El relato

No hay más relato que el que uno quiera seguir.

En un conflicto político hay dos posturas radicalmente opuestas. Polarizadas. Inasumibles para el otro. Federalismo o jacobinismo. Monarquía o República. Real Madrid o Barcelona. Todos legítimos pero irreconciliables porque no puedes escoger ambas. Pero esto no es ni fue nunca un conflicto, sólo ganas de tirar hacia adelante como se pudiera, con pereza para resolver. Con desidia para defenderse. Con melindres para rebatir embustes tan enquistados que algunos creen verdades. Con placer culpable en aceptar que quizá sea cierto, quizá esto sea irreformable, quizá somos vagos, quizá robamos, quizá somos mas corruptos, quizá más atrasados, quizá no respetamos sus diferencias ni las cultivamos lo suficiente, quizá sean mejores y más civilizados. Quizá sean daneses. Quizá seamos magrebíes. Quizá seamos tan racistas como ellos y llamarnos magrebí nos ofenda. Quizá nos hayamos merecido parte de esta pena.

En esa carga llevamos el peso del relato. Que otros cuentan y debemos ir a remolque, contrastar y medir y resignarse a que el ruido inicial se lleve por delante todo razonamiento y análisis. Llamar derechos a desobedecer leyes. Llamar democracia al voto censitario del Catalan-only. Llamar libertad privarme de la mía. Llamar diálogo a aceptar sus tesis. Lo han convertido en un teatro donde falsearse, en algo que pueden modularse entre ellos y también a los demás. No dudo que ellos se crean la pantomima. Cuestiono que esperen que me lo crea yo también. Que comprendan que hay males crónicos, rupturas permanentes. Relatos inasumibles.

Como los de los que viven en negación. Aquellos que no quieren imaginarse otra posibilidad que su pequeña esperanza de ser todo teatro y pose. Los que se desesperan por confiar en que todo esto sea para tener una posición de fortaleza para negociar mejores condiciones en Madrid. Cuántas veces oí el mismo delirio tenaz. Con qué pena asistía a personas lúcidas y sagaces vendarse los ojos y taparse los oídos. Desdibujando el lienzo que se pintaba a su alrededor con otros colores más amables, más elegantes, más capaces de ser soportados. Sin remedio. Resisten, tozudos, como si de esto pudieran salir con un pacto fiscal o un estado federal. Como si alguien a este lado fuera a ofrecérselo sin ser tachado de ingenuo.

Pero hay ingenuos. Hay quienes les dan la razón por cálculo político. Que de veras piensan que somos todos idiotas y pueden decir un discurso para un día después decir el contrario sin que se note, de forma constante y consistente, y que eso no tenga un coste. Los que un día dicen que apoyan el referéndum para deslegitimarlo el día después. Los que exigen que se pacte un nuevo referéndum en igualdad de condiciones. Son los mismos que cuestionan el Régimen del 78 por estar viciado y condicionado. Los que menosprecian el referéndum que votó la Constitución que les ampara. Ninguno de todos ellos ve las similaridades de las que tanto abominan ni establecen diferencias en los vicios ni los inconvenientes. Porque sólo es un relato construido. Un relato corto, que no sostiene el discurso ni media hora. No importa. No conocen el significado de coste, porque no pagan el precio del que asume el relato.

Ingenuos a izquierda y derecha. Que aseguran que esto tiene arreglo mañana. Con más cesiones. Más desigualdades. Más blindajes. Más conculcaciones. Que lo haga el Círculo de Empresarios no me sorprende por todo lo que supone de inflar su bolsa, pero que replique Foment es de nota. Pórtense mal, empleados. No sólo no les despedirán. Les subirán el sueldo y les darán más días libres. Exijan ilegalidades, atormenten a sus compañeros. Nos sentaremos con ustedes a negociar sus condiciones. Eso dicen. Frases que no resisten un segundo análisis. Respuestas sin pregunta y tesis indemostrables. No durará su dicha cuando entiendan la magnitud de la brecha abierta, cuando sus propias palabras les ahoguen.

Y los infelices que claman al diálogo. Que pretenden seguir alimentando la fatalidad con más rémoras y lastres. Premiarles la rebeldía y recompensarles los menosprecios. Para así después seguir diciendo que este país es un desastre y tener motivos para decirlo. Sin que se les caiga la cara de vergüenza. Porque ellos no son la ética sino la estética. Sólo entienden de lo aparente sin que el fondo importe. Por eso prefieren dejar que unos delincan y otros paguen. Por eso aúllan los delitos de unos y callan los de otros. Por eso se escandalizan por las detenciones y las intervenciones de policías y miran para otro lado cuando la misma policía pero de otro cuerpo dejó a compañeros arriesgar la piel y jugarse la cara. Y lo llaman ataque, y opresión. Por eso se mesan las barbas y hablan de conflicto político como aquel que hubo en el Norte en otros tiempos. Con la misma desfachatez. Con insulsa y banal insensatez se atreven a clamar por alturas de miras. Ellos, que cuando se las ven en las mismas reaccionan igual o peor. O ellos, los que nunca han levantado la cabeza no fuera a molestar a alguien. Para tener altura de miras se debe considerar el cuadro completo y el largo plazo, ellos sólo ven lo suyo y además viven en el corto del no confrontar, no parecer, no aparentar. Pero en su relato repiten esas tres palabras como si supieran lo que significa de veras más allá de haberlo oído antes. Como si el nacionalismo no fuera el reverso de la elevación, las tinieblas de la razón.

Cuántos compraron el relato y callaron. Cuántos dudaron si opinar hasta que vieron que era mejor dejarlo correr por no hacer mal. Renunciaron al pequeño espacio de discusión que suponían las conculcaciones a sus derechos. Los feos con el idioma castellano. Las burlas públicas a expresiones coloquiales. Los desprecios a tradiciones familiares. A otros ya les iba bien siendo extraños entre extranjeros, el rizo rizado de la ajenidad. No les concernía. O sacaban tajada del invento abrazando la causa con el fervor. Patanes que retoman el relato y lo pretenden hacer suyo. Como si fuera con ellos. Como si contaran con ellos. Como si no hubieran visto que es a ellos a quienes dirigen sus peores insidias, el que vino de fuera a agredir su plácida existencia en sintonía con la tribu. Sin más acogida que la asimilación del relato. El agravio. La queja. El supremacismo que tanto acuna al legítimo como al parvenu.

No consiento el embudo alambicado de libertades concedidas para ellos y silenciadas para mí. De expresión, de credos o de principios. De legitimidades, de deseos y de pareceres. Estoy harto del rasero antiespañol estimulante y anticatalán denigrante. Que se atrevan a meter las fobias en sus delirios. Que se las crean. Que acusen. Que señalen. Que juzguen. Que condenen. Por eso escribo. Para que no haya más silencio. No ser cómplice.

Para contar mi relato.

 

Por qué se hicieron separatistas

Leo este artículo de El País.

Carmen se hizo separatista tras la sentencia del Estatut.

Ismael Peña-López (directivo de Òmnium) se hizo separatista tras la sentencia del Estatut, pese a que “a casi nadie le gustaba el texto”.

Toni Comín (ex PSC, ahora en ERC) se hizo separatista tras la sentencia del Estatut porque pretendía “sacar las garras del Estado español sobre las instituciones catalanas, pero sin independizarnos“. Porque, por lo visto, con el Estado por ahí danzando es imposible “trabajar tranquilos, disponer de recursos y lograr un estado de bienestar de primera división“.

Elisenda Pérez (ex PSC, ahora ERC) se hizo separatista porque no soporta la idea de que sus hijos no “estén en una escuela normal, porque (la lengua) estaba en peligro“.

Joan Coma (CUP) siempre fue separatista pero también utiliza la sentencia del Estatut. Además, opina que “la gente joven crece desconectada del Estado español“, como él, que nunca se ha sentido español. Menos mal que “no es por nacionalismo” porque es un “enamorado de Andalucía” como el que tiene amigos gays.

Joan Garriga (CUP) siempre fue separatista y cree que la chispa del independentismo rampante brota con la sentencia del Estatut.

Joan Vallvé, vicepresidente de Òmnium, se hizo definitivamente separatista con la sentencia del Estatut.

Ana Hinojosa (vicepresidenta de Súmate) se hizo separatista por la sentencia del Estatut.

Es decir, que salvo los que ya venían con el separatismo de fábrica, el resto fueron sobrevenidos por una única causa. La famosa sentencia del Estatut. A mí me ha dado por pensar qué tuvo aquella sentencia que provocara cambios de parecer tan impresionantes como el de la buena de Ana, que pasó de sentirse sólo española a independentista (“pero sin pasar por el nacionalismo”, matiza quizá más para sí misma).

Los hechos

Vamos a 2004, año electoral. Pocos meses antes, en noviembre de 2003, el aspirante socialista, Rodríguez-Zapatero, promete una cosa. Todas las encuestas daban amplia ventaja al partido rival pese a que su presidente, Aznar, había señalado con su dedo al más gris y funcionarial de sus ministros. Pese a ello, el PSOE veía difícil ganar las elecciones en un clima benévolo donde todos los indicadores iban bien. Salvo el de la imagen pública. Luego pasó aquello. Y lo cambió todo. ¿Todo?

No. En Cataluña nada cambió. El año anterior se había formado gobierno. El famoso tripartito de Maragall (PSC), Carod-Rovira (ERC) y Saura (ICV). La formalización del acuerdo se cristalizó en el llamado Pacto del Tinell. En él, se acordaban dos cosas fundamentales: redactar un nuevo estatuto para Cataluña y excluir al PP -entonces todavía en el Gobierno- de cualquier acuerdo o pacto de gobierno, fuera en el ámbito estatal o autonómico o local. El famoso cordón sanitario. Algunos pensarán que merecido, otros que injusto. La decisión se tomó pensando que habría, al menos, otros cuatro años de gobierno conservador a quien hacer oposición.

Podrían haberlo parado aquí y no habría pasado a mayores. Pero Esquerra tenía otros planes, muy parecidos a los del Programa 2000. PSC se dejó arrastrar, espoleado por su alma nacionalista (de la que Toni Comín o Elisenda Pérez debían formar parte).

La fase de redacción fue lenta y llena de críticas por los rumores acerca de su contenido. Se temía que se sobrepasaran las costuras de lo legalmente permisible y sus patrocinadores no ayudaban en sus declaraciones: “No se trata de catalanizar España sino de federalizar España más abiertamente“, escribiría Pasqual Maragall. Saura añadiría después que “el gran reto es que España se reconozca a sí misma como una realidad plurinacional“.

Existieron otros puntos de fricción, por supuesto. Independencias selectivas como las selecciones catalanas, de cuya redacción se hizo cargo Esquerra para hacer realidad un viejo sueño de ver competir en igualdad de condiciones a España (que “tendría que llamarse de otra manera“, chanzó Maragall además de decir alguna de sus típicas maragalladas) y Cataluña. Con la salvedad de que las competiciones internas seguirían como estaban y el Barcelona seguiría jugando la liga española. Pero como estaban en fase de redacción y todo aquello cabreaba mucho a la derecha, se dejó hacer e incluso se hizo broma con el tema. Pero iban en serio.

El día 30 de septiembre de 2005 el Estatut que se aprobó en las cortes catalanas con una aprobación de casi el 90% (sólo se opuso el PP) incluía las selecciones propias y otros artículos imposibles de encajar con la Constitución, que luego desgranaré. El día siguiente, la vicepresidenta Fernández de la Vega hizo notar quehay que garantizar que el texto final sea acorde con la Constitución de la A a la Z, con el interés general y el de todos los ciudadanos“. Algo no se había gestionado bien y cundieron las alarmas. Una cosa es satanizar al partido rival y sacar ventaja de sus protestas y otra muy diferente que te deshilachen el país por los costados.

El problema, claro, era cómo recomponer aquellos puentes rotos y tratar de conseguir (Alfonso Guerra, 2005) que los otros hicieran lo que ellos no podían hacer (José Bono, 2006). Sabiendo lo que suponía, además. El Comité Federal del PSOE se puso nervioso y Zapatero tuvo que reunirse durante horas con Artur Mas para tratar de salvar un articulado más defendible que el propuesto para el Congreso. Mas, astuto, se llevó un buen pellizco en impuestos indirectos a cambio de trasladar el término “nación” para Cataluña del artículo primero al preámbulo, donde no tendría valor jurídico. Vale la pena destacar esta declaración de Zapatero:

El líder del PSOE insistió, frente al catastrofismo del PP, en que el Estado de las autonomías, la descentralización de España, “ha sido uno de los factores decisivos en el aumento del bienestar de los españoles”. Recordó que la reforma de los estatutos está en “nuestro proyecto y en nuestro programa” y en la historia del PSOE -donde “siempre hemos creído en la descentralización política porque le han sentado bien a España y a la democracia”- para responder al ataque del PP al Gobierno de que es una consecuencia de los pactos con los nacionalistas.

Hoy, quizá, no estaría tan seguro de aquello. De hecho, tampoco lo estaba entonces. Ni él ni el Jefe del Estado. Pero había algo más importante entre manos: la estrategia de aislar y enfurecer al PP.

De ese aislamiento salió la campaña de firmas contra el Estatut. Esa famosa campaña “contra Cataluña” que galvanizó del todo el debate político. ¿Contra Cataluña? ¿Contra el Estatut? No exactamente. Esas cuatro millones de firmas pedían el mismo referéndum en todo el país dado el cariz que había tomado la federalización de España, esa realidad plurinacional con la que nos acabábamos de encontrar. Votar tampoco fue democracia entonces. Pero el Pacto del Tinell se había consumado, el PP se había aislado y radicalizado y algunos se prometían largos años de socialdemocracia.

Por eso el 30 de marzo de 2006 el Congreso aprobó el Estatuto y, de nuevo, sólo se opuso el PP. ¿Sólo? No. También se opusieron ERC y Eusko Alkartasuna, pero por sus propios motivos.

El no de ERC finiquitó el tripartito y sentó las bases de lo que habría de ocurrir después. Se convocó un referéndum en el que participó menos de la mitad del censo, que votó a favor del nuevo estatuto. Aunque quizá alguno votó intuyendo que quizá no llegaría muy lejos. Porque aunque Guerra estaba orgulloso de su cepillo, las prisas habían hecho una chapuza. Poco después el PP presentaba un recurso de inconstitucionalidad ante el TC. Habían hecho el trabajo que otros no se molestaron en hacer, ni antes de la redacción ni durante el cepillado. Aunque Rubalcaba, entonces ministro del interior, dijera que “los grupos parlamentarios trabajamos intensamente para lograr un Estatuto rigurosamente constitucional“, el recurso afectó 114 artículos.

Por supuesto, las reacciones fueron las esperables. Chacón (PSC) dijo que “este recurso pone de manifiesto el poco respeto a la voluntad de los catalanes“, incluidos los votantes del PP. Durán i Lleida (CiU) directamente lo llamó “acto de agresión política contra Cataluña“. En similares términos se expresó ICV, “una nueva agresión a Cataluña y a la Generalitat“.

Ni entonces ni nunca se trató de actualizar un estatuto, o de estabilizar unas prácticas bajo un paraguas legal, o de dar cabida a sentimientos en costuras racionales. Por si aún no han caído: esta proyección construía un relato según el cual el PP es agresor y hostil, especialmente anticatalán. Cuántos asintieron y se dejaron llevar por la corriente. Cuántos lo siguen repitiendo. Cuántos fueron incapaces de ver entonces la estrategia que había detrás, que no era otra que la lucha por la hegemonía y el control de discurso. Marketing. Storytelling. Durante diez años. No hay corriente que lo resista.

Porque aunque todos hoy sabemos que fue el PP, hubo otros seis que recurrieron el estatuto. El Defensor del Pueblo y cinco comunidades autónomas (Murcia, Rioja, Aragón, Valencia y Baleares). Es decir, que el recurso se habría presentado lo quisiera el PP o no lo quisiera el PSOE y el catalanismo. No hubo declaraciones por parte del tripartito ni de nadie del parlamentarismo catalán.

Durante la tramitación del recurso hubo recusaciones cruzadas, siete borradores de sentencia y un sinnúmero de ires y venires. Incluyendo una bronca en público de la Vicepresidenta a la entonces presidenta del Tribunal. Todo el mundo trataba de salvar la cara y la honra sin quemarse por el camino.

Hasta que ocurrió algo que explica tanto separatista reconvertido: el editorial conjunto del 26 de noviembre de 2009.

Ya lo he mencionado antes. Fue el pistoletazo de salida a todo lo que ha venido pasando después: las movilizaciones, la creación de la ANC, de la AMI, las diadas… siempre se decía que venían de abajo a arriba, que todo el procés lo era. Y lo es, aunque un paso por detrás de la campaña habitual. Resulta terriblemente sencillo plantar una semilla y esperar a que otro la reciba, la procese y con el tiempo brote como si fuera genuino. Donde falla toda esa espontaneidad es, precisamente, donde es más visible ver la manipulación. En el lenguaje. Las palabras escogidas para referirse a algo, los memes de conceptos y frases que vistan una idea y la rellenen. Desde la hostilidad inicial –Espanya ens roba, apadrina un nen extremeny– a la modulación gradual hacia los somriures pasando por los ara es l’hora. Todos los discursos están elaborados. Todos los argumentos están comprados y se repiten sin cuestionarse. Sirva de ejemplo la inmersión lingüística: es un modelo de éxito que permite la cohesión social, sin la cual el catalán estaría en peligro. Replican los argumentos del año 1983. En 2017. Y lo seguirán haciendo mientras haya quien siga atreviéndose a cuestionarlo.

El 28 de junio de 2010, cuatro años después, el Tribunal Constitucional hizo pública la sentencia sobre el recurso del PP. Declaró inconstitucionales catorce artículos.

-Seis correspondían a la creación de un CGPJ catalán para crear su propio gobierno judicial (en abierta contradicción con el CGPJ). Suena razonable que no haya dos entes paralelos.

-Dos sobre gobiernos de cajas de ahorros (ya extintas) y entidades de seguros. Nada interesante.

-Uno sobre la vinculación de los dictámentes del Consell de Garanties Estatutaries. Declarado inconstitucional para proteger la labor legislativa del Parlamento. De no haberse declarado inconstitucional, el 7S la Llei de Transitorietat no habría podido salir adelante. Eso no le habría gustado a ninguno de nuestros separatistas, pero la sentencia del Estatut.

-Uno sobre la capacidad exclusiva del Síndic de Greuges respecto a la Administración catalana (inconstitucional por pretender que nadie más pudiera fiscalizar la labor del gobierno local). A todos nos gusta la idea de contrapesos del poder y que existan múltiples mecanismos para controlar a gobiernos y administraciones. Bueno, a todos no.

-Uno sobre la capacidad legislativa del Parlament de crear y regular impuestos (competencia exclusiva del Estado). Suena lógico que se intente que exista la menor cantidad de entes creadores de impuestos posible.

-Uno sobre la solidaridad interterritorial, donde exigía al resto de comunidades un esfuerzo similar (inconstitucional por pretender decidir cuánto participa cada autonomía, competencia exclusiva del Estado). Razonable, dado que el Estado es el único que puede tomar la decisión sin estar condicionado por su propia codicia.

-Y la guinda para el final. El catalán como lengua de uso “y preferente” de las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, y también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza. El Tribunal suprimió sólo la preferencia para que no hubiera desequilibrios en la cooficialidad. Esto a los de Súmate no se lo han explicado, pero la sentencia del Estatut.

Por eso, ni Carmen ni Toni ni Ismael ni el resto se hicieron separatistas por la sentencia del Estatut. Es muy probable que ni siquiera se la hayan leído, como no se la ha leído prácticamente nadie.

Se hicieron separatistas porque alguien les dijo que esa sentencia del Estatut debía hacerles separatistas.

 

Blanes is not Magreb

No me gustan las citas textuales en un titular. Acabo preguntándome si se ha sacado de contexto algún comentario que, en su justa dimensión, podría tener un cariz diferente. Desayuno con un dicen que dijo un tipo, leo cosas absurdas, y por eso me he puesto a transcribir la conversión entera de donde Alsina con Miguel Lupiáñez, alcalde de Blanes del PSC. Aquí el audio. La transcripción es larga, es necesario tener el panorama completo para poder comprender cómo perdió un alcalde los papeles.

Con estos mimbres tengo que armar una cesta que explicite por qué no es tan extraño que un alcalde socialista de pueblo que vive principalmente del turismo interno se descuelgue de este modo. Y por “este modo” me refiero a lo que Alsina explica (mis comentarios entre paréntesis):

Alsina: (…) Sabéis que la dirección del PSC ha enviado a sus alcaldes y concejales, cargos electos municipales, un argumentario, digamos, argumentos para el caso de que el gobierno independentista catalán finalmente requiera la colaboración de los ayuntamientos para la colocación de las urnas el primero de octubre. Se trata de que, como ocurrió en Lleida, que los alcaldes digan “oiga, si es un referéndum ilegal pues aquí no hay dependencias municipales que ofrecer para la organización”. Pero hay varios alcaldes de municipios, alcaldes del PSC, que no están por… que no están con la tesis de Miquel Iceta en este asunto. Por ahí va la página del diario El Mundo, y uno de esos alcaldes es Miguel Lupiáñez, que es el alcalde de Blanes, al que le quiero preguntar si la información que publica el periódico es-es correcta (al transcribir me interesa resaltar los momentos de duda o reflexión porque tan importante es lo que se quiere decir como lo que se quiere callar), es decir que si él se desmarca, como otros alcaldes del PSC, de la posición oficial de la dirección de su partido. Señor Lupiáñez, buenos días.

Desde la época de los tripartitos en el PSC no saben hacia dónde ir ni qué postura elegir. Como toda federación de provincias, abjuran del complejo de recibir órdenes de Madrid y tratan de marcar perfil propio, a costa de comprar argumentos e idearios ajenos y peligrosos. Tanto, que en las sucesivas elecciones fueron sangrando apoyos. Tanto, que pasaron de ser el principal partido de oposición a convertirse en un partido casi residual. Tanto, que constantemente se ven amenazados por escisiones y bajas masivas que se van a otros partidos que sean más nacionalistas. Algunos se quedan, quizá porque fuera hace mucho frío, quizá porque alguien les dijo que el partido seguía acogiendo estas ideas. Ideas que Lupiáñez sacó de su chistera de lunes por la mañana como si no tuviera quién le escuchara. 

Lupiáñez: Muy buenos días. Matizo el desmarque, matizo el desmarque. Es decir. Como alcalde, la actitud es de… un referéndum… que no… es legal (la actitud es de un referéndum que no es legal a su pesar) y por lo tanto la actuación debe ser contundente contra cualquier ilegalidad. Pero (pero) matizo que esta contundencia de ilegalidad… (contundencia de ilegalidad) no estamos hablando de un delito sino de una falta administrativa (el alcalde metido a juez que decide que un delito de desobediencia es una falta administrativa, o en jerga local, querer colarle goles al Estado). Y por lo tanto sí que, en dependencias municipales, por orden de mi secretario, no podrá hacerse ninguna actividad relativa al referéndum. (Pero) Otra cosa es a qué velocidad se pueda mandar a la Policía porque tiene que haber informe y contrainformes para este acto… este acto administrativo, eh… que no se permite hacer. (Que no se permite hacer pero permitiremos hacer con filibusterismo burocrático de informes y contrainformes que llevará días o meses, que eso sí que no es ilegal, y Lupiáñez ya está pensando cómo celebrar el gol) Esto en cuanto a alcalde, en cuanto a partido has hablado de que si nosotros, los dirigentes socialistas hemos recibido unos mandatos, unas consignas en relación a este referéndum, que hemos dado un paso para [alante] y uno para atrás (un, dos tres), eh… a veces… en el tiempo… (Lupiáñez podría dar buena cuenta de qué le parece ir hacia delante y qué hacia atrás, pero es un jaleo del que no toca hablar) pero que hay un tema que prevalece (prevalece) sobre todo lo demás en relación con el punto anterior: dejar que la gente se manifieste democráticamente (manifestarse democráticamente) y participe en un evento (participe en un evento) no tiene por qué ser un hándicap… (un referéndum unilateral de secesión sin contar con la oposición es un evento cuya participación no tiene por qué ser un hándicap) estamos hablando del 155, (mutatis mutandis pasamos al ataque con un grandioso hombre de paja) se ha hablado anteriormente del 155, (el último en hacerlo un ex vicepresidente socialista) em… ¡ponderación! ¡Mesura! (Ponderación. Mesura.) Porque… de ahí lo que hacemos es crear más tensiones de las que hay (una secesión unilateral no crea tensiones de ningún tipo, Lupiáñez elevado a místico). Por lo tanto, ponderación y mesura en aplicar las leyes… eh… al extremo… (ponderación y mesura en aplicar las leyes al extremo porque hay leyes que se aplican un poco y otras que se aplican sólo la puntita) porque también se pueden interpretar para una mejor convivencia y un mejor… entendimiento de los problemas (porque las leyes se pueden interpretar pero sólo algunas leyes, sólo algunas sentencias, sólo las que a Lupiáñez le gusten o le interesen).

Alsina: pero usted, ¿está a favor o en contra del referéndum de autodeterminación?

Lupiáñez: Yo, como… eh… a nivel personal te diré que estoy a favor de cualquier acto democrático (acto democrático, manifestación democrática) en el cual la ciudadanía se pueda manifestar (manifestación democráctica) y que mi voto, como fue el 9N -porque también voté en el 9N- será rotundamente en contra (palabra de Lupiáñez). No me permiten hacer campaña (no le permiten hacer campaña pero hace campaña, otra cosa es que sea la misma que la que querría hacer su partido), pero mi campaña personal será para votar en contra.

Alsina: Entonces, usted está a favor de que se celebre un referéndum de autodeterminación.

Lupiáñez: Sí… (Cómo no).

Alsina: Y en contra, por tanto, de la posición de su partido.

Lupiáñez: Eh… sí. (Un pasito p’alante, María)

Alsina: ¿Y eso no le ocasiona ninguna… incoherencia, eh… política?

Lupiáñez: Cuando… cuando… eh (cuando no lo tiene apuntado), como alcalde cuando te impiden hacer un acto electoral (cuando le impiden hacer un acto electoral) como partido… em… lo condiciona a que sea legal y acordado (una condición que no casa con la manifestación democrática ni los eventos democráticos ni los actos democráticos porque la ley y el acuerdo no son democracia) vas a la razón democrática (razón democrática) del ser humano (el ser humano es democrático y Lupiáñez estalla de gozo) y dices ¿qué-daño-se-hace en depositar una bota… un voto en una urna? (No nos dejan poner botas en urnas ni votar) Ninguno. (Qué daño hace votar por las penas de muerte. Qué daño hace votar por la expulsión de inmigrantes. Qué daño hace votar la imposición de un idioma. Qué daño hace. Ninguno). Simplemente es un hecho participativo (el proceso participativo y festivo hecho). Y eso [pecha] sobre las demás cosas anteriores: (el hecho participativo está por encima de, por ejemplo, la ley) pertenecer a un partido (el hecho participativo está por encima de mi cargo en el partido que me ha colocado de alcalde, la fe por encima de la creencia), que ya te he dicho que ha dado pasos para [alante] y pasos para atrás (pero no los que yo Lupiáñez he dado), y como alcalde obviamente sí que tengo que cumplir con la legalidad porque la institución está por encima de todo (la institución está por encima de todo, pero más mi sillón y mi sueldo aunque no el mi partido que me puso aquí).

Alsina: ¿Y cómo se puede defender una ilegalidad y decir al mismo tiempo que es un acto participativo que no hace daño a nadie?

Lupiáñez: Pues como decía la canción, puedes querer a dos personas a la vez y no estar [locu] (defiendo una ilegalidad basándome en como dice una canción). En este caso son a tres personas a la vez y no estar loco (no estar locu ni loco, pero quiere a tres personas a la vez y, aparentemente, no hay ningún problema). Sí, se puede hacer (no, no se puede hacer: la poligamia no está permitida a menos que seas de una secta muy amable anclada en el siglo XIX).

Alsina: Se puede hacer (Alsina se está recuperando de la impresión). Es decir, ¿se puede defender a la vez que hay que realizar un acto ilegal como es un referéndum de autodeterminación, y que eso no ocasiona daño a nadie?

Lupiáñez: Eh… poner las urnas, poner las urnas (poner las urnas, nos castigan por poner urnas, nos juzgan por poner urnas, nos odian por querer poner urnas y la urna se hizo verbo y habitó entre ellos) para… ah… atender la voluntad del… del ciudadano (“la voluntat de un poble”), no es… no… como he dicho, como hemos hablado antes es un acto administrativo que puede ser ilegal (un acto administrativo que puede ser ilegal pero ponderación, mesura) pero la ilegalidad es… (la ilegalidad es lo que yo Lupiáñez diga que es) pues aplicar en desmesura un artículo 155 (la ilegalidad es cómo se aplica en desmesura un artículo constitucional que, más que artículo, sigue siendo un hombre de paja. Ponderación.) o… um… [pruhibir] que la gente pueda expresarse (que la gente pueda expresarse a través de yo Lupiáñez porque, de otro modo, no puede expresarse nunca). Yo entiendo que es, que llevamos relativamente, [sicir], yo tengo 55 años, llevamos [cuarentaylargos] en democracia, y los referéndums que se hacían antes, y mi padre y mis tíos participaban, no tiene nada que ver con lo que se está planteando ahora (no tiene nada que ver con lo que se está planteando ahora porque lo dice yo Lupiáñez). Es… es un… es una toma de contacto, un… saber qué opina la gente (no como los referéndums que se hacían antes y en los que participaron el padre y los tíos de Lupiáñez, que ni eran toma de contacto ni querían saber qué opina la gente). Y posiblemente, posiblemente, saldrá… o deseamos que salga un… un estar dentro de la [comunidad económico-europea] (un) o de estar dentro de Europa (dos)… y dentro de España (y un pasito p’atrás), y-y… o vayamos a solucionar los problemas que tienen los catalanes, que son muchísimos (el primero, la sintaxis y la verborrea de Lupiáñez). No solamente es este, el identitario (el identitario), sino… hay motivos de crisis económica, motivos de reindustrialización, hay temas sociales, hay temas de inmigración (temas que sólo afectan a yo Lupiáñez y no ocurren igual ni peor en ningún otro lugar del mundo)… que esos son los temas que yo como servidor público (pero aquí estás, hablando de todo menos de esos temas), como socialista (como socialista que se sale de la estrategia del partido socialista), quiero dar a mi ciudadanía (énfasis en el quiero, no en su ciudadanía). El tema identitario (el monotema identitario), como han hecho en [otros] partes del mundo (donde no se han hecho las cosas que se pretenden hacer aquí de la forma que quieren hacerlo aquí, pero como han hecho en otras partes), hay que… eh… [enfrontar] afrontarlo (hay que afrontarlo) y, eh… y después de eso, a otra cosa (a otra cosa que ya veremos qué es, pasito p’alante o p’atrás pero yo Lupiáñez sigo donde estaba). Porque seguramente iremos a otra cosa, no saldrá, sí, yo creo que no saldría.

Alsina: Ya, ¿y si sale? Es decir, usted está a favor de que se celebre el referéndum de autodeterminación, y si sale sí a la independencia, imagino que estará usted a favor de que Cataluña se separe de España.

Lupiáñez: Eh… eso no lo veo (no lo veo, caminemos, y yo Lupiáñez el primero, por la senda anticonstitucional y provoquemos un golpe de Estado, pero no lo veo)… eh… a ver… eh… democráticamente el pueblo ha hablado (el pueblo ha hablado) y lo tendré que acatar (tendrá que acatar lo que les salgan a las gigantescas gónadas de Lupiáñez, ponderación, mesura). Porque es una posibilidad de las que hay (es una posibilidad de las que hay, de entre las otras posibilidades que hay). ¿Y se acata cómo? Pues con negociación (se acata con negociación. Un referéndum unilateral de independencia se acata con negociación). ¿Y en qué sentido? Pues [intitar]… eh… intentar minimizar el impacto… personal y social… lo más… lo máximo más posible (el impacto personal y social de yo Lupiáñez votando “no”), y luego, pues dentro de una… de una Europa de-de-de-de-de naciones (una Europa de naciones. Dentro.), eh… convivir (convivir) y… y condicionar las relaciones (condicionar las relaciones justo después de haber mencionado “convivir” porque Lupiáñez no sabe lo que significa una de las dos). Que es factible, ¿eh? (Pero es factible convivir y condicionar las relaciones: se llama catalanismo y lleva 40 años, cuarentaylargos, haciéndolo) Somos seres inteligentes, nos pondríamos de acuerdo (nos pondríamos de acuerdo porque somos seres inteligentes).

Alsina: Ya, ya. ¿Y al resto de la sociedad española, que se le ha privado de su derecho a… a decidir sobre la integridad territorial de España, usted qué… qué le dice?

Lupiáñez: Perdone, pero yo de nacimiento soy alpujarreño… o de Granada… entonces eh…

Alsina: Pues estupendo. (Pues estupendo)

Lupiáñez: Yo tam… me considero… no catalán de raíz, no de apellidos sino de-de… yo me considero ciudadano del mundo, español… hum… como queráis (como queráis, total, ser ciudadano del mundo o español representan lo mismo a yo Lupiáñez). Pero ese hecho también lo comparto, es decir, el… lo-lo que nuestro ex-presidente decía… [Ma]Montilla de desafección (desafección) que existe de-de-de España hacia Cataluña (de España hacia Cataluña) yo la percibo como andaluz. Y catalán (el énfasis en “y catalán” es tan intenso que borra todo lo demás, menos la desafección).

Alsina: ¿Y en qué la percibe?

Lupiáñez: En que somos dif… es decir (un lapsus)… somos lo (dos lapsus)… aquí trab (tres lapsus, pasito p’alante)… eh-eh… aquí las prioridades son otras (aquí las prioridades son otras), la-la sociedad se mueve más por espíritus de-de-de construcción, de avanzar… de… esfuerzo, responsabilidad, compromiso (se mueve más por espíritus, todo es con finalidad de bien). No es que en [la resta] del mundo no exista (no es que no exista es como decir no es que seas feo). Pero aquí… los parámetros son… básicamente eso (básicamente Lupiáñez acaba de soltar un trozo de mierda supremacista). [Responsabilidadcompromiso]… em… avanzar… eh… no sé, el esfuerzo, premiar el esfuerzo (la desafección la percibe en premiar el esfuerzo porque en otras partes ya tal).

Alsina: En el resto de España usted cree que no.

Lupiáñez: Nooo… eso, ¿ves? Ahí estoy diciendo todo lo contrario (está diciendo todo lo contrario). Es… es que se vive de otra manera (se vive de otra manera pero está diciendo todo lo contrario). Es un impulso (es un impulso cuya mano que impulsa no se ve ni se siente porque es un proceso dabaixadalt y es espontáneo). Es una manera (es una manera), es un sentimiento (es un sentimiento que es una manera que es un impulso que es todo lo contrario), esos valores se miden… se miden (esos valores se miden y quién los mide y cómo se mide y qué pasa cuando se miden) y se viven de otras maneras (se vive de otras maneras). Y ya le digo, a los ocho… a los ocho años mis padres me trajeron aquí (a vivir de otra manera y sentir, medir valores y vivir de otra manera impulsado) porque [onde] vivían no podían vivir, no podían alimentarme (no podían alimentarle porque entonces eran andaluces de la Alpujarra, no como luego que se hicieron catalanes porque se vive de otra manera y es un sentimiento que da de comer, como el maná. El catalanismo es maná).

Alsina: Entonces usted está por la labor de que el… la sociedad catalana tenga derecho a decidir hasta dónde llega España y el resto de la sociedad española pues tendrá que admitirlo porque, en su opinión, es lo democrático.

Lupiáñez: El derecho, el derecho de hablar (el derecho de hablar), el derecho de poner las urnas (el derecho de poner las urnas), el derecho de manifestarse (el derecho de manifestarse), el derecho de opinión (el derecho de opinión)… yo tengo… yo creo que hay que llevarlo al límite (yo Lupiáñez cree que hay que llevar derechos y leyes al límite pero ponderación y mesura). De que sea así (de que sea por sus enormes, ebúrneos huevos catalano-alpujarreños). A llevarlo al límite (al límite de la ponderación y la mesura y la manera de vivir y el sentimiento democrático) para que eh… los políticos o las políticas que se hagan (los políticos o las políticas que se hagan, ciudadanos y ciudadanas) sea en función de-de servir a la gente que es la cual (servir a la gente que vote lo que yo les diga que vote y se quieran jugar el puesto que yo Lupiáñez no pienso jugarme), por la que muchos nos hemos acercado a la política (acercarse a la política, no acercar la política). Eso es así (el derecho de hablar, el derecho de poner las urnas, el derecho de manifestarse y el derecho de opinión hay que llevarlos al límite, sin ponderación ni mesura, ni consecuencias ni contrapartidas, para que yo Lupiáñez pueda servirse de ello y seguir acercado a la política). Eso es así (eso es así). Y después, en cuanto a que… y tenemos el favor (tenemos el favor de los que tienen el dinero y la influencia, ¿sabéis quiénes van a veranear a Blanes por casualidad?)… es decir, yo también como-como-como persona (el yo íntimo de Lupiáñez) tengo enfrentamientos con amigos, con familia (la intimidad enfrentada de Lupiáñez), en relación a por qué el resto de España no puede opinar sobre el tema (el derecho de hablar, el derecho de poner urnas, el derecho de manifestarse, el derecho de opinión llevados al límite pero el resto de España no puede opinar sobre el tema). Es que yo entiendo que el resto de España no debe opinar sobre el tema por una razón, porque afecta eh… básicamente, al sentir (el derecho de hablar, el derecho de poner urnas, el derecho de manifestarse, el derecho de opinión llevados al límite pero el resto de España no debe opinar porque el resto de España no siente)… a esta desafección (el resto de España se desafecta con los desafectos por la desafección y los desafectados), a esta… querer administrarse de otra manera (a este “querer” sentío) que tienen los catalanes (que tienen los catalanes), o que tenemos los catalanes (que tienen los catalanes y el yo íntimo de Lupiáñez que vive de otra manera y lleva los derechos al límite, sin mesura ni ponderación, desde los ocho años). Y por lo tanto (y como la desafección es una cosa muy seria), como ha pasado en otros países… del mundo (en otros todos), yo la opción, las desgracias, las personas afectadas directamente, no el conjunto, como ha pasado en Canadá o como ha pasado en el Reino Unido (de la intimidad de Lupiáñez nos desplazamos a las desgracias y las personas afectadas por este sentir, este desafectar, esta manera de vivir tan impulsiva y de valores medidos de forma directa, porque eso pasa en Canadá o el Reino Unido).

Rubén Amón: Una pregunta, es que usted titubea cuando dice que son diferentes. No sé si ha titubeado porque le parece una palabra demasiado… expresiva o porque realmente la ha rectificado (Rubén Amón también lo ha visto).

Lupiáñez: Diferentes en relación a qué, ¿al…?

Amón: Al momento de su explicación de cómo son los catalanes.

Lupiáñez: Sí, es que, eh… me preocupa muchísimo que se caiga en la demagogia en relación a que los catalanes son diferentes (le preocupa muchísimo que se caiga en la demagogia en relación a que los catalanes son diferentes). Aquí se vive de otra manera, es decir… y no… no es ni mejor ni peor (se vive de otra manera impulsiva y medida sin ponderación ni mesura que no es mejor ni peor pero es mejor y, sobre todo, diferente). Eh… muchas veces, cuando hablamos de que eh-eh… nosotros aquí tenemos nivel de vida (la diferencia ya no es por manera de vivir, ni por el sentir ni por querer llevar derechos al límite y restringir al máximo la aplicación de leyes, ahora la diferencia es el nivel de vida). Sí, eh… Cataluña… y posiblemente Rioja, y posiblemente Madrid, y posiblemente en el País Vasco tengan nivel de vida (posiblemente, pero no como ellos, no como el pueblo elegido). Pero hay otras zonas (hay otras zonas) donde la calidad de la vida es extraordinaria (no quería decir “calidad” exactamente) y yo envidio esa calidad de vida que (esa calidad de vida que consiste en vivir del cuento a fuer de Lupiáñez, pero que se tuvo que ir con ocho años para poder comer), aquí en Cataluña, posiblemente… em… por esa responsabilidad, por ese compromiso, por ese querer avanzar, por ese luchar pues… eh… se vive de otra manera (tenemos un nivel de vida de la hostia pero tenemos que luchar, avanzar y comprometernos responsablemente para tener la calidad de vida que tienen “otras zonas” de las que mi familia se tuvo que ir). Pero igual ocurre en Dinamarca con respecto, yo qué sé, al Magreb (igual con Dinamarca respecto a, qué sabrá Lupiáñez, el Magreb). Hum… es decir son gen (son gente, son genes, son generalidades)… son actitudes en fro… delante de la vida… diferentes (Cataluña es como Dinamarca y “otras zonas” son como el Magreb por nivel de vida, por actitudes e impulsos y valores y son diferentes, pero a Lupiáñez le preocupa muchísimo que se caiga en la demagogia en relación a que los catalanes son diferentes).

Alsina: No sé si está usted, eh… perdóneme, alcalde, diciendo que Cataluña es a Dinamarca lo que España es al Magreb.

Lupiáñez: ¡Nooo! (sí, lo ha dicho) ¡Nooo! (sí, lo ha dicho) Ustedes… lo [está] diciendo ustedes, ¿eh? Lo están diciendo ustedes porque es… es la… la nota que quieren comunicar (la nota que “quieren” comunicar, ellos, los otros, los que no son catalanes, no es lo que Lupiáñez ha dicho acerca de cómo son los catalanes de diferentes, tanto como un danés de un magrebí, pero lo han dicho los otros, los vosotros que no son nosotros, sino otros). No, es que… 

Alsina: Le estoy preguntando.

Lupiáñez: No, no, pero exactam (no, pero exactamente)… no quiero decir que Dinamarca-Magreb (no quiere decir Dinamarca-Magreb pero lo ha vuelto a decir), que no… que empiezan a… (que empiezan a decir que yo he dicho lo que he dicho) esta comparación yo no [lo] quiero hacer (no quiere hacer comparaciones que ha hecho, Lupiáñez). Es normalmente en todas… en todas las partes [enconflicto] (en todas las partes conflictivas es normal hacer comparaciones de este calibre), del Ecuador para arriba (del Ecuador para arriba están Dinamarca y todo el Magreb), em… lo hemos visto muchas veces (hemos visto muchas veces esta clase de comparaciones, üntermenschen), es decir, la zona de… de Francia es mucho más desarrollada (la zona de Francia es mucho más desarrollada que el Magreb) a nivel de-de… no sé cómo decirte… a nivel de… bueno lo que hemos hablado un poco antes de la calidad de vida y el nivel de vida (la calidad de vida y el nivel de vida, la “calidad” de vida de un biarrota o un perpiñaciense y el nivel de vida de un parisino). La calidad de vida en el Norte… es-es-es la que es, en cambio el nivel de vida… cómo se desenvuelve la gente socialmente (el nivel de vida determinado por cómo se desenvuelve la gente socialmente), la… la luz (el nivel de vida determinado por la luz, la luz del Norte), la cali… la calidad de vida (el nivel de vida determinado por la calidad de vida, que es distinto en Dinamarca que en Magreb como lo es en Cataluña respecto a “otras zonas”), las relaciones humanas entre vecinos (el nivel de vida determinado por las relaciones humanas entre vecinos que no se retiran el saludo por no ser catalanistas), es mucho más… más… dinámica o más… afectuosa o más… próxima, quizá en un Sur que en un Norte (se pasan más tiempo de fiesta que trabajando y por eso mis padres me tuvieron que sacar con ocho años para alimentarme, son cosas de Sur que nosotros los del Norte no conocemos ni entendemos porque somos diferentes, más impulsivos, más emocionales y de sentir, pero no con ese dinamismo y esos afectos más de un Sur, sino con otros afectos que generan desafección), es… eso siempre ha pasado (eso siempre ha pasado). De eso estoy hablando, no estoy hablando de… de que aquí trabajamos más (no estoy hablando de que aquí trabajamos más pero lo he dicho), de que aquí… no roban, no (no estoy diciendo que aquí no roban pero lo digo aunque sea una broma de mal gusto)… [de] esto no lo estoy diciendo (la boca de Lupiáñez no representa el sentir del yo íntimo de Lupiáñez). [Ni] de ninguna de las maneras, porque tampoco lo considero justo (tampoco lo considera justo aunque lo piense y lo crea, como también cree en querer a tres al mismo tiempo y no estar loco o en llevar derechos al límite de la ilegalidad o que esos mismos derechos no pueden aplicarse al resto o exigir mesura y ponderación en la aplicación de las leyes). Estoy diciendo la manera de vivir (la manera de vivir), la manera de afrontar la vida (la manera de afrontar la vida), la filosofía (la filosofía. La filosofía)… hum… la… las-las relaciones humanas (las relaciones humanas que no son como esas relaciones humanas sino que son otras relaciones humanas)… ese contexto… de filosófico (el contexto filosófico de creer que los catalanes son humanamente diferentes, más parecidos a los del Norte; mientras que el Sur es más como gentes del desierto, pero un desierto filosófico), de relaciones (un desierto filosófico de relaciones), que… hum… mejoran… hum… en algunos puntos (que en algunas cosas serían salvables, ¿véis como Lupiáñez no es supremacista? ¡Si tiene amigos andaluces!)… con respecto a otros (en algunos puntos con respecto a otros en los que no mejoran, sino que como no mejoran empeoran). Y… lo percibo así (y lo percibe así, sin ponderación ni mesura). Como… [y] andaluz que soy (como andaluz…), ¿eh? 

Alsina: Bueno…

Lupiáñez: De nacimiento (…andaluz de nacimiento, que era el matiz definitivo para que se cayeran todas las caretas y empezaran las risas).

Alsina: Bueno, bueno. ¡Menudo lío!

Lupiáñez: Es un lío, es un lío (es un lío en el que Lupiáñez se ahoga y se atabala, se atasca y se zambulle en decir lo que piensa en lugar de pensar lo que quiere decir).

Amón: No, no. Yo estaba diciendo al respecto a Arcadi… con todo respeto…

Lupiáñez: Es un lío pero con este lío hay que convivir (con este lío hay que convivir, con este supremacismo hay que convivir, dice el mismo Lupiáñez al que no le caben los huevos por la puerta). Y entonces al final tiras a los valores (y entonces al final tiras lo etéreo y vago, que es donde el Lupiáñez niño quiere estar para decir todo lo que no le dejan decir los mayores).

Javier Caraballo: Alcalde, yo sí soy andaluz, y me llama mucho la atención el concepto que tienen de… de Andalucía y de Cataluña y cómo caen ustedes en-en-en todos los… tópicos de-de-de la forma más insultante (Caraballo se ofende por naderías), porque claro, ustedes son andaluces (ustedes son lo que Caraballo diga que son, o quizá Lupiáñez sea andaluz porque no tiene el impulso ni los valores medidos ni la ponderación y mesura necesarias para ser catalán), dice usted que no lo quiere decir pero es lo que refleja (dice que no lo quiere decir pero lo dice), usted lo que… lo que ha dicho hoy lo dijo además cuando estaba reseñando que su origen es andaluz, que en Cataluña se vive de otra forma y lo que viene a decir es que en Cataluña se trabaja y por eso Cataluña es diferente y en otras regiones, como Andalucía, no se trabaja (eso ha dicho Lupiáñez y lo ha reafirmado con varios “esto es así” y “pero todo es un lío y hay que convivir”). Eso es lo que se desprende de sus palabras y es lo que yo lamento que usted, al mismo tiempo, se reivindique como andaluz y denigre a Andalucía de esa forma cayendo en los tópicos más elementales (¡ponderación! ¡Mesura!) y más falsos que hay sobre la relación de Cataluña con el resto de-de España (con el resto de España por si lo confundimos con el resto de Francia o el resto de Italia o el resto de alguna parte en la que los catalanes también tengan relaciones). Si hay una industria en Cataluña es en gran medida porque desde el siglo XVIII y XIX se han ido desmantelando en otras zonas, como por ejemplo en Andalucía que es donde están las riberas, las industrias siderúrgicas de España, y se ha protegido mucho la industria catalana. Y todo eso es historia, yo no tengo nada que ver con eso ni-ni-ni pienso plantearlo en términos de agravio (no piensa hacerlo pero lo ha hecho igual que lo hizo el otro, que tampoco tiene culpa de todo eso), pero que sí a usted, usted como andaluz (apela al yo Lupiáñez andaluz que no existe), eh… defendiendo esos tópicos que tanto daño hacen a la convivencia, es lo que me parece lamentable.

Lupiáñez: Pues… ah, eh, con toda la humildad del mundo (con toda la humildad del mundo), no ha habido intención (no ha habido intención de decir lo que he dicho y de la manera que lo he dicho), no ha habido intención (no ha habido intención)… de llegar a este extremo (de llegar al extremo de recriminarme) que tú estás verbalizando (esa cosa de la que usted me habla, con toda la humildad del mundo). Es la manera de vivir (no hay intención pero vuelvo a insistir en que la manera de vivir es diferente), la-la-la responsabilidad con la que se asumen las cosas (también es diferente la responsabilidad con la que se asumen las cosas, bueno, ciertas cosas, bueno, algunas cosas, bueno), la… em… pues no sé, si quieres el ahorro (si quieres un tópico por todos los demás tópicos), no sé, es totalmente diferente (es totalmente diferente, con toda la humildad del mundo y sin intención). Yo (volvemos al yo íntimo de Lupiáñez). Tengo familia en los dos… viajo muchísimo a Andalucía (tengo amigos gays) y [me] quiero muchísimo a la familia… a mi… familia… y [me] quiero muchísimo a mi tierra (yo mí me conmigo en el pequeño mundo Lupiáñez). Pero (pero) también estoy viviendo aquí y-y convivo aquí (estoy viviendo aquí y convivo aquí con toda esta gente diferente), y convivo aquí con la desafección que se tiene (convivo aquí con la desafección que se tiene, no como la que yo Lupiáñez reparto, que son besos y amores sólo que no comprendemos el amor infinito de Lupiáñez en sus topicazos porque las relaciones humanas del Norte son diferentes). ¿Por qué? (por qué, por qué, por qué) Porque, hum… yo te podría, tú [te] podrías hablar (a Lupiáñez no se le ocurre nada para avanzar tras ese porqué tan sentío sobre la desafección tan imposible de convivir y tan diferente a todo, incluso a Francia), has hablado de la industria del siglo XVIII y es correcto, es correcto (es correcto porque tú me dices que es correcto pero no me creo que eso sea correcto y me lo repito a mí mismo para convencerme por ahora), pues posiblemente porque estuviéramos… en ese momento, en el País Vasco también y-y Navarra también (el País Vasco y Navarra también porque son compañeros), ¿por qué? Porque estaban más-más cerca de-de… digamos… de-de la Europa que (Aragón, que está tan cerca de la Europa como el resto de fronterizas, no sale porque no es compañero), en su momento, alguien nos quiso aislar (alguien nos quiso aislar y tú y yo sabemos quién fue y no me hagas decir su nombre) y-y… se floreció más la industria (la desafección viene porque se floreció más la industria porque estábamos aislados de Europa pero estábamos más cerca de Europa, menos Aragón que no está cerca de Europa aunque esté tan cerca de Europa como Navarra que está cerca de Europa), pero… eh… la-la yo qué sé, pues el sector comercial de Málaga (el sector comercial de Málaga) o-o comercial o el sector en Cádiz (el sector en Cádiz, todo él) que, históricamente, han sido el primer puerto de [la Mediterránia] (históricamente hace 3.000 años y además del Atlántico pero históricamente) pues… hum… en su momento pues era eso (era eso), el primer puerto de [la Mediterránia] (el primer puerto de “la Mediterránia” o “la manera de vivir”, desafección por haber sido un puerto importante en tiempos remotos). Eh, son comparaciones que no, no tienen que-que (son comparaciones que no)… ¿ves?, es ese sentimiento de-de mesura (sentimiento de mesura, ponderación, sentir, impulso, ¿no véis, descreídos, cuán diferentes somos?), no sé, no sé, de sentimiento de [proporcional] que hemos hablado antes (el sentimiento de proporción que es comparar Dinamarca con Magreb o llenarse la boca con 155 y ponderación y mesura y luego soltar todas estas perlas, los micrófonos), es lo que está llevando a… lo está llevando al… extremo (lo que está llevando al extremo a todos los que no son el yo infinito de Lupiáñez y su séquito de huevaje), tú, em… en-en-en… malo (¿es que es malo compararnos con Dinamarca y compararos con el Magreb?), en defectuoso (¿es que es defectuoso recalcar que nuestro nivel de vida es inigualable mientras que vosotros tenéis… “relaciones humanas” que mejoran en algunos puntos?), en-en-en dividir (¿es que es división separar?), en-en provocar la división (¿es que es provocar la división culpándoos de desafección mientras desafecto?). Entonces, de alguna manera, la… hum… la mesura y la [proporcional] ex-existen (la mesura y el renglón de texto que tenía delante que ponía “proporcional” existen) en el momento de que existe [respecto] y existe la confianza (como no tengo mesura ni “proporcional”, estoy dejando claro que ni os respeto ni confío en vosotros). Yo respeto, muchísimo (pero muchísimo, como acabo de demostrar). Confianza, también (confianza a dolor). Pero (pero, como en yo no soy racista pero) tiene que ir a los valores (tiene que ir a los valores, a la diferencia, la diferencia que nos hace tan diferentes). Y lo último, lo último es un acto democrático (lo último es un acto democrático de los valores, y la mesura y la proporción y somos Dinamarca y vosotros gentes de lejanos desiertos, y por eso la desafección).

Alsina: Bueno, alcalde, la verdad es que yo no he (no ha entendido nada, como no lo habrá entendido ni Lupiáñez mismo, en su infinitez)… se me ha entendido esta mañana. Me queda claro que si finalmente hubiera urnas el primero de octubre usted acudiría a votar a ese referéndum.

Lupiáñez: A nivel personal, sí. [Y] iré a votar que no (porque les sigo el juego a los catalanistas pero no les sigo el juego. No lo comprenderían, porque no tienen nuestros valores ni nuestros sentimientos, sucios desafectos).

Alsina: A nivel personal y a nivel… o sea, usted no deja de ser alcalde el día que va a la urna.

Lupiáñez: En algún momento determinado dejas de ser alcalde (otros, quizá). Y entonces, a nivel personal…

Alsina: Como no dimita…

Lupiáñez: … y entonces, a nivel personal (a nivel personal de alcalde, porque algún momento determinado no es éste), o a nivel de partido. A nivel de partido… hum… dicen (dicen, dicen) que… no se puede votar, ya voté el 9N (dicen que no se puede votar y yo ya lo hice y aquí sigo, ¿no os dais cuenta de lo diferentes que somos, nosotros y vosotros?), y votaré el uno de octubre y votaré que no (por si no me habíais creído las dos veces anteriores).

Alsina: Alcalde, gracias por haberme atendido.

Lupiáñez: Muy bien, hasta luego.

Farewell, Maghrib.

Aleix Sarri nos quiere echar

Este artículo del Washington Post, firmado por Aleix Sarri. Aleix es asesor de Ramón Tremosa.

Lo ha titulado Catalonia’s time has come — and Spain needs to get out of the way. Lo que sucedió a continuación te sorprenderá.

On Friday, President Carles Puigdemont, the democratically elected leader of Catalonia,

Carles Puigdemont se presentó a las elecciones como número 3 por su provincia. Quien de veras se presentaba como “líder” era otro. Por qué el número 3 por su provincia acabó siendo Presidente, esa es otra historia. Y otra diferente es por qué Aleix identifica al número 3 por su provincia como “elected leader of Catalonia”: propaganda.

announced the date of a referendum on independence. On Oct. 1, the people of Catalonia will have the chance to decide whether they wish to become citizens of a new European state.

Las matizaciones a veces pueden ser importantes para contextualizar bien a qué se refiere cada cuál con según qué. El anuncio que alude es el de un referéndum de independencia unilateral. No consensuado ni con la oposición, ni planteado a una fecha lo bastante lejana para permitir un debate igualado o equivalente.

Y luego están esas maravillosas trampas semánticas que lo mismo sirven para enunciar una verdad como ocultar una mentira. Aplaudo con letras fuertes este par de perlas: decide wether they wish to become es todo un circunloquio entretenido para llegar a la conclusión de que todo se basa en expresar deseos de ser algo. Como por ejemplo, ser feliz o citizens of a new European state. Un nuevo estado geográficamente en Europa. Aleix se guarda muy mucho de asegurar que, mágicamente, eso les convertirá en un nuevo estado de la Unión Europea. No le hace falta. El convencido ya sabrá leer entre líneas.

If they vote “yes,” Puigdemont has vowed to move forward to statehood, including launching negotiations to redefine Catalonia’s relations with the European Union and the international community.

Este if they es tan etéreo que puede valer cualquier cifra, por supuesto. Aleix deja claras dos cosas: la primera, que no se siente incluido en ese demos que votará; la segunda, que no importa si son mayoría. Tan sólo necesita que they vote “yes”.

Olvidemos las promesas incumplidas, los dieciocho meses anteriores, las pantallas pasadas, la cantidad de veces que juraron que esta vez sí. Puigdemont ha jurado [vowed] que avanzará hacia la estatalidad [statehood], lo que quiera que signifique eso en su neolengua. Y que sólo necesita que le voten yes algunos. Pero en cualquier caso, esa realidad distinta incluye negociaciones para redefinir las relaciones de la Comunidad catalana con la Unión Europea y la comunidad internacional. Redefinir las relaciones. De nuevo, palabras sin contenido comprometedor. Meras proclamas que parecen más voluntad que certeza.

Esto lo han publicado en el Washington Post. Y éstos lo han colgado tal cual.

Spanish officials have reacted only with threats.

Aleix utilizó Google Translate en esta frase.

If the referendum is held, the government in Madrid has already threatened to retaliate by suspending the autonomy that Catalonia enjoys.

Más Google Translate y Aleix añade la coletilla de la suspensión de la autonomía como un castigo, una venganza [retaliation]. Un mecanismo constitucional vigente, legal y que existe en muchas otras legislaciones, pero ya saben: aplicar una ley es escandaloso y un castigo y una venganza. Bienvenidos al sometimiento de las leyes, majos.

The fact that 80 percent of the citizens of Catalonia, as well as a majority of the members of the Catalan Parliament, have declared their approval of the referendum apparently means nothing to Prime Minister Mariano Rajoy and the Spanish political establishment.

No, Aleix, no significa nada. Means nothing at all. No hay consenso en ese 80% sobre cómo hacer un referéndum. Unos lo quieren pactado a la quebequesa, otros no quieren referéndum sino directamente declaración de independencia. Y algunos quieren este ni chicha ni limoná que os habéis sacado de la chistera. Ni siquiera es una cifra estable -sólo en vuestros discursos y proclamas- y esa mayoría de los miembros del parlamento son una mayoría que no alcanza para hacer reformas estructurales internas.

Por eso no significa nada. At all. Porque es (más) palabrería.

They live in democratic denial.

Me tienes confundido, Aleix. Creí que habíamos quedado ya en que el Estado no era demócrata y es autoritario, que no os quieren y que os persiguen y os censuran. ¿Y ahora me dices que vosotros vivís en negación democrática? Quiero decir, te doy la razón. Creéis que sois mayoría y no lo sois, os llamáis nación milenaria, os blasonáis con héroes de todas partes que bautizáis catalanes, reescribís la Historia para ajustarla a vuestra ideología, queréis imponer vuestra visión a todos los demás por la vía del golpe de estado, queréis que nadie os discuta ni os cuestione ni tampoco os acuse si delinquís o incumplís la ley porque pretendéis hacer lo que os apetezca. A lo mejor querías decir otra cosa, pero así queda mucho mejor.

On 18 separate occasions, the Spanish legislature has refused to allow a referendum or other moves that might accommodate Catalan demands.

Eso, Aleix, machaca ahí. Que en el panfleto de Diplocat que enlazas no aparezcan listados y referenciados los famosos 18 noes no quiere decir que no debas repetir el mantra de Esquerra Republicana (quién te ha visto y quién te ve). Y puesto que vives de la política -y espero que lo bastante bien como para haber ahorrado para cuando te quedes sin trabajo- quizá puedas recordar al respetable que una demand suele venir acompañada de una offer. Aunque, claro, eres catalanista. Sólo sabes pedir.

Consider how differently London reacted to Scots’ desires for a referendum of their own.

Teniendo en cuenta que Escocia es una entidad diferente de Inglaterra, con quien forma una Unión de Reinos que se llama Reino Unido, la reacción de Londres es diferente porque son diferentes. No tanto como tú, Aleix, pero es que no todos pueden ser catalanistas.

The British and Scottish governments talked out their differences, and in 2012 they finally reached the Edinburgh Agreement, which set out the conditions according to which a referendum would take place. No confrontations were needed. The vote took place, and the pro-union side won the day thanks to the strength of its arguments (as well as the fear of uncertainty).

Aleix, que te lías. Que estás dejando claro que fue un referéndum pactado, con dos años de antelación y con las reglas del juego establecidas por ambos. Pues sí que fue una reacción diferente, la escocesa. Y ellos no se andaban con juegos de dobles nacionalidades ni comisiones venecianas ni expulsiones de ciudadanos, ¿dónde te has metido, Aleix?

Over the past five years, by contrast, Madrid has reacted to Catalonia’s entreaties with arrests, threats and intimidation.

Arrestos, amenazas e intimidaciones.

We were aware of Spain’s flaws, of course, but it was still possible to believe that the country was moving toward Western European democratic standards. That assumption is now very much in doubt.

Pero Aleix, es que no somos una democracia occidental. Somos de tonalidades africanas, ya lo decía Juliana. Los estándares democráticos occidentales son cosa vuestra, ya lo sabemos: saltarse las leyes que no interesan, proclamar la desobediencia, plantear golpes de estado, silenciar a la oposición y amenazarles con represalias futuras.

Spain’s responses to the referendum campaign have shown that its judiciary and police apparatus are still directly controlled by the government and bend to its will if needed.

En confianza, Aleix. Usa otro traductor, o mejor, intenta no trasponer discursos. Creo interpretar que hablas de control judicial y policial, ¿te refieres a lo que anunciaba Santiago Vidal? ¿O a lo que dijo el “electo democráticamente” Carles en su última entrevista? Es verdad, es gravísimo.

Instead of seeking compromise as London did with Scotland, Madrid has abandoned any attempt to persuade the Catalans to remain Spanish.

Ah, la persuasión. El convencer y seducir, el hacer una oferta que no se pueda rechazar. ¿Te cuento un secreto, Aleix? Madrid podría persuadir a Barcelona. Mañana mismo. Pero no lo necesita y, si es inteligente, no lo hará. El catalanismo no tiene consistencia, no tiene razones sólidas ni cuenta con apoyos veraces y de peso. Con cada nueva intervención degradáis el movimiento. Os ha ido abandonando la gente válida y os quedan los que viven del invento, los diletantes y los que os sobrevuelan para quedarse con vuestros puestos. Suele no ser buena idea recompensar actitudes como ésta.

On the contrary, Madrid is searching for ways to force the Catalan people to remain in Spain — if need be, against their will.

Qué crueldad, Aleix, secuestrar a millones de personas. Estoy seguro de que este renglón será tomado muy en serio en Washington y nos invadirán para liberaros.

Elpidio Silva, a former Spanish judge testifying to the Catalan Parliament a few weeks ago, put it in terms that many Catalans would agree with: “Spain is behaving like an authoritarian regime.”

Elpidio Silva. En serio.

Madrid has brought many local officials to trial for favoring independence.

Lo gracioso, Aleix, es que hayas escrito esta frase y no seas consciente de lo que significa.

This year, a court banned the former president of Catalonia from holding public office for two years. His offense? Helping to organize a symbolic independence referendum in 2014 in which 2.3 million Catalans took part.

Todo el mundo sabía que los catalanistas se harían las víctimas de sus propios delitos, pero no imaginábamos que seríais capaces de hacer el ridículo también en el extranjero. Aleix, por favor.

Es conmovedor que el 9N ahora se llame “symbolic”, ¿lo sabían los 2.3 millones que votaron? ¿Que participaban en un juego simbólico? ¿Pagasteis dinero para organizar y promocionar un símbolo?

Catalan discontent has much to do with the recent scandal dubbed “Operation Catalonia.”

Risas aparte, Aleix, que el Catalan discontent no se mueve un milímetro sin organizarse desde los mecanismos habituales. Que a algún washingtoniano le podrás vender la moto, pero aquí nos conocemos todos ya. Y no se ha movido nadie, colega. Sólo los implicados. Gordó, para más señas.

One year ago, journalists revealed that the Spanish police were conducting a covert operation to smear Catalan pro-independence politicians.

Y fue un trabajo fantástico, Aleix. Aplaude conmigo. Es una lástima que los catalanistas paguen tantas subvenciones a periódicos que no sirven para hacer el mismo tipo de trabajo. Porque ya sabes qué periodistas destaparon el tema y de dónde venían, ¿no?

Their newspaper published the text and audio of a conversation in which Jorge Fernández Díaz, who served as Spain’s interior minister between 2011 and 2016, discussed a dirty-tricks campaign to discredit the referendum movement. He spoke of manipulating prosecutors, collecting false information about Catalan leaders, and generally using the Spanish police and the judiciary system to undermine the Catalan independence process — all this in tacit cooperation with Madrid-based newspapers.

¿Recuerdas qué pasó entonces, Aleix? Que hubo una Comisión de Investigación en el Congreso. Todo el mundo tuvo la oportunidad de pedir explicaciones y hubo ceses y dimisiones. Es decir, hubo un castigo, una retaliation. Pero esto no es una democracia y tal. Acusan y juzgan a otros porque cual.

Y ya que estás, aprovecha para desdeñar los casos de corrupción sacados últimamente como fake news, que eso vende mucho y está de moda.

Lo mejor es la puntillita esa de acusar a los Madrid-based newspapers de “cooperación tácita”. Menos los que publican cosas de la Operación. Y los que equidistan con peticiones de cesiones y negociaciones. Pero todos a la vez, amigo, ya sabes de qué manera.

Rajoy, the prime minister, appears to have been fully informed. According to a report by the newspaper Público, the campaign was coordinated by his chief of staff, Jorge Moragas. (Needless to say, Rajoy and his colleagues have strenuously denied any involvement in the case.)

Pero tú que eres listo y has estudiao sabes la verdad, Aleix. Y por eso la escribes en un artículo en el Post, por si alguien más se da cuenta. El problema es que hay tanta gente con ganas de echar a Rajoy (hoy mismo, por ejemplo) que parece mentira que todavía nadie haya podido probar este escándalo. Quizá es que no haya escándalo. Dale una pensada.

Operation Catalonia succeeded in spreading disinformation to the press and the public. In 2014, the newspaper El Mundo accused Xavier Trias, the pro-independence mayor of Barcelona, of having a bank account in Switzerland. Just a few days later, the bank in question declared that the information was false, but the story still poisoned the political climate enough that Trias’s opponent was able to win the mayoral election a few months later in May 2015 with the help of this bit of fake news. In time since then, Spain’s public prosecutors have done nothing to punish the people who participated in this campaign against elected politicians. There is a growing conviction in Barcelona that Spain looks less like a democracy than a state still mired in the legacy of Franco-style authoritarianism.

Reductio ad Francorum. Ya tardabas, pillastre.

In the coming weeks and months, Spain must decide if it wants to act like a mature and liberal European state or one that continues to hold the sacred unity of the state higher than the rule of law and democracy.

Más de lo mismo. Que lo tuyo te parezca impecable puedo llegar a comprenderlo, Aleix. A fin de cuentas no te vas a reconocer como algo que pudiera pasar por negativo. Pero haznos un favor y trata de no hacernos creer que los demás deberíamos ser como tú, amigo. Que no eres ningún ejemplo a seguir.

The European Union and the world cannot ignore these failures of the rule of law in Spain. Like Scotland, Catalonia is a pro-European nation. The Catalan referendum offers an opportunity for Europe to make clear to the world that, in the 21st century, votes are more important than old borders created through wars or royal marriages.

De hecho, no lo hacen. Por eso tienes que molestarte en traducir un mitin al inglés y mandarlo al Washington Post. No sé si te has dado una vuelta últimamente por la opinión internacional.

Quizá es que estás un poco out of the way.

El manifiesto que leyó Josep Guardiola

Desgrano el contenido del manifiesto, sacado de una fuente partidaria. Lo leyó Josep Guardiola, ilustre ex-jugador y entrenador. Un vocinglero que difunde la palabra y que es cáscara vacía con altavoz, pura pose diletante y spleen ávido de épicas que no verá, absoluto oportunismo de quien tiene la vida resuelta y les pide a otros que arriesguen las suyas. Nunca me cayó bien. Ni como jugador ni mucho menos como entrenador.

Dicho esto. Como a todo deportista profesional -como a cualquier persona, de hecho-, no se le exige un compromiso diferente que a lo que le da de comer ni tiene por qué dar explicaciones de sus ideas o sus ideales. Guardiola puede ser todo lo independentista que desee ser. Puede hacer declaraciones estrambóticas que a otros les parezcan muy cabales y aplaudirlas, dar la callada en otros aspectos que podrían resultar más polémicos (o no hacerlo) y mantener esa impresión como de estar hecho a base de retales ficticios en los que no hay detrás sino nada. Puede desear ser utilizado por el secesionismo -aunque dé vergüenza ajena en ocasiones– o incluso encabezar sus causas si le da por ello, y sin que eso suponga una especial inquina por haber jugado casi cincuenta veces con la selección española. Allá él. Como ciudadano libre de un país libre, tiene derecho a todo esto.

Sólo que él declara no ser un ciudadano libre ni proceder de un país libre.

‘La única respuesta posible: votar’

El título ya chirría. En los últimos tiempos asistimos y consentimos con demasiada facilidad el solipsismo “único”. Es fascinante esa querencia por hablar de únicas soluciones, únicas respuestas, únicas salidas. Da igual que haya cientos de matices, decenas de posibles interpretaciones o infinidad de opciones diversas, opinadores aficionados y de alquier por igual transcriben “único” queriendo decir “por mis cojones”. Cuando el cojonismo alcanza niveles de este calibre, uno termina por preguntarse dónde queda el límite y de qué sirven las palabras, si el significado que se les da es el de simples muletillas con los que continuar una frase. Pero respuesta única, dicen.

Votar. Es el mantra preferido, un hito en el camino, una verdad indiscutible e inmarcesible. Cómo vamos a oponernos a votar. En qué cabeza cabría impedir la posibilidad de voto, la expresión de la voluntad individual en un demos colectivo. En España hay miedo a votar, dicen. Porque no participamos -votando a toda clase de partidos- en el juego democrático en 4 niveles (local, autonómico, estatal y europeo). O sí, pero no importa. Tampoco podemos saltarnos la dialéctica de partidos y proponer Iniciativas Legislativas Populares para que sean debatidas y sometidas al juego de mayorías para crear leyes. O sí, pero es irrelevante. Porque al catalanismo ni le interesa el voto (que no tiene) ni plantear iniciativas (que no ganaría). Quiere la influencia que no se merece. Pretende el reconocimiento de sus delirios sin réplica.

Hoy estamos aquí para dejar bien claro que el próximo 1 de octubre votaremos en un referéndum para decidir nuestro futuro. Votaremos aunque el Estado español no lo quiera.

Para dejar bien claro. Esta vez sí. No como las veces anteriores. Esas eran de prueba. El referéndum para decidir su futuro lo hacen cada cuatro años, aproximadamente, pero el catalanismo no se refiere a eso. Se refiere a ejercer un derecho de autodeterminación que no tienen, a dictar una secesión que no pueden declarar, a establecer unas fronteras que no sabrían dónde empezar a construir. Por eso el Estado español no quiere. Porque no hay ninguna garantía, ni reglas de juego, ni condiciones previas, ni baremos para medir resultados, ni nada. Tan sólo lo mismo de siempre, parole.

Ni siquiera menciono la Constitución y sus costuras. Es innecesario, puesto que aun en el supuesto de que autorizara un referéndum de secesión, no sería al modo en que pretenden realizarlo los catalanistas. Pero esto no les interesa.

Lo hemos intentado acordar este referéndum hasta 18 veces y la respuesta siempre ha sido No, ignorando el apoyo del 80% de la población y despreciando la rotunda mayoría con lq que cuenta al Parlament. No tenemos otra salida. La única respuesta es votar.

Errores sintácticos y gramaticales aparte, que evidencian que no son capaces ni de redactar una declaración solemne como es debido, el catalanismo se aferra a “intentos” por “acordar” un “referéndum” hasta “18 veces”. En el lenguaje catalanista, “intentos por acordar” se entiende como el forzar al otro a aceptar sus premisas y condiciones, la fecha y la pregunta y las respuestas y el quórum y cualquier mínimo detalle. Cualquier cosa diferente a una adhesión fue vista como un “No”. Lo de las dieciocho veces -escrito en numeral- es un adagio de Esquerra Republicana que nadie se ha molestado en corroborar, aunque muchos medios lo publicaron con alegría. Porque así es como se impone un discurso.

El Estado ignora el apoyo del 80% de la población. De los cuales el 40% es declaradamente secesionista. Esos son muchos, gustan de decir los melindrosos. Son muchos, aunque menos de los que quisieran. Y es un problema, efectivamente. Pero no para el pretendido Estado autoritario, que ni gasta energías en alentarlos ni dinero en mantenerlos, sino para quienes ese porcentaje de voluntariosos siguen sin ser suficientes para pasar de “muchos” a “mayoría”, cuanto más cualificada, más definitiva. Por eso en el texto han incluido a aquellos que aceptarían votar un referéndum en condiciones legales y pactadas, cosa que ni está sucediendo ni pretenden que suceda. Por lo que nadie está ignorando al 80% de la población, sino en todo caso a la minoría que quiere hacer las cosas a su modo y manera. Pero eso no queda igual de bien, claro.

La “rotunda mayoría” se refiere a esos 72 escaños de 135 con que cuenta el irredentismo a día de hoy. Mayoría absoluta, sí. Insuficiente hasta para cambiar sus reglas internas, también. Pero rotunda, ya saben, al modo catalanista de contarse.

Y por eso no tienen otra salida. Porque no pueden admitir la derrota, que no son suficientes, que no llegan, que se quedaron cortos, que no pueden convencer a más. Que se quedaron por el camino y algunos pagarán un precio muy alto haberse subido a este carro. Por eso su única respuesta es “votar”. Provocar esa reacción del Estado que no llega, los tanques, la agresión, el choque de trenes. El impulso final que por sí mismos no pueden conseguir.

Los catalanes hoy somos víctimas de un Estado que ha puesto en marcha una persecución política impropia de una democracia en la Europa del siglo XXI.

“Víctima” es la palabra nuclear de todo este sinsentido de texto. Y esta frase añade más sinsentidos porque:

  • Incluye a todos “los catalanes” en el victimario. Incluso los que no son independentistas. Incluso los que son miembros de ese Estado persecutor.
  • Llama “persecución política” a la discrepancia y a castigar (con deliberada mesura) al que comete delitos, sin importar origen ni condición.
  • Cataloga como “impropia de una democracia en la Europa del siglo XXI” un Estado de Derecho garantista y sometido a tribunales superiores, tanto europeos como internacionales. Que no se han pronunciado en ningún caso alertando de esa impropiedad o mostrando preocupación por una posible deriva impropia. Nada.

Un ministro del Interior que conspira para destruir la sanidad, unidades de policía política que elaboran pruebas falsas contra nuestros gobernantes, inhabilitación y persecución judicial contra el presidente de la Generalitat para poner las urnas.

Un ministro del Interior -catalán- que conspira (¡conspira!) “para destruir la [S]anidad”. Cómo se les queda el cuerpo. La Ministra de Sanidad -también catalana- seguro que se ha vuelto también independentista. Si tienen interés en saber a qué se refería el ventrílocuo de Guardiola cuando dijo estas palabras, aquí podrán entreverlo. El autor, que lleva años persiguiendo el tema, es de Podemos.

La policía política que elabora pruebas falsas contra sus gobernantes. Porque por qué no. Ninguno ha robado dinero ni ha cobrado comisiones ni se ha quedado con lo que no le corresponde. No ha existido nepotismo, ni cochecho, ni tráfico de influencias, ni prevaricación ni amaño de contratos ni falsificación de cuentas ni financiación ilegal ni enriquecimiento ilícito ni alzamiento de bienes. No hay ni ha habido corrupción, todo es una elaboración de la policía política del Estado.

Todos conocemos los intentos para acabar con el modelo de escuela catalana, pilar de la cohesión social. Y del bloqueo de las inversiones en nuestras infraestructuras, como los puertos, el aeropuerto o los trenes…

Ah, el modelo de éxito y la cohesión social. Significantes vacíos que este mismo texto tan mal construido y escrito confirma como tales. Un modelo tan de éxito que no tiene réplica en ningún lugar del mundo. Que nadie se pregunte cómo es posible. Olvidemos los informes de la UNESCO y cualquier argumento racional. Ideología, ideología, ideología. Esa es la única cohesión social que quieren y pretenden.

También incluyen un bloqueo de inversiones en “nuestras infraestructuras”. Llevan cinco años diciendo que se van y quieren irse y al mismo tiempo que les paguemos la fiesta. Que les construyamos un corredor mediterráneo y ampliemos terminales. Pero es que además es falso. Un Gobierno no puede bloquear inversiones sin cometer un delito. Eso sería prevaricar, y el lugar idóneo para denunciarlo es el Juzgado, no un mitin. A menos que no sea cierto. Pero esto tampoco se lo pregunta nadie.

Hoy el Estado español persigue incluso el debate político. Una amenaza extensible a todos los demócratas: al Govern, al Parlament, a su presidencia y a su mesa. Incluso, a la función pública y a nuestros empresarios que se ven presionados por la fiscalía y la policía judicial. Es inédito y democráticamente insostenible.

“El Estado persigue el debate político”. Inaudito. Aparentemente no existen medios de comunicación (nada subvencionados; igual que los del Estado), partidos políticos ni grupos de presión (tampoco subvencionados) en la Comunidad catalana que planteen ideas independentistas sin que el Estado les persiga o les censure. Debe de haber muchas sentencias judiciales en las bases de datos detallando esas persecuciones y censuras.

Y esa es una amenaza “extensible a todos los demócratas”. Pero acota ese “todos” al gobierno autonómico, el parlamento autonómico, la presidencia autonómica y la mesa autonómica. Desconozco qué somos todos los demás. Por exclusión, tal vez no demócratas. Es lo que ocurre cuando no sabes escribir.

Por supuesto, el Estado amenaza a la función pública. Santiago Vidal era EstadoLluis Llach es Estado. Ellos no lo sabían, claro, pero lo son en tanto representantes del Estado como parlamentarios por Cataluña. Por eso el manifiesto se hace eco de estas amenazas.

“Sus” empresarios se ven presionados por la [F]iscalía y la policía judicial. Pregúntense a cuento de qué va una Fiscalía a “presionar” a unos empresarios cualesquiera, y qué posibilidad de intervención podría tener una policía judicial en ello. Como es una denuncia al aire, no tengo datos concretos que valorar. Hago una búsqueda genérica. Los resultados son descorazonadores. Aparentemente, es “inédito y democráticamente insostenible” que una Fiscalía investigue como colaboradores de un delito de prevaricación a empresas proveedoras de servicios que sabían que estaban colaborando en la comisión de un delito de prevaricación. Es, sin duda, inédito en el mundo.

Este escándalo político solamente se revierte con más democracia. Por eso pedimos a la comunidad internacional que nos ayude. Apelamos a todos los demócratas de Europa y del mundo a hacernos lado en la defensa de los derechos hoy amenazados en Catalunya como el derecho a la libertad de expresión política y el derecho al voto. A hacer frente a los abusos de un estado autoritario.

El mundo les mira, decían. Pero no lo suficiente como para advertir el “escándalo político” que es mantener la seguridad jurídica y la integridad de un Estado. Sin duda, no tardarán esos “todos los demócratas de Europa y del mundo” que no son el Estado español a “hacerse lado” [catalanada sin traducción, similar a apoyar] esa defensa de esos derechos amenazados. Porque recuerden, señores de Europa y del mundo, que los catalanes no tienen derecho a expresarse ni tampoco tienen derecho al voto. Se los arrebatamos, fieles a la tradición de abusos de un “[E]stado autoritario”, sin que nadie se diera cuenta y a pesar de estar bien vigilados desde Bruselas, Estrasburgo, La Haya y Lausana.

Los catalanes votaremos este 1 de octubre, y cuando el Govern de Catalunya cumpla con el mandato democrático no estará solo.

En otro momento, quizá, hable de esa enfermiza obsesión por solemnizar los nombres de las instituciones catalanas en catalán cuando se expresan en castellano. Ideología de nuevo que algunos medios ya recogían de siempre y otros empiezan a adquirir.

Acerca del significante vacío “mandato democrático” otros mejores que yo han escrito largo y tendido sobre el asunto y no añadiré más.

Además, de la mayoría democrática del Parlament, el Govern tiene que saber que todos y cada uno de nosotros estaremos en su lado.

Una falta de puntuación seguida de una gramatical y dos semánticas. No está mal para quienes se dicen que el castellano se aprende muy bien por la tele. Y estos son los adultos. Cómo lo harán los niños.

Ahora que la voz de la democracia quiere ser secuestrada, más que nunca acudiremos a las urnas y defenderemos con todas nuestras fuerzas la democracia y nuestros representantes. Estamos comprometidos. ¡No fallaremos!

Falacias victimistas al margen, sin las que no sabrían mantener este invento más allá del supremacismo y el etnicismo que tan mala prensa tienen, hay algo seguro. Ellos no fallarán, no me cabe duda. Muchos modos de vida dependen de ello y con el dinero no se juega. Lo que fallará, y serán ellos mismos quienes lo vean cuando toque, es el suelo argumental que pisan y el entramado que lo sostenía.

Porque este discurso lo leyó Josep Guardiola.