los referéndums que se hacían antes y en los que participaron el padre y los tíos de Lupiáñez, que ni eran toma de contacto ni querían saber qué opina la gente). Y posiblemente, posiblemente, saldrá… o deseamos que salga un… un estar dentro de la [comunidad económico-europea] (un) o de estar dentro de Europa (dos)… y dentro de España (y un pasito p’atrás), y-y… o vayamos a solucionar los problemas que tienen los catalanes, que son muchísimos (el primero, la sintaxis y la verborrea de Lupiáñez). No solamente es este, el identitario (el identitario), sino… hay motivos de crisis económica, motivos de reindustrialización, hay temas sociales, hay temas de inmigración (temas que sólo afectan a yo Lupiáñez y no ocurren igual ni peor en ningún otro lugar del mundo)… que esos son los temas que yo como servidor público (pero aquí estás, hablando de todo menos de esos temas), como socialista (como socialista que se sale de la estrategia del partido socialista), quiero dar a mi ciudadanía (énfasis en el quiero, no en su ciudadanía). El tema identitario (el monotema identitario), como han hecho en [otros] partes del mundo (donde no se han hecho las cosas que se pretenden hacer aquí de la forma que quieren hacerlo aquí, pero como han hecho en otras partes), hay que… eh… [enfrontar] afrontarlo (hay que afrontarlo) y, eh… y después de eso, a otra cosa (a otra cosa que ya veremos qué es, pasito p’alante o p’atrás pero yo Lupiáñez sigo donde estaba). Porque seguramente iremos a otra cosa, no saldrá, sí, yo creo que no saldría.

Alsina: Ya, ¿y si sale? Es decir, usted está a favor de que se celebre el referéndum de autodeterminación, y si sale sí a la independencia, imagino que estará usted a favor de que Cataluña se separe de España.

Lupiáñez: Eh… eso no lo veo (no lo veo, caminemos, y yo Lupiáñez el primero, por la senda anticonstitucional y provoquemos un golpe de Estado, pero no lo veo)… eh… a ver… eh… democráticamente el pueblo ha hablado (el pueblo ha hablado) y lo tendré que acatar (tendrá que acatar lo que les salgan a las gigantescas gónadas de Lupiáñez, ponderación, mesura). Porque es una posibilidad de las que hay (es una posibilidad de las que hay, de entre las otras posibilidades que hay). ¿Y se acata cómo? Pues con negociación (se acata con negociación. Un referéndum unilateral de independencia se acata con negociación). ¿Y en qué sentido? Pues [intitar]… eh… intentar minimizar el impacto… personal y social… lo más… lo máximo más posible (el impacto personal y social de yo Lupiáñez votando “no”), y luego, pues dentro de una… de una Europa de-de-de-de-de naciones (una Europa de naciones. Dentro.), eh… convivir (convivir) y… y condicionar las relaciones (condicionar las relaciones justo después de haber mencionado “convivir” porque Lupiáñez no sabe lo que significa una de las dos). Que es factible, ¿eh? (Pero es factible convivir y condicionar las relaciones: se llama catalanismo y lleva 40 años, cuarentaylargos, haciéndolo) Somos seres inteligentes, nos pondríamos de acuerdo (nos pondríamos de acuerdo porque somos seres inteligentes).

Alsina: Ya, ya. ¿Y al resto de la sociedad española, que se le ha privado de su derecho a… a decidir sobre la integridad territorial de España, usted qué… qué le dice?

Lupiáñez: Perdone, pero yo de nacimiento soy alpujarreño… o de Granada… entonces eh…

Alsina: Pues estupendo. (Pues estupendo)

Lupiáñez: Yo tam… me considero… no catalán de raíz, no de apellidos sino de-de… yo me considero ciudadano del mundo, español… hum… como queráis (como queráis, total, ser ciudadano del mundo o español representan lo mismo a yo Lupiáñez). Pero ese hecho también lo comparto, es decir, el… lo-lo que nuestro ex-presidente decía… [Ma]Montilla de desafección (desafección) que existe de-de-de España hacia Cataluña (de España hacia Cataluña) yo la percibo como andaluz. Y catalán (el énfasis en “y catalán” es tan intenso que borra todo lo demás, menos la desafección).

Alsina: ¿Y en qué la percibe?

Lupiáñez: En que somos dif… es decir (un lapsus)… somos lo (dos lapsus)… aquí trab (tres lapsus, pasito p’alante)… eh-eh… aquí las prioridades son otras (aquí las prioridades son otras), la-la sociedad se mueve más por espíritus de-de-de construcción, de avanzar… de… esfuerzo, responsabilidad, compromiso (se mueve más por espíritus, todo es con finalidad de bien). No es que en [la resta] del mundo no exista (no es que no exista es como decir no es que seas feo). Pero aquí… los parámetros son… básicamente eso (básicamente Lupiáñez acaba de soltar un trozo de mierda supremacista). [Responsabilidadcompromiso]… em… avanzar… eh… no sé, el esfuerzo, premiar el esfuerzo (la desafección la percibe en premiar el esfuerzo porque en otras partes ya tal).

Alsina: En el resto de España usted cree que no.

Lupiáñez: Nooo… eso, ¿ves? Ahí estoy diciendo todo lo contrario (está diciendo todo lo contrario). Es… es que se vive de otra manera (se vive de otra manera pero está diciendo todo lo contrario). Es un impulso (es un impulso cuya mano que impulsa no se ve ni se siente porque es un proceso dabaixadalt y es espontáneo). Es una manera (es una manera), es un sentimiento (es un sentimiento que es una manera que es un impulso que es todo lo contrario), esos valores se miden… se miden (esos valores se miden y quién los mide y cómo se mide y qué pasa cuando se miden) y se viven de otras maneras (se vive de otras maneras). Y ya le digo, a los ocho… a los ocho años mis padres me trajeron aquí (a vivir de otra manera y sentir, medir valores y vivir de otra manera impulsado) porque [onde] vivían no podían vivir, no podían alimentarme (no podían alimentarle porque entonces eran andaluces de la Alpujarra, no como luego que se hicieron catalanes porque se vive de otra manera y es un sentimiento que da de comer, como el maná. El catalanismo es maná).

Alsina: Entonces usted está por la labor de que el… la sociedad catalana tenga derecho a decidir hasta dónde llega España y el resto de la sociedad española pues tendrá que admitirlo porque, en su opinión, es lo democrático.

Lupiáñez: El derecho, el derecho de hablar (el derecho de hablar), el derecho de poner las urnas (el derecho de poner las urnas), el derecho de manifestarse (el derecho de manifestarse), el derecho de opinión (el derecho de opinión)… yo tengo… yo creo que hay que llevarlo al límite (yo Lupiáñez cree que hay que llevar derechos y leyes al límite pero ponderación y mesura). De que sea así (de que sea por sus enormes, ebúrneos huevos catalano-alpujarreños). A llevarlo al límite (al límite de la ponderación y la mesura y la manera de vivir y el sentimiento democrático) para que eh… los políticos o las políticas que se hagan (los políticos o las políticas que se hagan, ciudadanos y ciudadanas) sea en función de-de servir a la gente que es la cual (servir a la gente que vote lo que yo les diga que vote y se quieran jugar el puesto que yo Lupiáñez no pienso jugarme), por la que muchos nos hemos acercado a la política (acercarse a la política, no acercar la política). Eso es así (el derecho de hablar, el derecho de poner las urnas, el derecho de manifestarse y el derecho de opinión hay que llevarlos al límite, sin ponderación ni mesura, ni consecuencias ni contrapartidas, para que yo Lupiáñez pueda servirse de ello y seguir acercado a la política). Eso es así (eso es así). Y después, en cuanto a que… y tenemos el favor (tenemos el favor de los que tienen el dinero y la influencia, ¿sabéis quiénes van a veranear a Blanes por casualidad?)… es decir, yo también como-como-como persona (el yo íntimo de Lupiáñez) tengo enfrentamientos con amigos, con familia (la intimidad enfrentada de Lupiáñez), en relación a por qué el resto de España no puede opinar sobre el tema (el derecho de hablar, el derecho de poner urnas, el derecho de manifestarse, el derecho de opinión llevados al límite pero el resto de España no puede opinar sobre el tema). Es que yo entiendo que el resto de España no debe opinar sobre el tema por una razón, porque afecta eh… básicamente, al sentir (el derecho de hablar, el derecho de poner urnas, el derecho de manifestarse, el derecho de opinión llevados al límite pero el resto de España no debe opinar porque el resto de España no siente)… a esta desafección (el resto de España se desafecta con los desafectos por la desafección y los desafectados), a esta… querer administrarse de otra manera (a este “querer” sentío) que tienen los catalanes (que tienen los catalanes), o que tenemos los catalanes (que tienen los catalanes y el yo íntimo de Lupiáñez que vive de otra manera y lleva los derechos al límite, sin mesura ni ponderación, desde los ocho años). Y por lo tanto (y como la desafección es una cosa muy seria), como ha pasado en otros países… del mundo (en otros todos), yo la opción, las desgracias, las personas afectadas directamente, no el conjunto, como ha pasado en Canadá o como ha pasado en el Reino Unido (de la intimidad de Lupiáñez nos desplazamos a las desgracias y las personas afectadas por este sentir, este desafectar, esta manera de vivir tan impulsiva y de valores medidos de forma directa, porque eso pasa en Canadá o el Reino Unido).

Rubén Amón: Una pregunta, es que usted titubea cuando dice que son diferentes. No sé si ha titubeado porque le parece una palabra demasiado… expresiva o porque realmente la ha rectificado (Rubén Amón también lo ha visto).

Lupiáñez: Diferentes en relación a qué, ¿al…?

Amón: Al momento de su explicación de cómo son los catalanes.

Lupiáñez: Sí, es que, eh… me preocupa muchísimo que se caiga en la demagogia en relación a que los catalanes son diferentes (le preocupa muchísimo que se caiga en la demagogia en relación a que los catalanes son diferentes). Aquí se vive de otra manera, es decir… y no… no es ni mejor ni peor (se vive de otra manera impulsiva y medida sin ponderación ni mesura que no es mejor ni peor pero es mejor y, sobre todo, diferente). Eh… muchas veces, cuando hablamos de que eh-eh… nosotros aquí tenemos nivel de vida (la diferencia ya no es por manera de vivir, ni por el sentir ni por querer llevar derechos al límite y restringir al máximo la aplicación de leyes, ahora la diferencia es el nivel de vida). Sí, eh… Cataluña… y posiblemente Rioja, y posiblemente Madrid, y posiblemente en el País Vasco tengan nivel de vida (posiblemente, pero no como ellos, no como el pueblo elegido). Pero hay otras zonas (hay otras zonas) donde la calidad de la vida es extraordinaria (no quería decir “calidad” exactamente) y yo envidio esa calidad de vida que (esa calidad de vida que consiste en vivir del cuento a fuer de Lupiáñez, pero que se tuvo que ir con ocho años para poder comer), aquí en Cataluña, posiblemente… em… por esa responsabilidad, por ese compromiso, por ese querer avanzar, por ese luchar pues… eh… se vive de otra manera (tenemos un nivel de vida de la hostia pero tenemos que luchar, avanzar y comprometernos responsablemente para tener la calidad de vida que tienen “otras zonas” de las que mi familia se tuvo que ir). Pero igual ocurre en Dinamarca con respecto, yo qué sé, al Magreb (igual con Dinamarca respecto a, qué sabrá Lupiáñez, el Magreb). Hum… es decir son gen (son gente, son genes, son generalidades)… son actitudes en fro… delante de la vida… diferentes (Cataluña es como Dinamarca y “otras zonas” son como el Magreb por nivel de vida, por actitudes e impulsos y valores y son diferentes, pero a Lupiáñez le preocupa muchísimo que se caiga en la demagogia en relación a que los catalanes son diferentes).

Alsina: No sé si está usted, eh… perdóneme, alcalde, diciendo que Cataluña es a Dinamarca lo que España es al Magreb.

Lupiáñez: ¡Nooo! (sí, lo ha dicho) ¡Nooo! (sí, lo ha dicho) Ustedes… lo [está] diciendo ustedes, ¿eh? Lo están diciendo ustedes porque es… es la… la nota que quieren comunicar (la nota que “quieren” comunicar, ellos, los otros, los que no son catalanes, no es lo que Lupiáñez ha dicho acerca de cómo son los catalanes de diferentes, tanto como un danés de un magrebí, pero lo han dicho los otros, los vosotros que no son nosotros, sino otros). No, es que… 

Alsina: Le estoy preguntando.

Lupiáñez: No, no, pero exactam (no, pero exactamente)… no quiero decir que Dinamarca-Magreb (no quiere decir Dinamarca-Magreb pero lo ha vuelto a decir), que no… que empiezan a… (que empiezan a decir que yo he dicho lo que he dicho) esta comparación yo no [lo] quiero hacer (no quiere hacer comparaciones que ha hecho, Lupiáñez). Es normalmente en todas… en todas las partes [enconflicto] (en todas las partes conflictivas es normal hacer comparaciones de este calibre), del Ecuador para arriba (del Ecuador para arriba están Dinamarca y todo el Magreb), em… lo hemos visto muchas veces (hemos visto muchas veces esta clase de comparaciones, üntermenschen), es decir, la zona de… de Francia es mucho más desarrollada (la zona de Francia es mucho más desarrollada que el Magreb) a nivel de-de… no sé cómo decirte… a nivel de… bueno lo que hemos hablado un poco antes de la calidad de vida y el nivel de vida (la calidad de vida y el nivel de vida, la “calidad” de vida de un biarrota o un perpiñaciense y el nivel de vida de un parisino). La calidad de vida en el Norte… es-es-es la que es, en cambio el nivel de vida… cómo se desenvuelve la gente socialmente (el nivel de vida determinado por cómo se desenvuelve la gente socialmente), la… la luz (el nivel de vida determinado por la luz, la luz del Norte), la cali… la calidad de vida (el nivel de vida determinado por la calidad de vida, que es distinto en Dinamarca que en Magreb como lo es en Cataluña respecto a “otras zonas”), las relaciones humanas entre vecinos (el nivel de vida determinado por las relaciones humanas entre vecinos que no se retiran el saludo por no ser catalanistas), es mucho más… más… dinámica o más… afectuosa o más… próxima, quizá en un Sur que en un Norte (se pasan más tiempo de fiesta que trabajando y por eso mis padres me tuvieron que sacar con ocho años para alimentarme, son cosas de Sur que nosotros los del Norte no conocemos ni entendemos porque somos diferentes, más impulsivos, más emocionales y de sentir, pero no con ese dinamismo y esos afectos más de un Sur, sino con otros afectos que generan desafección), es… eso siempre ha pasado (eso siempre ha pasado). De eso estoy hablando, no estoy hablando de… de que aquí trabajamos más (no estoy hablando de que aquí trabajamos más pero lo he dicho), de que aquí… no roban, no (no estoy diciendo que aquí no roban pero lo digo aunque sea una broma de mal gusto)… [de] esto no lo estoy diciendo (la boca de Lupiáñez no representa el sentir del yo íntimo de Lupiáñez). [Ni] de ninguna de las maneras, porque tampoco lo considero justo (tampoco lo considera justo aunque lo piense y lo crea, como también cree en querer a tres al mismo tiempo y no estar loco o en llevar derechos al límite de la ilegalidad o que esos mismos derechos no pueden aplicarse al resto o exigir mesura y ponderación en la aplicación de las leyes). Estoy diciendo la manera de vivir (la manera de vivir), la manera de afrontar la vida (la manera de afrontar la vida), la filosofía (la filosofía. La filosofía)… hum… la… las-las relaciones humanas (las relaciones humanas que no son como esas relaciones humanas sino que son otras relaciones humanas)… ese contexto… de filosófico (el contexto filosófico de creer que los catalanes son humanamente diferentes, más parecidos a los del Norte; mientras que el Sur es más como gentes del desierto, pero un desierto filosófico), de relaciones (un desierto filosófico de relaciones), que… hum… mejoran… hum… en algunos puntos (que en algunas cosas serían salvables, ¿véis como Lupiáñez no es supremacista? ¡Si tiene amigos andaluces!)… con respecto a otros (en algunos puntos con respecto a otros en los que no mejoran, sino que como no mejoran empeoran). Y… lo percibo así (y lo percibe así, sin ponderación ni mesura). Como… [y] andaluz que soy (como andaluz…), ¿eh? 

Alsina: Bueno…

Lupiáñez: De nacimiento (…andaluz de nacimiento, que era el matiz definitivo para que se cayeran todas las caretas y empezaran las risas).

Alsina: Bueno, bueno. ¡Menudo lío!

Lupiáñez: Es un lío, es un lío (es un lío en el que Lupiáñez se ahoga y se atabala, se atasca y se zambulle en decir lo que piensa en lugar de pensar lo que quiere decir).

Amón: No, no. Yo estaba diciendo al respecto a Arcadi… con todo respeto…

Lupiáñez: Es un lío pero con este lío hay que convivir (con este lío hay que convivir, con este supremacismo hay que convivir, dice el mismo Lupiáñez al que no le caben los huevos por la puerta). Y entonces al final tiras a los valores (y entonces al final tiras lo etéreo y vago, que es donde el Lupiáñez niño quiere estar para decir todo lo que no le dejan decir los mayores).

Javier Caraballo: Alcalde, yo sí soy andaluz, y me llama mucho la atención el concepto que tienen de… de Andalucía y de Cataluña y cómo caen ustedes en-en-en todos los… tópicos de-de-de la forma más insultante (Caraballo se ofende por naderías), porque claro, ustedes son andaluces (ustedes son lo que Caraballo diga que son, o quizá Lupiáñez sea andaluz porque no tiene el impulso ni los valores medidos ni la ponderación y mesura necesarias para ser catalán), dice usted que no lo quiere decir pero es lo que refleja (dice que no lo quiere decir pero lo dice), usted lo que… lo que ha dicho hoy lo dijo además cuando estaba reseñando que su origen es andaluz, que en Cataluña se vive de otra forma y lo que viene a decir es que en Cataluña se trabaja y por eso Cataluña es diferente y en otras regiones, como Andalucía, no se trabaja (eso ha dicho Lupiáñez y lo ha reafirmado con varios “esto es así” y “pero todo es un lío y hay que convivir”). Eso es lo que se desprende de sus palabras y es lo que yo lamento que usted, al mismo tiempo, se reivindique como andaluz y denigre a Andalucía de esa forma cayendo en los tópicos más elementales (¡ponderación! ¡Mesura!) y más falsos que hay sobre la relación de Cataluña con el resto de-de España (con el resto de España por si lo confundimos con el resto de Francia o el resto de Italia o el resto de alguna parte en la que los catalanes también tengan relaciones). Si hay una industria en Cataluña es en gran medida porque desde el siglo XVIII y XIX se han ido desmantelando en otras zonas, como por ejemplo en Andalucía que es donde están las riberas, las industrias siderúrgicas de España, y se ha protegido mucho la industria catalana. Y todo eso es historia, yo no tengo nada que ver con eso ni-ni-ni pienso plantearlo en términos de agravio (no piensa hacerlo pero lo ha hecho igual que lo hizo el otro, que tampoco tiene culpa de todo eso), pero que sí a usted, usted como andaluz (apela al yo Lupiáñez andaluz que no existe), eh… defendiendo esos tópicos que tanto daño hacen a la convivencia, es lo que me parece lamentable.

Lupiáñez: Pues… ah, eh, con toda la humildad del mundo (con toda la humildad del mundo), no ha habido intención (no ha habido intención de decir lo que he dicho y de la manera que lo he dicho), no ha habido intención (no ha habido intención)… de llegar a este extremo (de llegar al extremo de recriminarme) que tú estás verbalizando (esa cosa de la que usted me habla, con toda la humildad del mundo). Es la manera de vivir (no hay intención pero vuelvo a insistir en que la manera de vivir es diferente), la-la-la responsabilidad con la que se asumen las cosas (también es diferente la responsabilidad con la que se asumen las cosas, bueno, ciertas cosas, bueno, algunas cosas, bueno), la… em… pues no sé, si quieres el ahorro (si quieres un tópico por todos los demás tópicos), no sé, es totalmente diferente (es totalmente diferente, con toda la humildad del mundo y sin intención). Yo (volvemos al yo íntimo de Lupiáñez). Tengo familia en los dos… viajo muchísimo a Andalucía (tengo amigos gays) y [me] quiero muchísimo a la familia… a mi… familia… y [me] quiero muchísimo a mi tierra (yo mí me conmigo en el pequeño mundo Lupiáñez). Pero (pero) también estoy viviendo aquí y-y convivo aquí (estoy viviendo aquí y convivo aquí con toda esta gente diferente), y convivo aquí con la desafección que se tiene (convivo aquí con la desafección que se tiene, no como la que yo Lupiáñez reparto, que son besos y amores sólo que no comprendemos el amor infinito de Lupiáñez en sus topicazos porque las relaciones humanas del Norte son diferentes). ¿Por qué? (por qué, por qué, por qué) Porque, hum… yo te podría, tú [te] podrías hablar (a Lupiáñez no se le ocurre nada para avanzar tras ese porqué tan sentío sobre la desafección tan imposible de convivir y tan diferente a todo, incluso a Francia), has hablado de la industria del siglo XVIII y es correcto, es correcto (es correcto porque tú me dices que es correcto pero no me creo que eso sea correcto y me lo repito a mí mismo para convencerme por ahora), pues posiblemente porque estuviéramos… en ese momento, en el País Vasco también y-y Navarra también (el País Vasco y Navarra también porque son compañeros), ¿por qué? Porque estaban más-más cerca de-de… digamos… de-de la Europa que (Aragón, que está tan cerca de la Europa como el resto de fronterizas, no sale porque no es compañero), en su momento, alguien nos quiso aislar (alguien nos quiso aislar y tú y yo sabemos quién fue y no me hagas decir su nombre) y-y… se floreció más la industria (la desafección viene porque se floreció más la industria porque estábamos aislados de Europa pero estábamos más cerca de Europa, menos Aragón que no está cerca de Europa aunque esté tan cerca de Europa como Navarra que está cerca de Europa), pero… eh… la-la yo qué sé, pues el sector comercial de Málaga (el sector comercial de Málaga) o-o comercial o el sector en Cádiz (el sector en Cádiz, todo él) que, históricamente, han sido el primer puerto de [la Mediterránia] (históricamente hace 3.000 años y además del Atlántico pero históricamente) pues… hum… en su momento pues era eso (era eso), el primer puerto de [la Mediterránia] (el primer puerto de “la Mediterránia” o “la manera de vivir”, desafección por haber sido un puerto importante en tiempos remotos). Eh, son comparaciones que no, no tienen que-que (son comparaciones que no)… ¿ves?, es ese sentimiento de-de mesura (sentimiento de mesura, ponderación, sentir, impulso, ¿no véis, descreídos, cuán diferentes somos?), no sé, no sé, de sentimiento de [proporcional] que hemos hablado antes (el sentimiento de proporción que es comparar Dinamarca con Magreb o llenarse la boca con 155 y ponderación y mesura y luego soltar todas estas perlas, los micrófonos), es lo que está llevando a… lo está llevando al… extremo (lo que está llevando al extremo a todos los que no son el yo infinito de Lupiáñez y su séquito de huevaje), tú, em… en-en-en… malo (¿es que es malo compararnos con Dinamarca y compararos con el Magreb?), en defectuoso (¿es que es defectuoso recalcar que nuestro nivel de vida es inigualable mientras que vosotros tenéis… “relaciones humanas” que mejoran en algunos puntos?), en-en-en dividir (¿es que es división separar?), en-en provocar la división (¿es que es provocar la división culpándoos de desafección mientras desafecto?). Entonces, de alguna manera, la… hum… la mesura y la [proporcional] ex-existen (la mesura y el renglón de texto que tenía delante que ponía “proporcional” existen) en el momento de que existe [respecto] y existe la confianza (como no tengo mesura ni “proporcional”, estoy dejando claro que ni os respeto ni confío en vosotros). Yo respeto, muchísimo (pero muchísimo, como acabo de demostrar). Confianza, también (confianza a dolor). Pero (pero, como en yo no soy racista pero) tiene que ir a los valores (tiene que ir a los valores, a la diferencia, la diferencia que nos hace tan diferentes). Y lo último, lo último es un acto democrático (lo último es un acto democrático de los valores, y la mesura y la proporción y somos Dinamarca y vosotros gentes de lejanos desiertos, y por eso la desafección).

Alsina: Bueno, alcalde, la verdad es que yo no he (no ha entendido nada, como no lo habrá entendido ni Lupiáñez mismo, en su infinitez)… se me ha entendido esta mañana. Me queda claro que si finalmente hubiera urnas el primero de octubre usted acudiría a votar a ese referéndum.

Lupiáñez: A nivel personal, sí. [Y] iré a votar que no (porque les sigo el juego a los catalanistas pero no les sigo el juego. No lo comprenderían, porque no tienen nuestros valores ni nuestros sentimientos, sucios desafectos).

Alsina: A nivel personal y a nivel… o sea, usted no deja de ser alcalde el día que va a la urna.

Lupiáñez: En algún momento determinado dejas de ser alcalde (otros, quizá). Y entonces, a nivel personal…

Alsina: Como no dimita…

Lupiáñez: … y entonces, a nivel personal (a nivel personal de alcalde, porque algún momento determinado no es éste), o a nivel de partido. A nivel de partido… hum… dicen (dicen, dicen) que… no se puede votar, ya voté el 9N (dicen que no se puede votar y yo ya lo hice y aquí sigo, ¿no os dais cuenta de lo diferentes que somos, nosotros y vosotros?), y votaré el uno de octubre y votaré que no (por si no me habíais creído las dos veces anteriores).

Alsina: Alcalde, gracias por haberme atendido.

Lupiáñez: Muy bien, hasta luego.

Farewell, Maghrib.